El escritor de Aranjuez

Detrás de la pluma y la voz de Ricardo Lorenzo perdura una historia de amor y resistencia. Junto a su compañero de vida, Héctor Anabitarte, enfrentó los desafíos del exilio, la persecución política y la discriminación por ser homosexual con coraje y determinación, durante la dictadura en Argentina y el fin del Franquismo en España. La unión con su compañero de vida, no solo ha sido un testimonio de amor y militancia, sino también una fuente de inspiración para aquellos que luchan por un mundo más justo y equitativo.

por Miranda Carrete

La ciudad de los poetas
La historia de Aranjuez se entrelaza con las voces de cientos de escritorxs, poetas, políticxs y artistas que, a lo largo de los siglos, han exaltado la belleza de sus paisajes y la riqueza de su patrimonio. A simple vista, la majestuosidad de sus frondosos jardines y las imponentes construcciones reales y coloniales nos sumergen en su encanto atemporal. Sin embargo, lo que irrumpe en este escenario con su magnética presencia es el río Tajo, un torrente verde, denso y poderoso que atraviesa la ciudad con una fuerza primigenia.

Entre aquellos que se han dejado seducir por la magia del Tajo y el encanto de Aranjuez, se encuentra Ricardo Lorenzo, un escritor que plasmo su amor por esta tierra en su obra «AranjueZ (de la A a la Z): Pasaron por aquí», donde recopila las vivencias de aquellos que dejaron su huella en este pueblo situado a 50 kilómetros de Madrid, donde se conservan los exuberantes jardines reales del siglo XV y XVI, así como los vestigios de una ciudad obrera, con sus casas bajas moldeadas por los cauces del Tajo, el río más largo de la Península Ibérica, y su principal afluente, el Jarama.

Ricardo, lleva 24 años en esta ciudad, asegura que nunca vivió tanto tiempo en un lugar, excepto en Argentina, donde nació, se crió e hizo sus primeros pasos en la militancia de izquierda, homosexual y vivió de manera clandestina. Algo en este pueblo los enamoró y llegaron para quedarse. El plural incluye a su marido, compañero de vida, amigo, cómplice, colega Héctor Anarbitante, uno de los fundadores de Nuestro Mundo, la primera agrupación homosexual argentina, y responsable de la creación del Frente de Liberación Homosexual.

Ricardo es escritor, guionista, abogado, exiliado, extranjero en todos lados. “A veces me dicen: no te da miedo perder las raíces y yo siempre respondo que no soy un árbol, no tengo raíces. Voy de un lado para otro”. Es un enamorado de Cervantes, también de Héctor. Camina despacio y constante mientras fuma. “Soy abogado, pero solo ejercí en Argentina, me fui con 26 años exiliado, desterrado”, dice mientras entramos a la Ciudad por una calle con plátanos que tienen más de 200 años. Su mirada es vivaz y sostenida, se desempeñó como escritor de revistas, artículos, libros, una novela llamada Ituzaingo Ituzanigó, también de “Bienvenidos a Sodoma”, que saldrá en los próximos meses en Buenos Aires. Participó de ensayos junto a Héctor: “Homosexualidad, el asunto está caliente” (1978), le siguió “Sida, el asunto está que arde” (1987). Hizo biografías, obras de teatro, participó en gabinetes de prensa y programas de radio. Su recorrido periodístico superó las expectativas de un joven abogado que en 1977 tuvo que irse del país, porque estaba en riesgo su vida.
Hace ya 10 años que es “un jubiloso jubilado. La jubilación me libró de la condena aunque siempre sigo haciendo cosas”, dice divertido. “Escribir me salvó”, suma.

La vida de Ricardo está marcada por dos hechos históricos que dejaron heridas y dolores eternos en nuestro país: el bombardeo de 1955 y la dictadura cívico militar eclesiástica de 1976. Su padre era uno de los fundadores del partido justicialista, y tras ese 16 de junio de 1955 él y su madre estuvieron buscándolo durante tres días. La persecución, la búsqueda, el miedo a la muerte y la clandestinidad relacionada con la política, lo marcó desde niño. Más tarde, como militante del partido comunista, también como homosexual en momentos donde era mala palabra.

El exilio
“A mis 26 años comenzó eso que llamamos exilio, aunque considero que es un destierro, que era el castigo mayor que los griegos aplicaban, prefiero que me destierran a que me maten”, dice Ricardo sobre su exilio que tuvo varias etapas. Para él, el exilio marca tanto a las personas, que ya es difícil escaparse de esa palabra y todo lo que conlleva, lo define y lo fue transformando toda la vida. En 1976, le tocaba hacer el servicio militar y lo iban a trasladar al sur, pero se escapó. “Pedí salir de la fila para ir a comprar tabaco, y me subí al primer colectivo que encontré”, cuenta con orgullo de esa hazaña que lo salvó y que le costó vivir escondido hasta poder salir del país en barco. También es una historia de amor y amistades, una construcción de una familia elegida antes y después de cruzar el océano. “Cuando te vas, siempre pensás que vas a volver, que es solo un tiempo pero ese tiempo se va alargando y te das cuenta de que el exilio es una forma en la que empezás a vivir”, dice sobre su experiencia. El 16 de enero de 1977 huyeron a España en un barco llamado “Guglielmo Marconi”, llevaban solo 300 dólares, también el miedo de sentir a los milicos pisándoles los talones. Mientras tanto en Argentina muchos nombres dejaron de mencionarse en voz alta y muchos compañerxs perdieron la vida y aún siguen desaparecidxs.

El terror del viaje perduró durante toda la travesía. Cuando llegaron a España, recién terminaba la de Franco, por que había muerto hacía solo un año, pero el franquismo seguía vivo “había una ley de vagos y maleantes, que incluía a los homosexuales”. Para su sorpresa cuando llegaron al puerto de Barcelona no había orden de captura, sino la presencia de dos amigas que les esperaban para abrazarlos y recibirlos: Beba Eguía y Ana Jáuregui. Por el apoyo de esas mujeres, lograron evadir la actitud y los prejuicios homofóbicos arraigados en la tradicional izquierda argentina. “Ni bien llegamos empezamos a publicar en Triunfo, Informaciones, El Viejo Topo. Nos hicimos escuchar. La primera acción en la que participamos activamente fue al cumplirse un año del golpe, el 24 de marzo de 1977”. Aprovecharon el partido de la selección argentina de fútbol, montaron una pancarta que lograron sacar en televisión gracias a la complicidad de colegas españoles decía: “VIDELA ASESINO DEL PUEBLO ARGENTINO”. Una acción que provocó que la embajada argentina intentará hacerle la vida imposible a las personas exiliadas. Más adelante el rey de España anuncia que visitará la Argentina, es cuando Ricardo y Héctor publican una carta abierta en la que le decían al monarca que se preocupara por la suerte de los argentinos y españoles desaparecidos “la repercusión fue tan grande que determinó que tuviéramos que pedir refugio político”. Siempre estuvieron comprometidos y activos con todo lo que estaba pasando en Argentina, también se vincularon con los incipientes movimientos de liberación homosexual que empezaron a surgir en España, militamos en ellos tanto en Madrid como también en Barcelona, “asímismo cuando vivimos en Euskadi o posteriormente cuando apareció el SIDA creamos en Madrid el primer Comité Ciudadano Antisida y luego la Fundación antisida”. Sin embargo no se limitaron a esa militancia, y hoy forman parte también del Partido Socialista Obrero Español.

Cuando en Argentina se recupera la democracia, vuelve, pero a los meses retorna a España, triste y dolido por sentir, en muchos casos, el señalamiento por no haber estado durante la dictadura. “Lo primero que se siente es estar lejos de los amigos, porque es lo primero que desaparece”, sino como una contingencia que le tocó vivir, y le permitió sobrevivir. “Te acostumbras y aprendes, el exilio te quita la certeza”, sostiene. Ser homosexual, decirlo y vivirlo en esa época no era gratuito, en muchos casos la familia, las amistadas y muchxs compañerxs de militancia te hacían sentir en falta o te preferían lejos. Entonces recaía sobre él una doble persecusión, por ser marica y por ser milltiante político. Sobre este tema agrega “soy homosexual y lo primero que aprendemos es el exilio, hay que irse porque si no te hacen la vida imposible. Ahora tal vez no tanto, pero yo recuerdo que todos mis amigos en Buenos Aires venían de alguna provincia, se escapaban, así que tal es una segunda naturaleza”.

La familia elegida
Ricardo y Héctor se encontraron por primera vez en la casa de la feminista Sarita Torres. Él había ido con otro “chongo” con el que salía, pero Héctor lo encandiló «escucharlo contar anécdotas y observar su forma de expresarse fue suficiente para mí. Además era muy lindo. Antes de despedirnos, le pedí el número de teléfono de la agencia periodística donde trabajaba, y al día siguiente lo llamé», relata Ricardo. Desde entonces, su historia se entreteje en habitaciones diminutas, barrios porteños y conurbano, textos de Alejandra Pizarnik, cenas en la pizzería Banchero, reuniones, encuentros y, finalmente, el exilio. Como alguna vez dijo Lemebel, «No tengo amigos, tengo amores». Al hablar sobre su relación con Héctor, se percibe la profundidad de ese manifiesto sexual que el poeta chileno supo expresar. Hoy en día, son amigos, amantes, compañeros de vida; conviven, se cuidan mutuamente y están casados desde 2005, poco después de que se aprobara el matrimonio igualitario en España. «Durante el exilio hicimos muchos amigos y vivimos etapas muy significativas en Madrid y en el barrio de Malasaña, particularmente en la calle del Pez, y luego en Barcelona. Fueron años de militancia comprometida y fundacional», recuerda Ricardo. Posteriormente, vivieron una etapa difícil en Euskadi, específicamente en San Sebastián, donde ejercieron el periodismo en primera línea durante el conflicto del País Vasco.

La construcción de una red de cuidado y amistades, tanto en España como en Argentina fue fundamental para mantenerse conectados y activos a lo largo de los años. Una de sus amigas más cercanas fue Adelaida Gigli, ex esposa de David Viñas y madre de dos hijos desaparecidos, a quien acompañaron hasta sus últimos días. «Ella tenía una relación diferente con el exilio, desde el dolor pero no desde la nostalgia. Era provocativa, una persona inmensa, hermosa», recuerda Ricardo mientras paseamos por la costanera del Tajo. Sus memorias de Adelaida están llenas de admiración y afecto. Me recomienda conseguir la nueva biografía titulada «Adelaida», escrita por Adrián N. Bravi, quien fue su amigo y compañero en sus últimos años en Recanati. Un libro que ofrece un retrato apasionado y vívido de una de las figuras femeninas más sobresalientes de Argentina en el siglo pasado, como se describe en su contratapa.

«Recuerdo los difíciles tiempos que vivimos aquí al inicio de la epidemia del SIDA. He perdido amigos en aquel entonces. Una vez que morían, la familia aparecía y los dejaba en la calle, o les negaban visitas porque legalmente no eran reconocidos», rememora Ricardo sobre esos días en España. Esta es una de las razones por las que decidieron casarse con Héctor. «El matrimonio proporciona esa protección legal. Puedo defender mis derechos y, si algo me ocurriera mañana, mi jubilación quedaría en manos de Héctor, y nadie podría arrebatarnos lo que tenemos», explica. Por todas esas historias, y por su propia historia de vida es que no comprende la cantidad de gays que apoyan a la ultraderecha en el país “homosexuales de derecha, ¿cómo se come, eso de dónde viene?”, dice gracioso y luego afirma que es una situación muy compleja que se vive en España, personas de la comunidad votando a la ultraderecha muy cercana al Vox “eso estremece y a veces dices y para qué tanto rollo tanto esfuerzo tantos muertos tanta gente sacrificada” dice apenado.

Un 24 de marzo y van…
«Argentina siempre ha sido peculiar, pero creo que nunca tanto como en este momento. Es un verdadero desastre lo que está sucediendo con Milei, pero detrás de este personaje hay un 56% de los argentinos que lo votaron, y eso me hace sentir muy mal», expresa con pena sobre la situación actual del país. «Es alguien que promueve la insolidaridad como bandera, es decir, a alguien que no tiene ni idea de política y tiene un conocimiento muy limitado de economía», añade, manifestando su preocupación por el negacionismo explícito promovido por el gobierno y parte de la sociedad. Esto le genera mucha indignación, especialmente el hecho de que la vicepresidenta tenga vínculos con genocidas. «Están intentando algo que Macri ya intentó con el dos por uno, niegan la dictadura, hablan de la teoría de los dos demonios con total naturalidad, pero fuimos muchos quienes la padecimos. Toda mi vida pasó por ese golpe de estado, si no hubiera sido por ese golpe de estado, yo no estaría aquí hoy hablando contigo. Argentina es imprevisible, siempre puede sacar lo mejor y lo peor en cualquier momento», reflexiona con cierta esperanza.

Para Ricardo, el 24 de marzo es una fecha de reflexión, de recuerdos, de conmemoración de ese joven de 26 años que huyó de su país. «Mi historia personal es el hecho más traumático. Es una fecha que me marcó a mí, a mi país y a tantos otros. El golpe provocó un corte drástico en mi vida. Cuando salí de Argentina, nunca pensé que me iba a ir para siempre», comparte conmovido.

 

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