La derecha misógina en la web

O cómo es el club de Toby 3.0

por Mariela Acevedo*

Misoginia, memes e ideas de libre mercado se entremezclan en foros de usuarios en la red: se trata de comunidades en la “androsfera” (traducción de mansphera, neologismo que refiere a “burbujas” que forman comunidad y en la que proliferan discursos de odio contra las mujeres amparados en el anonimato). En esta “machosfera” jóvenes varones heterosexuales y resentidos desarrollan lo que llaman “filosofía MGTOW” (se pronuncia migtau y significa “hombres que siguen su propio camino”, por su sigla en inglés). Se trata de un conjunto de ideas que se basan en un ramplón biologicismo para explicar las relaciones de género y que conectan ideas conspiranoicas antifeministas y racistas con preceptos liberales. En los espacios de intercambio —grupos en facebook, hilos en Taringa! y videos en Tik Tok y Youtube— explican el lenguaje cerrado que comparten y los principios de un movimiento masculinista violento que encuentra sus principales referentes entre los autodenominados “paleo libertarios” o “anarco capitalistas” entre los que se encuentran el politólogo Agustín Laje, el economista Javier Milei, el tuitero Eduardo Prestofelippo, el abogado Francisco Oneto, el actor y cantante, Emmanuel Danann y la influencer Lilia Lemoine, entre otros, las caras visibles de parte de la nueva derecha argentina que excusados en la libertad de expresión promueven el odio haciendo un click.

Alfas, betas y omegas, la manada según los MGTOW

“Los discursos de odio preceden a los crímenes de odio”
(Adama Dieng, Asesor Especial en ONU para la Prevención del Genocidio).

Fuera de la comunidad cerrada que conforman en las redes, los MGTOW y los TFL (por su sigla en inglés, True Forced Loneliness) son llamados “incels”: célibes involuntarios. El movimiento Incel comenzó a conformarse luego de que saltara a la prensa en 2014 el testimonio de Elliot Rodger, de 22 años, quien protagonizó la “masacre de Isla Vista” en California. Su escrito y sus ideas, enviadas al ciberespacio antes de perpetrar los crímenes, describían un sistema social en el que los “Chads” y las “Stacys” —nombres propios con los que apuntaba a jóvenes de mucha popularidad en la escuela— debían ser castigados por acaparar lo que a jóvenes como él les era negado: una vida sexual activa que desde su percepción les correspondería por derecho (en los relatos de jóvenes incels se identifica este privilegio masculino no colmado como efecto del empoderamiento femenino y del movimiento feminista). Rodger planificó y ejecutó los asesinatos, tras los cuales se suicidó y pasó a convertirse en una especie de ídolo: varios jóvenes femicidas, siguieron su ejemplo y reivindicaron sus actos en los últimos años, por lo que en algunos países estos ataques son hoy considerados como actos “terroristas”. A pesar de que parecen lobos solitarios, su ira es alimentada por cientos de miles de usuarios anónimos que detrás de las pantallas comparten memes ofensivos y desarrollan una especie de “argumentación” en torno a la maldad de “los seres de luz”, eufemismo con el que llaman a las mujeres, que motivadas por el interés económico desarrollan una perversa planificación para obtener ganancias de los perdedores del sistema: los hombres.

La androsfera poblada de estos círculos de masculinidad antifeminista, distingue entre los activistas por los derechos del hombre (masculinistas) quienes en su discurso señalan que las luchas feministas actuales no tienen razón de ser, los MGTOW que abogan por no comprometerse en relaciones con mujeres y explican que deben ser usadas y descartadas y los TFL, que desean aprender el “camino” y que a veces siguen los tips de los “artistas de la seducción” (se los conoce como PUAs, quienes montan cursos sobre cómo vincularse con mujeres), o se vuelven violentos incels. Además de estas formas en las que se autodenominan y reconocen, desarrollan un relato que puede sintetizarse algo así: MGTOW es una filosofía en la que los hombres “despiertan” con la red pill (metáfora tomada de Matrix en la escena en la que Morpheus le ofrece a Neo ver la realidad o permanecer ignorante), luego de esta epifanía se dan cuenta que las mujeres no son el sexo “débil” sino que tienen capacidad de hacer daño (gran parte de las publicaciones se dedican a registrar agresiones o crímenes realizados por mujeres) y entonces, pueden optar por apartarse de ellas (se llaman a sí mismos monjes) o se proponen tener con ellas relaciones abusivas, caracterizadas por la irresponsabilidad afectiva. Las comunidades en línea en español —existentes en España, México, Perú, Chile y Argentina— siguen un guion calcado en el que reiteran algunos tópicos: El carrusel y el muro son dos figuras que aparecen en los relatos para explicar las formas en las que las mujeres eligen tener una vida sexual “desaforada” (a la que llaman hipergamia) mientras son jóvenes, para estrellarse contra “el muro” cuando comienzan a envejecer. Sería el momento en el que las mujeres salen a la caza de la billetera de quien rechazaron. Eso acaba en matrimonio y luego inexorablemente en el desplume del desdichado, gracias a las leyes del lobby feminista. Si hasta acá todo parece un delirio, la cosa se pone peor.

Los discursos de supremacía masculina son apuntalados por otras expresiones odiantes que son históricas: en Estados Unidos, no es casual que los supremacistas sean varones blancos que defienden su derecho a andar armados y vaticinan una próxima guerra civil. Se nuclean en distintos grupos que han tomado notoriedad como los Patriot Prayer, los Boogaloo boys y los Proud boys que abarcan un arco que va de los conservadores liberales a la extrema derecha nacionalista. El recientemente estrenado documental El dilema de las redes sociales se pregunta por la forma en la que muchos de estos sujetos llegan a afirmar que la Tierra es plana o que las vacunas son nocivas… son ideas que se traducen en prácticas grupales concretas, como la quema de barbijos en medio de una pandemia. La alt right o nueva derecha emerge al calor de los Trump, los Bolsonaro y en Argentina ese lugar vacante parece querer ser ocupado por los libertarios con Javier Milei a la cabeza, quien recientemente anunció su lanzamiento como diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires.

Por cierto, Milei es un referente para los MGTOW: el economista tenía en 2018 un programa en el Canal de la Ciudad, “El consultorio de Milei” desde donde desplegaba su histrionismo. Uno de los episodios más compartidos entre los canales “libertarios” son los consejos cercanos a esta “filosofía” en torno al matrimonio: sí, paradójicamente, y al igual que las feministas, hay una crítica al matrimonio y al amor romántico; aunque desde un desprecio hacia las mujeres antes que como una crítica a la institución conyugal.

Los rostros de la derecha cool

En youtube canales como Fundación Libre, o los de sus más visibles defensores (como Emannuel Dannan con más de un millón de seguidores) pregonan libertad de expresión con titulares que irremediablemente agitan el odio: “Agustín Laje destruye a feminista”, o sus variantes en las que el verbo es reemplazado por “humilla” o “destroza”. Las ideas a atacar suelen estar vinculadas al antirracismo, la perspectiva de género, los derechos sexuales y (no) reproductivos, los derechos del colectivo LGTTTBIQ+, el lenguaje inclusivo, todo lo que despectivamente denominan “marxismo cultural” y adoctrinamiento de la “ideología de género”, y en ese sentido, los ataques a jóvenes mujeres recorren un arco que va de Ofelia Fernández, legisladora porteña por el Frente de Todos y Thelma Fardín, actriz denunciante de Juan Darthes a activistas ambientalistas como Greta Thumberg o movimientos como el “Black Lives Matter” que emerge tras el asesinato del afroamericano George Floyd en Estados Unidos. Al recorte y la edición maliciosa, suman sketches “cómicos” y prácticas inescrupulosas, como debates falsos: por ejemplo, el protagonizado por “Marla”, una feminista inexistente que a las semanas el propio operador develó como un “experimento social” (un montaje guionado) pero cuyos recortes siguen pululando en la web como ejemplo de la incoherencia feminista. El ataque a CFK y a Mayra Mendoza por parte del tuitero Eduardo Prestofelippo o las declaraciones del abogado Francisco Oneto que afirmó que “más del 90% de las denuncias de violación terminan en condena” (una falacia que solo buscaba provocar a su interlocutora), más allá de los ataques puntuales de fuerte carga misógina, tienen un mensaje para la tribuna: un caramelo de premio para quienes descargan dosis de placer por el golpe certero a esas mujeres con nombre y apellido. Claro que también hay algunas libertarias por ejemplo, Lilia Lemoine, cosplayer que se presentó a las elecciones pasadas por el partido de Espert, animando a los más jóvenes a sumarse a votar a su referente personificada como Capitana de la Libertad y Lupe Batallán, provida, autora de Hermana, date cuenta: no es revolución, es negocio quien, por si hacía falta, se define en twitter como “antifeminista”.

El partido de los libertarios no es el único espacio de discursos reaccionarios (y de hecho hay discusiones internas complejas entre nacionalistas, libertarios que están a favor del aborto y conservadores provida, sin mencionar a los sectores juveniles y celestes de Juntos por el Cambio o expresiones minoritarias del peronismo de derecha) y podríamos pensar que son delirios a los que no hay que prestarle mayor atención. Sin embargo, la forma en la que operan las derechas en distintos puntos del planeta, la influencia de las redes sociales para promover fake news, polarización y movimientos fascistoides de tendencias paranoicas (pienso en los rasgos anticuarentena de los espacios “libertarios” y de JxC) debiera alertarnos sobre sus prácticas discursivas: hay un crecimiento de los discursos de odio y, ellos son algunos de los emergentes visibles: misóginos, antiderechos, hiperindividualistas sí, pero no se trata de un grupo de exaltados… aunque parezca que solo son un grupo de bravucones mediáticos que se animan a hacer el ridículo y a viralizar sus peleas, ellos son apenas el emergente de una generación que levanta la bandera de la antipolítica para instalar las mismas ideas rancias de siempre. La derecha está en movimiento, ¿la estamos viendo crecer?

*Mariela Acevedo es feminista, doctora en Ciencias Sociales, licenciada en comunicación y docente. Administra el portal Feminismo Gráfico y es editora de Revista Clítoris. Escribe, da clases y realiza tareas de investigación en el campo de la comunicación, la salud, los géneros y las sexualidades.

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