“El desafío es caminar con compañeras

y desterrar el machismo”

por Maia Kiszkiewicz

Mirada fija a la cámara. Postura firme. En Rocío Araujo no hay lugar para dudas. O, por lo menos, no lo hay en la perspectiva social con la que elige sus canciones. Eso se ve en la tapa de su nuevo disco, “Coraje”. Labios violetas. Campera violeta. Y el bandoneón abierto atrayendo una energía eléctrica, también violeta, proveniente de algún otro espacio o tiempo. Quizás de ahí venga la potencia que irradia cuando interpreta.

Porque Rocío Araujo, cantora, bandoneonista, autora, actriz y docente, tiene 20 años y canta con una fuerza que la supera en edad. Esto no quiere decir que alguien de 20 años no pueda expresarse sobre temas políticos. De hecho, Rocío deja claro que es más que posible. Lo que quiere decir es que sus canciones tienen una fuerza histórica de luchas que se acumularon por años. Ejemplo de esto es el pedido de cuidado y libertad para las mujeres y el reclamo para que las voces de quienes habitan Latinoamérica sean escuchadas, ya que traen historias como la de “Canción para un niño en la calle”, basada en un poema de Armando Tejada Gómez, popularizada por Mercedes Sosa, reinterpretada por Rocío Araujo y vigente después de más de 5 décadas.

Esta artista hace folclore desde que es chica y, para ella, la música siempre fue un juego. “Después, de grande, empecé a tomar conciencia de determinadas cuestiones porque considero que tengo un lugar valioso y lo llevo con responsabilidad. Yo quiero, y puedo, transmitir mis ideales y mis convicciones hacia la sociedad”, dice Rocío Araujo en comunicación con Periódico VAS.


Hubo una etapa en la adolescencia en la que dejaste el folclore e hiciste rock, ¿cómo fue eso?

Entre los 10 y los 12 años. Estaba en 5to grado de primaria y sentía que en el colegio era gracioso que hiciera música popular argentina. Había una idea de que era algo de viejos. Era lo feo y aburrido. En ese momento se consumía reggaetón, cumbia, pop. Y yo no sólo hacía lo que no se escuchaba, sino que también tocaba el bandoneón.

Entonces empecé a sentirme sapo de otro pozo y dije: “Si mis compañeros sienten eso y no me van a ver cuando canto o no les interesa lo que hago, voy a ir yo a ellos”. Ahí dejé el tango y el folclore y me armé una banda de rock pop. Como era de esperarse, mis compañeros empezaron a ir a verme a los shows. Los llevaban los padres. Cambió completamente la historia. Si hubiese seguido cantando tango, lamentablemente eso no iba a suceder.

No sé si “La positiva” hace particular referencia a este momento de tu pasado, pero me remite a esa parte de tu historia.

No habla puntualmente de eso, pero sí de esas veces en las que en el camino me encuentro piedras y tropiezo. Algunas son chicas, otras más grandes, pero lo importante es seguir siempre adelante para crecer. Con eso tiene que ver “La positiva”.

“No soy de guardar

odio ni rencor

y no sé callar

injusticias ni desprecios.

De caerme aprendí

a levantarme bailando

y si les cae mal

ramita de ruda macho”

(“La positiva”)

Vos, como mujer y como artista que comenzó muy joven, ¿sentiste esas piedras en el camino dentro del entorno de la música?

Las dificultades, existen. La mala leche, existe. Los comentarios ultra machistas, existen. El que te hagan sentir que sos mujer y no podés tocar el bandoneón, existe. Muchas veces se presentan dificultades. Pero una tiene que saber sobreponerse. Lo importante es el coraje y la convicción. Eso es lo que puede hacer que una trascienda no sólo en un sentido artístico, sino también en uno emocional y espiritual.

En este último tiempo hubo un gran avance del feminismo, ¿cómo influyó en el ámbito del folclore?

Viene muy bien. Yo sentí un cambio muy tremendo en la conciencia. Sobre todo en cuanto a letras. Muchas veces hay personas que cantan una canción por la melodía pero no se dan cuenta del contenido, y hay cosas que no se deben reproducir más en los escenarios porque ponen a la mujer en el rol de dominadas. Algo que ya no es bien visto en la sociedad.

Hace dos años, por ejemplo, estuve en Cosquín en una juntada en la que analizamos letras de zambas y chacareras clásicas. Fue buenísimo porque hablamos cosas como que hay grandes autores, escritores o compositores del cancionero argentino que no hay que cantar más. No se le puede dar entidad a ese tipo de personas que son violentas o acosadoras.

Y también salieron temas que son muy populares en el cancionero argentino y que, al debatirlos, decidimos dejarlos de lado. Un ejemplo de eso es la Chacarera del kakuy, que se basa en una leyenda recontra machista que habla de un hermano y una hermana que vivían juntos y él, cuando volvía de trabajar, quería tener agua y comida lista. Pero ella en un momento no lo hizo y él se enojó. Entonces, para castigarla, él la ató a un árbol.

De esta historia se hizo una chacarera de las más populares en el cancionero folclórico argentino y, la verdad, hace mucho que no la escucho cantar ni sonar. Entonces me doy cuenta que el feminismo está poniendo pie fuerte a estos asuntos y me parece que está perfecto. La lucha feminista también camina por esos lados y yo realmente lo celebro mucho.

Vos tenés un repertorio, sobre todo en el disco anterior, de reversiones de temas que son conocidos como “La Villerita” o “Zamba de carnaval”, ¿cómo fue esa selección de temas a hacer?

Tuvo que ver con reivindicar todo lo que es necesario en este momento del mundo y, puntualmente, de Argentina. Hoy es elemental que la música popular y los artistas salgan a cantar y a denunciar temas como la prostitución infantil, como el que retrata “La villerita”, o “El grito (ni una menos)”. Son cosas que tienen que ver con la actualidad de esta sociedad argentina y me parecen importantes.

Un tema coyunturalmente importante es la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, ¿qué posición tenés respecto de esto?

Considero que la mujer tiene el poder de decidir sobre su cuerpo, por lo que espero que sea ley. Me he peleado y he discutido muchísimo estos días. Creo que llegar al punto de que la mujer tome la decisión de abortar no es nada fácil y no va a suceder que vayan a hacerlo como a comprar caramelos, como se dijo mucho. Pero, en definitiva, lo que se discute no es aborto sí o aborto no. La discusión es que sea legal o clandestino. Y la legalidad contribuye a que muchas mujeres dejen de morir.

Hay personas de un nivel social altísimo que quedan embarazadas teniendo acceso a toda la información sobre cómo prevenir o cuidarse y, cuando no quieren tenerlo, tienen la plata para ir a una clínica privada a sacarse la vergüenza de la panza, como dijo Favaloro. Después se van a sus casas tranquilas. En cambio, si esto le sucede a alguien de bajos recursos que no puede acceder a la educación o a los métodos anticonceptivos, va a caer en la clandestinidad y puede pasar que le metan una percha para hacer el aborto y la maten. Entonces, esto es lo que se discute: la igualdad entre sociedades.

 

“Latinoamérica S.O.S.

Levántate, es urgente.

Asesinan mujeres y se hacen indiferentes.

Hagamos que esto sea diferente,

No hay gobierno que haga frente

Ante un pueblo que se defiende

No hay quien ande sin caminos,

ni quien lucha sin batallas.

No hay quien ame sin pasiones,

ni que sueñe sin mañana”.

(La voz del pueblo)

¿Cuál es tu camino y cuál tu batalla?

Mi camino es la música y mi batalla es todo tipo de adversidad que se cruce en ese camino musical que es complejo y hermoso.

¿Qué desafíos creés que tenés por delante como mujer y artista?

Seguir luchando. Seguir acompañando. Seguir caminando codo a codo con compañeras y desterrar el machismo de este país. Eso es lo que me propongo como mujer y como artista. Hace poco salió el video de “Si te vas”, una de las canciones de “Coraje”. Está disponible en YouTube. Entonces, seguir llevando mi mensaje por el país y por el mundo. Seguir componiendo, dando mensajes, disfrutar y amar lo que hago como fue de niña, como es hoy y ojalá que sea por siempre.

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