Hacia un Carnaval Latinoamericano

por Mariane Pécora

En siglo XVIII Goethe señalaba que el carnaval no es una fiesta que se le concede al pueblo, sino una fiesta que el pueblo se concede a sí mismo.
Amo absoluto y alegre, durante el carnaval, el pueblo toma consciencia de su comunión objetiva en la sensación popular de un devenir colectivo. Pero también de su inmortalidad terrestre e histórica, y de su renovación y crecimiento incesante.

Han pasado casi dos siglos y el carnaval sigue teniendo las mismas características de entonces.  Situado en las  fronteras del arte y la vida, el carnaval es la vida misma representada con los elementos característicos del juego sin distinción entre actores y espectadores. Los espectadores no asisten al carnaval sino que lo viven, ya que está hecho por y para todo el pueblo.

Y es también la vida misma de ese pueblo la que se juega y se interpreta en su renacimiento y su renovación sobre la base de mejores principios.

Traído por los conquistadores, el carnaval incorporó elementos aborígenes y alcanzó ribetes místicos precolombinos en América Latina. Cada país, cada región, tiene un carnaval con características propias que lo hacen particular. La universalidad está dada por el carácter popular que lo define.
Históricamente, los carnavales porteños se han caracterizado por sus corsos barriales. Cada barrio tiene una identidad propia que lo caracteriza y a la vez lo universaliza.

En ese sentido, el barrio de  Monserrat, por iniciativa de murgas, organizaciones barriales, sindicales, universitarias, cooperativas de trabajo y vecinos del barrio, se ha lanzado al desafío de integrar la diversidad cultural que lo caracteriza a través del “Corso Hacia un Carnaval Latinoamericano”, con la consigna de recuperar el espacio público para su uso social y cultural, donde el barrio se encuentre con su propia multiculturalidad y sus habitantes con su propia historia.
Y donde el espectáculo muguero de lugar a otras expresiones culturales, a las que no siempre la comunidad barrial tiene acceso, por ejemplo: la Orquesta Sinfónica del Teatro Colón, el candombe de la Comunidad Afrodescendiente o una Radio Abierta, que expresa todas las voces.
Mama Freda y sus exquisitos chifles ecuatorianos, la Comunidad Paulista de Brasil, la Agrupación EL MATE (UBA), la Cooperativa Cartonera del Sur, la Cooperativa de Trabajo CEFOMAR, la murga “Los Rotosos de Montserrat”, la Cooperativa Todo Empieza por tus Manos, y la Agrupación Murguera Los Verdes de Montserrat,  dan cuenta del espíritu de integración que esta comunidad barrial pretende imprimirle a su carnaval.

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