Festival de Títeres para Adultxs en Casa Matriz

por Mariane Pécora

En la calle Valentín Virasoro 1449, del barrio de Villa Crespo, se emplaza Casa Matriz, un sitio donde las paredes parecen guardar secretos y los objetos respiran una vida propia, que este martes 8 de septiembre abrirá sus puertas al Festival de Títeres para Adultxs con una declaración contundente: los títeres también tienen noches, sombras y deseos.

Durante seis días, el espacio se convertirá en un laboratorio de formas, voces y cuerpos prestados, un territorio donde lo pequeño se vuelve inmenso y lo inanimado reclama su derecho a conmover.

La inauguración aparenta tener tono de conjuro. Alfredo Iriarte presentará “Máscaras, música congelada”, una exposición que funciona como un umbral: máscaras que parecen observar al visitante, piezas que vibran con una musicalidad detenida en el tiempo y un aire ritual que prepara al público para lo que vendrá. A pocos metros, otra muestra desplegaba el universo del teatro de sombras y del teatro negro, sugiriendo que la luz es apenas una excusa para que la oscuridad cuente sus historias.

El festival avanzará como una novela coral. El miércoles, “Matrizka” ocupará la escena con su juego de capas y muñecas que se abren como si revelaran identidades ocultas. El jueves, Gaby Civale ofrecerá un taller de teatro de sombras que desbordará de manos inquietas y papeles recortados; por la noche, “La obra en la cabeza” propone un viaje íntimo, casi confesional, donde el títere se vuelve pensamiento materializado.

El viernes será, sin dudas, el día más intenso. Iriarte regresará con una clase magistral que mezcla técnica, filosofía y humor, como si cada máscara fuera también una pregunta. Luego, “Coghlan” y “Remitente Kasperle” ofrecerán dos miradas opuestas: una anclada en la memoria barrial, la otra en la tradición titiritera centroeuropea, ambas unidas por la certeza de que el títere es un puente entre mundos.

El sábado traerá un respiro luminoso con “El ballet de lamparitas”, una pieza que convierte la electricidad doméstica en poesía visual. Más tarde, “Desde el altillo” llevará al público a un espacio suspendido, donde los objetos olvidados reclaman su historia con una ternura inesperada.

El cierre, el domingo 13, será una celebración de contrastes. “¡Merde!” irrumpirá con humor ácido y precisión quirúrgica, mientras que “Pequeños conciertos” ofrecerá una despedida íntima, casi musical, como si cada títere tocara su propia melodía de despedida.

Este festival es la sensación de que el teatro de títeres para adultos es un territorio en expansión, un lenguaje que se atreve a explorar lo que el teatro convencional a veces calla. Casa Matriz, con su espíritu de refugio y de laboratorio, se consolida como el escenario ideal para esta exploración.

En tiempos donde lo espectacular suele imponerse, este festival recuerda que un gesto mínimo, una sombra, una máscara o un objeto animado pueden decir más que un grito. Y que, cuando los títeres se sacan la máscara, lo que aparece es, inevitablemente, humano.

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