“El español no llega a lo profundo de nuestro ser, la danza sí”

por Maia Kiszkiewicz

El 25 de julio es el Día Internacional de las Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora. Esta fecha fue establecida en 1992, cuando 400 mujeres afrolatinoamericanas se reunieron en República Dominicana para tratar las problemáticas racistas desde una perspectiva de género y crear estrategias de incidencia política. Alma Velasquez Huichulef es Profesora de Danzas Africanas, afromapuche y participa en el Observatorio de la red creada a partir de ese evento.
Entre otras acciones, desde el equipo conformado tras la reunión en República Dominicana elevaron un proyecto al Congreso de la Nación para que se sancione la ley nacional de las mujeres, lesbianas, travestis, trans, intersex y otras identidades y expresiones de género afro. “Todavía no tenemos respuesta, lo presentamos el año pasado. Una de las cuestiones, sobre todo en el arte, es que hablan de lo afro sin nosotros. De la cultura, la danza, la percusión… Pero si se analiza quiénes enuncian, no está nuestra presencia. Es como que hagan un taller de feminismo en el que todas las personas sean hombres. Sin experiencia ni conocimiento situado. De esa manera, es muy difícil realizar cambios”, explica Alma, que desde niña siente el llamado del tambor. Algo que parece inexplicable pero, para quien lo vive, es inconfundible. “Empezó con la reina Beyoncé. En ese momento sentí un llamado a la rítmica. Después conocí las danzas árabes y otros bailes, hasta que escuché la percusión africana y fue un viaje de ida. De hecho, sigo viajando en esos mundos”, dice a Periódico VAS.

¿Cómo se relacionan danza e identidad?
La danza de raíz afro trae todo eso del ritmo, la percusión. Un ciclo. Y un ritmo genera identidad, algo que tiene cuerpo, que construimos. La expresión desde el cuerpo permite manifestar cosas que no se podrían decir con palabras en español.
Hay algo muy importante en las identidades afro, que fuimos históricamente colonizadas y subalternizadas: el idioma y el lenguaje verbal no nos es propio. Esto lo digo también como mapuche, tengo ancestría plural, soy afrodescendiente y mapuche. A nosotras se nos obligó a asimilar, para seguir vivas, esta manera de hablar de quienes nos colonizaron, y este sistema que nos sigue colonizando: nos manejamos con el idioma español, medimos el tiempo de la manera en que nos lo impuso la Iglesia. Pero hay una cosmovisión completamente diferente, que nos fue arrancada y que la danza nos permite expresar.

Muchas veces se dice: “Lo que no se nombra no existe”. Pero resulta evidente que hay cosas que no tienen palabras, sobre todo cuando se impone un idioma.
Nosotras podemos decir: “Esto que siento, que no tiene palabras”. Sin embargo, estamos atravesadas por el mundo moderno occidental en donde nos rigen leyes y un ordenamiento social atravesado por decretos, políticas públicas, acciones que impulsan los diferentes organismos del Estado. Desde ahí, lo que no se nombra no se puede cambiar, revertir, modificar. No existe. Si no elevo una estadística de cuál es la situación habitacional, laboral o de vida de las mujeres negras, no se va a crear ninguna política pública para revertir la precarización. Y, sin embargo, sí, existe.
En el mundo de las artes podemos manifestar lo no se puede nombrar a través de una puesta en escena. Y yo creo que ahí es donde tenemos el potencial y podemos utilizar el arte, o nos podemos dejar utilizar por el arte, para hacer cuerpo a esos mundos que existen y no tienen nombre. Las corporalidades invitan a expresar de una manera sustancial estos mundos invisibles.

¿Tenemos una ancestralidad dormida?
Totalmente. Estamos muy atravesados por el sistema moderno occidental que nos planta, desde pequeños, un montón de imaginarios, ideales, conceptos de felicidad, cuestiones de género, cosas ligadas al arte y que, de alguna manera, también tapan cuestiones de la ancestralidad. Sobre todo en esos territorios en los que se reproduce, a través de los medios de comunicación, el discurso de que los pueblos originarios son terroristas y que las personas blancas son todo lo que está bien.
La construcción del Estado Nación argentino se empieza a consolidar con Julio Argentino Roca. Pero los pueblos originarios no sólo estuvimos antes, sino que la corona española tenía tratados que nos reconocían. Esos acuerdos fueron cambiados cuando llegó, por decirlo de alguna manera, la burocracia criolla que tomó el poder e hizo la mal llamada Conquista del Desierto, un genocidio que llevó a la pérdida de un montón de territorios por parte de los pueblos originarios. Tengo en mi poder la copia de cuando mi familia le pidió a la corona española que le den las escrituras de su territorio, para que los huincas (los blancos) dejaran de ocupar y atropellar en sus rutas. Eso es un punto para la reflexión y para entender que hay una ancestralidad que fue usurpada, ultrajada, cortada.
Lo mismo pasa con las comunidades afrodescendientes. En todo el período colonial las personas negras no eran consideradas personas y las originarias, sí. Entonces, se diseñaron estrategias: las mujeres negras regalaban o daban a sus hijos a las mujeres de la comunidad mapuche para que no cayeran en la aberrante esclavitud.

Hay algo del danzar que tiene que ver con el reconocimiento del cuerpo propio, de las posibilidades de acción, de movimiento, de participación en algo colectivo…
Y de reconocer las diversidades que nos integran. No hay un estereotipo de cómo ser una mujer afro. Somos de muchas maneras, estamos atravesadas por diferentes realidades, formas, tipos, cabellos, colores, corporalidades. Y sin embargo, hacemos un colectivo.

Fuiste parte de la capacitación para incorporar una perspectiva étnico-racial y antirracista en las prácticas educativas. ¿Por qué es necesario un espacio como éste?, ¿qué pasa en las escuelas?
Soy Profesora de Expresión Corporal y, como docente, impulso actividades en el marco del Decenio internacional para los afrodescendientes, una plataforma que lanzó la Organización de las Naciones Unidas en la que los Estados tienen responsabilidad de llevar acciones para fortalecer el reconocimiento, la justicia y el desarrollo a las comunidades afro. Argentina adhiere en 2017 y se empiezan a volcar diferentes acciones afirmativas para que el Decenio se concrete. Parte de de esto fue la capacitación de la incorporación étnico-racial y antirracista en los ámbitos educativos. En eso participé particularmente en el área de arte e identidad, en donde se  invitó a reflexionar cómo son nombradas las identidades y cuáles son las políticas de los censos llevadas a cabo.
En los ámbitos educativos es importante repensar los modos porque, por lo general, la afrodescendencia no se menciona o se la nombra como si hubiésemos existido solamente en la época de la colonia. Y siempre con roles subalternos, como los vendedores de velas o de pastelitos. Nunca se cuenta la realidad de nuestros aportes, que estuvimos en las primeras filas de los campos de batalla.
Argentina necesita hacer una revisión completa de cómo es relatada y narrada la historia. Es bastante cuestionable que se hayan tomado 200 años para reconocer a la madre de la patria, María Remedios del Valle. Una mujer negra. Entonces, visibilizar y repensar cómo tratar la discriminación que se da por esa falsa idea de raza, es fundamental. Impacta en la construcción de las identidades de nuestras infancias.

Es necesario, y difícil. Lleva tiempo. Las personas que enseñan también tienen su propia vivencia y arrastran modos porque los vieron así en su trayectoria educativa.
Y lo mismo pasa en el mundo de las artes.
¿Cuáles son las danzas que están contempladas como las formales?, ¿cuál es el estereotipo de cuerpo que se entiende como ideal para bailar? ¿Por qué se sigue considerando un estilo como el verdadero y al que tenemos que apuntar para realizar todas las demás danzas?
Las danzas tradicionales, las criollas, tienen una cosmovisión diferente en lo que es el arte y es sumamente enriquecedor poder incorporarlo. El llamado del tambor y el despertar de la ancestralidad es una invitación a permitirse el sentir desde el lugar más profundo, donde no llegan las palabras y, tal vez, no se encuentran los mundos palpables, concretos, sino los sensibles.

Foto de portada: Yisele Solange

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