La Escuela Taller del Casco Histórico

(para protegernos del olvido y de la peste)

“Usted me dirá: pero, todo ha cambiado. Sí, pero ¿por qué vamos a echar un manto de olvido sobre algo que nos perteneció y sobre lo que cimentamos nuestra identidad? Nunca hay que tirar las viejas fotografías, por ellas aprendemos algunas cosas. Incluso a saber el porqué somos ahora así. Hasta una carta de amor, o de amigo a amigo, ayuda a hacernos comprender nuestra herencia.
Ya nadie quiere guardar baúles ni bibliotecas, como si les pesaran, lo que pesa más es el olvido”.
Arq. José M. Peña, 1979
Fundador del Museo de la Ciudad,
Creador del proyecto del Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires

por Cristina Sottile

1.-LA ESCUELA TALLER 
La Escuela Taller del Casco Histórico fue fundada sobre dos premisas: el rol del Estado en la preservación del Casco Histórico porteño, y la educación pública en ámbitos dependientes de lo que era Secretaría de Cultura de la CABA (hoy Ministerio). Su función es la de formar a sus alumnos y alumnas a través de talleres, en actividades diversas: restauración de murales en todas sus modalidades, reproducción de molduras de yeso, trabajo con calcáreos, ebanistería, construcción y reparación de instrumentos musicales, y todas las artes y oficios necesarios para los trabajos de restauración y mantenimiento que exige el Casco Histórico de la CABA.
Esto abarca estatuas, museos, paredes interiores de iglesias, bibliotecas, edificios públicos, y todo aquello que debe protegerse porque exhibe ante nosotros la Historia de la CABA, que es la de sus habitantes y la de quienes la transitan.
Además de esto, fue en la crisis de 2002, después de la catástrofe neoliberal de 2001, cuando pudo apreciarse la importancia de la existencia de esta institución. Como si no fuera suficiente con lo ya mencionado, la Escuela Taller integró un grupo de instituciones que articularon con otros estamentos estatales (Juventud, Cultura, Desarrollo social, entre otras) para formar parte de un plan de becas de formación destinado a jóvenes. Según el proyecto, se cubrían viáticos, se otorgaba formación y se aconsejaba y acompañaba el armado de algún microemprendimiento.
Este interesante y rico proceso no va a ser profundizado acá, porque merecería una nota aparte, ya que el rol del Estado en el momento de paliar la crisis fue fundamental.
De la Escuela salieron con certificado oficial y con inserción en lugares de trabajo, personas formadas en albañilería de detalle, yesería, moldería, restauración de pinturas de paredes entre otras. Muchos de ellos pasaron a integrar los equipos que mantienen habitualmente los Museos de la Ciudad, por poner un ejemplo.

2.- HASTA QUE UN DÍA LLEGARON ELLOS
Y en 2010 alguien resucita un viejo proyecto de Cacciattore. Ya que la gestión en curso declaraba públicamente y sin sonrojarse que “había sido el mejor intendente de la CABA” (estamos hablando de la gestión de Macri en la CABA), y considerando que estos proyectos de la Dictadura habían quedado inconclusos y tal vez careciendo de proyectos propios (pero esto es sólo especulación) encaran el ensanche de Paseo Colón, con la intención de instalar el llamado “Paseo del Bajo”.
Esta propuesta, presentada como superadora de lo existente, fue rechazada de plano por la ciudadanía porteña, tanto desde el barrio que se pretendía intervenir como en los mecanismos habilitados para la participación. Porque este ensanche contemplaba, entre otros, la “readecuación” de Parque Lezama, el traslado de un mural frente al mismo Parque, obra de Gasparini y que era la puerta de entrada al especial universo cultural de La Boca, la demolición del edificio Marconetti, la demolición de la Escuela Taller del Casco Histórico, la mudanza del instituto Arancibia, y un avance que nunca se declaraba acerca del sitio de memoria “El Atlético”, que en caso de producirse según la planificación Cacciattore, lo borraría por impedir su acceso para el relevamiento arqueológico.
De cada una de estas batallas dadas por los porteños en defensa de su barrio y su ciudad, hay algunas ganadas y otras perdidas.
Aquéllas que se perdieron, significaron una modificación irreversible del paisaje urbano, una expropiación real y estética del lugar en que se habita o transita. Cayó, así, el edificio Marconetti, y el mural de Gasparini fue trasladado.
No pudieron instalar rejas en el Lezama, pero cementaron los caminos diseñados por Thays. No pudieron tocar “El Atlético”, que está inscripto en la memoria de los argentinos y argentinas en la categoría de sitio sagrado, como todos los sitios de memoria. Tuvimos un Nunca Más.
Dos años después, y luego de la brutal instalación de carriles exclusivos para colectivos en la 9 de Julio, se volvió a avanzar sobre Paseo Colón, ahora con el pretexto de un Metrobús. Que no es metrobús, son carriles exclusivos para colectivos.
A esta altura gran parte de la porteñidad había notado la enormidad del negocio inmobiliario y de la construcción que aparecía a la vista con cada emprendimiento faraónico, y aprendieron los porteños y porteñas a reconocer nombres de empresas, proveedores del Estado, asociados con funcionarios públicos, cosa que por otra parte no era demasiado complicada ya que en muchos casos eran los mismos nombres.
Para 2018, la Escuela Taller sigue en pie, y desde el ejecutivo local se sigue insistiendo en la demolición. Hubo un recurso de amparo concedido, apelado por el Gobierno de la CABA. Hubo una propuesta que provocó la ira de dos barrios: San Telmo y Barracas, ya que se propuso la hipotética construcción de una sede en el Parque España, espacio verde en zona de Hospitales en Barracas.
Se propone para 2019 la mudanza al edificio conocido como ex – Padelai. Y mientras tanto, en el Boletín Oficial se publicaba una licitación para la demolición.

Ni la Dirección General de Casco Histórico, ni la Dirección General de Museos, dieron cuenta de estar al tanto de todo esto, siendo requeridos por profesores y alumnes de la Escuela. Es interesante que en la apelación, basada en promesas de construcción de futuros edificios, la jueza tenga que decir al letrado que representó a Cultura de la CABA lo siguiente:
“Dr, lo que no está, no está, por más que Ud y todo el Ministerio se comprometan a realizarlo (…)” . Es interesante que uno de los aportes por parte de la comunidad educativa de la Escuela Taller, así como de las instituciones barriales y porteñas que acompañan su defensa, sea el hecho de poner sobre la mesa lo innecesario de la demolición, ya que Paseo Colón tiene el ancho de Avenida Cabildo, donde instalaron un Metrobús aparentemente sin problemas.
¿Los edificios de ciertas zonas merecen ser demolidos, borrados, más que los de otras? ¿Los habitantes de la zona sur de la Ciudad no tienen derecho a su paisaje cultural? ¿Es la Ciudad un coto de caza para los negocios inmobiliarios, de la construcción y de obras públicas?

3.- LA ESCUELA Y LA PESTE
Esta nota, que fue comenzada en otro universo, es decir a fines del año pasado, cuando la palabra cuarentena no estaba insertada en el vocabulario habitual, tuvo que ser leída bajo la luz de la peste.
Digo peste en sentido genérico ya que, tenga el nombre que tenga el bicho que nos mata, la Peste es uno de los jinetes del Apocalipsis, y estos no pasan por nuestro mundo sin producir modificaciones.
Puede parecer entonces una cuestión secundaria ocuparse de la permanencia de un edificio y una institución fundados para la formación y la preservación de la memoria, sin embargo no lo es. El desprecio por las políticas de Estado destinadas a educación, cultura y protección de la memoria y patrimonio de la CABA, producen esta batalla que ya lleva casi 10 años, por la permanencia o no de la Escuela. Y el desprecio por las políticas públicas orientadas a la prevención y atención para la salud produjo el desmantelamiento del sistema público de salud de los argentinos y argentinas. Sin el cual hoy estaríamos a merced de la Peste. Cualquiera que sea.
Hay un paralelismo inquietante entre esta realidad que se nos muestra como potencialmente mortal -como mortal de verdad-, y poner de relieve las falencias en los sistemas de salud de aquellos países que algunos llamaban “países en serio”, los que privatizaron la medicina, los que le pusieron precio a la salud y al derecho a estar sano y ser atendido.
Es curioso que esta advertencia recorra el mundo en el auge del pregón neoliberal excluyente y discriminador, individualista y meritocrático; y que sea la solidaridad, el aprendizaje de la solidaridad social lo único que puede mantenernos a salvo.
O curarnos.
No debemos ver ningún mensaje divino o mágico en esto, o sí, pero para explicar el estado actual de las cosas, en este día de cuarentena obligatoria, basta con hacer la relación causa–efecto, tan cara a los positivistas decimonónicos, y tan útil para razonar. ¿Es casual que la mayor cantidad de muertos e infectados provenga de países en que el sistema de salud es privado y excluyente? No, no es casual. En estos momentos, en Nueva York no tienen posibilidad, aunque quisieran, de brindar atención a los enfermos. Tampoco quieren, pero esto tiene que ver con la economía de libre mercado. Que excluye, y también mata.
Qué curioso que quede tan expuesta esta verdad: “el neoliberalismo mata”, en toda su crudeza.
Y así podemos ver, si queremos mirar, las consecuencias sobre nuestras vidas del achicamiento del Estado en cuestiones de salud, y también las posibles consecuencias en el campo de la Educación en todas sus formas.
No hay disciplinas que sean desechables, porque están directamente relacionadas con la construcción de nuestra identidad y de la soberanía necesaria para decidir sobre nuestros destinos. Necesitamos las Universidades, al CONICET, los Institutos de Investigación, y también necesitamos los espacios de formación relacionados a las Artes; como es en este caso particular la Escuela Taller del Casco Histórico, directamente vinculada a la protección del espacio en que transcurre nuestra vida, vinculada a la Memoria y a la Identidad.
Esta Historia está en desarrollo, lo único que podría preverse es que quienes la defendieron hasta ahora van a persistir en su tarea.

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Cristina Sottile es licenciada en Ciencias Antropológicas – FFyL – UBA
Agradecimiento a Jorge Moyano, alumno de Ornamentación edilicia en la Escuela Taller del Casco Histórico, quien aportó datos acerca de esta epopeya en curso. 

Comentarios

  1. Excelente nota! Soy arquitecta y ex alumna de la Escuela Taller del Casco Histórico.
    No tengo más que agradecimientos por lo que aprendí y por la calidad de los profesores. Soy una de las defensoras de que la escuela siga funcionando en Brasil 200, frente al Parque Lezama.

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