La Batalla de la 9 de Julio

Parte II (final)

“La vida no es la que uno vivió,
sino la que uno recuerda,
y cómo la recuerda para contarla”

Gabriel García Márquez

por Cristina Sottile[*]
Cs. Antropológicas, FFyL, UBA
Observatorio de Patrimonio y Políticas Urbanas
[email protected]

Tras la instalación del denominado Metrobús en la avenida 9 de Julio, una vecina -megáfono en mano- exclama en una reunión comunal: “Nos robaron los árboles. Y aunque hoy plantaran nuevos palos borrachos, no voy a volver a verlos de la edad que tenían aquellos”.

Pérdidas y ganancias

Desde una lectura semiótica de esta obra pública y las modificaciones resultantes, ¿qué es lo que se percibe como pérdida, por parte de la Ciudad y los porteños? La sensación de extrañeza, de ajenidad al espacio que ayer era conocido y propio, y hasta de robo: “nos robaron los árboles” (vecina de la Comuna 1, en una de las reuniones generales. También puede leerse qué es lo que aparece como ganancia, y desde qué sectores está percibida como tal, ya que esta es la raíz original del conflicto visible.

Todo planteo acerca de esta obra, en especial los que provienen del Estado municipal, tienen una fuerte marca discursiva que relaciona el progreso con la introducción de nuevas construcciones y en general “novedades”, y acusa a quienes integran la resistencia porteña a las “novedades” de románticos, en el mejor de los casos, y en el peor, de retrógrados obstaculizadores de la inevitable “modernización”.

El paradigma positivista del siglo XIX aparece en reduccionismos que pretenden instalar que lo nuevo, sólo por el hecho de ser nuevo, es mejor. Que realizar obra visible, aun sin considerar necesidades, o planes superadores, siempre es bueno a priori. Aun frente a las razones esgrimidas por el colectivo que no quiere dichas obras, y que no sólo se niega sino que aporta propuestas superadoras que no serán tenidas en cuenta.

No hay mucho más en lo que se refiere a la enunciación de las presuntas ganancias o mejoras, por parte de los emisores estatales de la CABA.

Desde las pérdidas, quienes resisten a la obra esgrimen motivos ecológicos, económicos, pero sobre todo priman las voces que describen la situación como dolorosa, impuesta, no querida. Las palabras utilizadas para describir lo que sucede son: pérdida, robo, la expresión “matanza de árboles”, que es utilizada reiteradamente por vecinos de la zona, no vecinos, ecologistas y actores políticos. Se expresa el dolor por lo que se está destruyendo, y por lo irreemplazable: “Aunque hoy plantaran palos borrachos, no voy a volver a verlos de la edad que tenían aquellos”, expresa una vecina de la Avenida a través del megáfono el 11 de febrero de 2013. Es en este punto, donde afloran las emociones y se transmite el dolor, cuando puede percibirse la vivencia de una violencia institucional a la que poco importa el daño emotivo y moral causado a los ciudadanos en nombre de una presunta mejora en la circulación vehicular.

Paisaje, memoria e identidad

En este mundo globalizado con tendencia a la homogeneización, impuesta a través de dispositivos de poder también globalizados, la pertenencia, el ser de algún lugar y reconocerlo como propio, se define a través de espacios de interacciones, dice el antropólogo García Canclini.

Ya que el espacio geográfico o de origen no bastan, ya que las marcas de origen, las señas de identidad también están globalizadas, resta definirse a través del espacio en el que interaccionamos con otros y que es parte de nuestra identidad, parte de nuestra construcción cultural, que siempre es colectiva. Es ahí donde nos reconocemos.

Esta obra se realiza sobre la Avenida 9 de Julio, la fecha de la Independencia Argentina. Las marcas ciudadanas relativas al paisaje, a la memoria a la identidad porteña que fueron alteradas o borradas son las siguientes:

1. Se intervienen o destruyen las plazoletas de las Provincias, que fueron denominadas con sus nombres en un homenaje al federalismo.

2. Se desplazan monumentos recordatorios. Los cuales, al ser extraídos de su contexto original pasan a integrar la categoría de objeto de adorno o de museo, no de hito material de memoria.

3. Se interviene, disminuyendo drásticamente su superficie, la plaza redonda que rodeaba el Obelisco, en la que se exponían en panoplia los escudos de las Provincias, con lo cual el entorno del mismo deja de guardar proporción estética y el conjunto se ve depreciado. Estamos hablando de un bien representativo de la Ciudad de Buenos Aires, que también se presenta como símbolo argentino, entre otros.

4. Se desarma la Fuente – Monumento en Homenaje a la Democracia, rompiendo su base original, obra del escultor Gyula Kosice, inaugurada en 2000 por el entonces presidente de la Rúa. El monumento estaba instalado en el centro de la Plazoleta Tucumán (provincia donde se firmó la declaración de la Independencia), y fue desplazado al sitio actual, sobre la calle Cerrito entre Marcelo T. de Alvear y Santa Fe.

Esto produjo una reacción inmediata en la comunidad artística, entre los arquitectos, y en las agrupaciones de derechos humanos. Para los argentinos, el retorno a la democracia es un momento muy preciado y se considera que merece ser recordado. El desguace del monumento y su rearmado a la manera de los juegos mecánicos infantiles, sin cuidado y modificando sus proporciones, fue leído como un agravio no sólo a la Ciudad de Buenos Aires sino a la democracia misma.

Construcción de identidad social

La lectura de los sentidos profundos de estas modificaciones, es lo que proporciona sentido a la reacción aparentemente desmedida del movimiento vecinal. No se comprende de otra manera la percepción de violencia en las acciones del Estado, o el dolor de duelo que durante meses hizo que muchos no atravesaran la Avenida para no ver la destrucción.

Tampoco debemos olvidar que si bien la destrucción puede tener como uno de sus fines borrar parte del paisaje tomado como dispositivo de memoria, la construcción no está vacía de significados: la creación de otros dispositivos funciona en el sentido de instalar otras representaciones.

En los procesos de construcción de identidad social, la Historia deja marcas, que son rasgos de identidad, no igualmente deseables para todos los actores involucrados en dicha construcción, que sucede siempre en conflicto. Y, según el psicoanalista Jorge Jinkis en su libro Violencia de la Memoria, dicho conflicto es en parte la puja más o menos violenta de la construcción de sentidos acerca del pasado, según la cual se piensa y se construye el futuro.

Se entiende entonces que ningún proyecto de modificación ciudadana está vacío de ideología, y que las intencionalidades encubiertas detrás de esta obra trascienden la circulación vehicular y el ahorro de tiempo en los viajes, y se inscriben en una línea histórica que bien puede ser resumida en el slogan de la gestión PRO en la CABA: “Haciendo Buenos Aires”. No se considera en estas palabras que la Ciudad está siendo construida desde sus fundaciones varias hasta el momento. Es como si se partiera de cero, sin importar lo que hubiera. No se considera la identidad. La producción de identidades puede observarse en los aspectos materiales, que operan como dispositivos de memoria, por ejemplo: el barrio de los inmigrantes, las casas de los “barrios ingleses”,[i] las calles adoquinadas, la zona comercial de San Nicolás, las casas de San Telmo, todo tiene un sentido que hace a la identidad de quienes viven en la Ciudad y la construyen y modifican cotidianamente.

El sentido del slogan puede comprenderse en profundidad solo cuando se leen las declaraciones del entonces intendente Macri, donde manifestaba su admiración por la obra del brigadier Cacciattore, para él “el mejor intendente de Buenos Aires”.[ii]

Hay en este paralelismo, Macri – Cacciattore, una marca común de un tipo de poder que puede ser definido en base a tres características comunes (a pesar del origen dictatorial de Cacciatore y el democrático de Macri): su inscripción a la derecha del espacio político, visible a través de medidas económicas, uso del presupuesto público y orientación de la gestión;[iii] el autoritarismo desplegado, no sin consenso de buena parte de los porteños, para quienes la participación democrática es un obstáculo a voluntades muy poderosas que tienen hegemonía histórica en la CABA; y por último, el recurso de apelar a través del decreto o el veto,[iv] que fue utilizado en más de 100 oportunidades para evitar que se promulgaran leyes que habían sido votadas aun por el bloque PRO.

Así, se percibe la violencia simbólica que significa la introducción de este espacio vacío en el principal eje urbano, es el robo de un lugar de tránsito pero también de disfrute, recreación y memoria: ya no es posible, por ejemplo, salir de la oficina y sentarse a conversar bajo los palos borrachos.

La imposición de prácticas no deseadas, o la prohibición de las deseadas, hablan de un autoritarismo ejercido pregonando mejoras y modernización, que ni siquiera son tomados como tales desde el extranjero, donde en varias publicaciones aparecen críticas acerca de la pérdida del paisaje de una de las avenidas principales de Buenos Aires.[v]

La palabra autoritarismo está refrendada en acciones similares en parques porteños, en intervenciones en calles adoquinadas, en permisos para demoler casas protegidas debido a su valor patrimonial y en la destrucción de bienes valiosos para la Ciudad, entre ellos la que fuera la casa de Evaristo Carriego, un mural pintado con objeto de homenajear a los asesinados en dictadura, que fuera la única reproducción 1:1 del Gernica de Picasso en la Argentina,[vi] dos esculturas del maestro Vergottini retiradas de Plaza Colombia, el retiro de las placas de memoria en las “readecuaciones” de plazas, plazoletas y parques – que luego son re-colocadas, con acto público en desagravio por familiares de desaparecidos y organizaciones de derechos humanos- y otras prácticas semejantes, en un contexto político que prioriza los criterios de mercado y gobierna decididamente desde la derecha.

Dice el escritor Noé Jitrik: “Más que un cambio, que respondería a una lógica de mejoramiento y cuyas ventajas podrían discutirse, pareciera tratarse de un verdadero urbanicidio, cometido con alevosía y premeditación. ¿Y dónde residiría la motivación? Me da la impresión de que en una síntesis de: ostentación (querer mostrar galas de nuevos ricos), narcisismo (pretender que la ciudad se vea a sí misma disfrutable y hermosa), odio y demencia (demoler sin piedad árboles y agarrárselas contra los espacios como si se les tuviera encono).

Conclusiones

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla”, dice Gabriel García Márquez.

A través de esta afirmación, que focalizó en aquello que fue percibido por gran parte de los porteños, puede concluirse que la obra del Metrobús en la avenida 9 de Julio se vivió como una situación de violencia institucional, expresada en la alienación, la desaparición (palabra muy grave en el vocabulario histórico argentino) del paisaje y la modificación arbitraria del hábitat urbano familiar.

No fue explícito en ningún momento por parte de las autoridades el motivo del cambio introducido (salvo las bondades de la modernidad), que fue brutal por su rapidez y la falta de tratamiento democrático. La lectura semiótica y el análisis son posteriores; y se anudan los hilos también colectivamente, cuando se percibe qué es lo que falta, qué es lo que se quiso desaparecer de la Ciudad.

No es esta la única iniciativa en este sentido llevada adelante por esta Gestión, lo que hace pensar que la remodelación material de Buenos Aires responde a un deseo de remodelación de la memoria histórica, materializada en espacios, monumentos, murales y construcciones. Borrado un espacio de interacción, desaparece el mojón tangible y cotidiano, y solo queda el recurso de la placa recordatoria, el libro o la narrativa oral. Sin embargo no son igualmente efectivos, ya que el paisaje transitado y vivido se llena de sentidos propios además de los colectivos e históricos, y este es el valor operativo de los dispositivos de memoria.

Los efectos de las modificaciones estructurales de las ciudades, además, son performativos: determinan usos del espacio, relaciones humanas, conductas y tipos de sociedades. La fragmentación de la ciudad, o la suplantación en las ciudades latinoamericanas de la cuadrícula española que propicia el encuentro, por el edificio en altura cerrado sobre sí mismo como expresión de un ghetto  moderno, reduce el tamaño de la red social.

Se advierte en esta obra pública una batalla, un profundo desgarramiento en la memoria urbana producido en democracia. Y surge a modo de advertencia la necesidad de preservar ciertos espacios interactivos en nuestra ciudad, porque la preservación y producción de la memoria colectiva es lo único que nos permite construir también colectivamente nuestra Historia.

 


[*] Ponencia presentada por la autora en la XI Reunión de Antropología del Mercosur, Montevideo, entre el 30 de Noviembre y 4 de Diciembre de 2015, en el GT29: “Las ciudades en sus complejidades espacio-temporales, retos de la antropologia desde el sur / As cidades em suas complexidades espaço-temporais, desafios para uma antropologia desde o sul.

[i]  Se denominan así los conjuntos de casas que fueran edificadas para empleados y funcionarios de los Ferrocarriles, cuando estos eran propiedad inglesa.

[ii] http://www.telam.com.ar/notas/201304/14587-hombre-de-hierro.html

[iii] Priman criterios de mercado en lo relativo a la compra y venta de la tierra, no de las propiedades construidas, y los principales beneficiarios de este tipo de políticas son empresas inmobiliarias y de construcción, estas últimas también asociadas a la gestión de la CABA a través de concesiones de obra.

[iv]  http://www.revistaque.com/legislatura/el-capitan-veto-30032015.html

[v]   http://latitude.blogs.nytimes.com/2013/02/18/9-de-julio-avenue-an-icon-of-buenos-aires-is-threatened/?_r=0

[vi]  También en esto es posible la comparación con el intendente paradigmático de la Dictadura, que se encargó de borrar los murales del grupo Espartaco, al que pertenecía el maestro Carpani.

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