La insoportable gravedad de la Deuda

por Rafael Gómez

Alejandro Olmos Gaona, abogado e historiador, y sin carrera financiera ni política partidaria, es tal vez el mayor especialista y objetivo conocedor de la Deuda Externa argentina. Desde hace 20 años está abocado al estudio y a la intervención intensa en tribunales, foros y gobiernos, sobre las cuestiones de la Deuda Externa. Heredó esta causa de su padre, Alejandro Olmos, quien inició un juicio penal por la Deuda en 1982, investigó y aportó pruebas dieciocho años hasta su muerte el 24 de abril del 2000. Dos meses después, el juez Jorge Ballestero emitió un fallo declarando la ilegalidad de la Deuda Externa, y estableciendo la responsabilidad de los funcionarios de la Dictadura que la contrajeron -tales como Martínez de Hoz- y la corresponsabilidad de los organismos internacionales -tales como el FMI- que aprobaron los préstamos ilícitos y fraudulentos. Pero, aunque se determinaron 477 delitos por parte de funcionarios y grupos económicos, no hubo condenados porque, según el Juez, la causa había prescripto.
Y aquí fue cuando Alejandro Olmos Gaona “heredó” la causa presentándose como querellante y observó: “El juez Ballestero se olvidó de algo fundamental y eso es decidir la nulidad de los actos ilegales comprobados, como lo establecen el derecho civil y el derecho administrativo”. El Juez envió su resolución y el expediente al Congreso para que actuara. Pero “El Congreso se negó reiteradamente a investigar la Deuda, a pesar de los numerosos proyectos presentados por los legisladores”, nos dijo Olmos Gaona.
Periódico VAS entrevistó por primera vez al abogado e historiador Alejandro Olmos Gaona en febrero de 2006, en ocasión del pago por el Gobierno de Néstor Kirchner de parte de la Deuda Externa. 1 Se canceló entonces la deuda al FMI, que era de 9.500 millones de dólares. La Deuda Externa total vigente de Argentina, considerada por los organismos financieros internacionales, era en esa fecha de 140.000 millones de dólares. Gaona consideraba en la entrevista su composición ilegal, la deuda privada estatizada, la presión de los organismos internacionales, las conveniencias de la clase política, los mecanismos de la negociación, y concluía con una frase que dio título a la entrevista: “Estamos pagando un fraude”.

Hoy, en 2020, a catorce años de aquella entrevista, la Deuda Externa total es de 340.000 millones de dólares. Se ha tomado deuda para pagar deuda, para pagar gastos corrientes, para fugar capitales. Muy pocas veces se ha tomado deuda destinada a la inversión pública, a emprendimientos productivos que generen riqueza y capacidad de repago, aclara Olmos Gaona. Ahora se está negociando un pago a los acreedores privados, llamados los bonistas, en buena parte empresarios argentinos que fugan capitales y luego lo prestan al Estado comprando bonos (esto no lo dice Olmos Gaona). Y después vendrá la negociación por otro pago al FMI, una deuda, esta vez de 44.000 millones de dólares, contraída durante el gobierno de Macri.
¿Considera legítima la deuda que contrajo el gobierno de Mauricio Macri con el FMI? ¿Hay responsables?
Alejandro Olmos Gaona:
El gobierno contrajo la deuda con el FMI, de acuerdo con las disposiciones legales que lo autorizaban, conforme lo determinado por el art. 60 in fine de la Ley 24.156, y lo que establece la Carta Orgánica del Banco Central, ya que esta institución es la que también firma el acuerdo. Ninguna de las denuncias que se hicieron al respecto tiene entidad. Y muestran el desconocimiento de esos acuerdos internacionales que se realizan siempre de la misma forma.

¿Se podría haber investigado su legitimidad antes de cerrar un acuerdo de pago? ¿Por qué la urgencia?
A.O.Gaona:
Siempre se puede accionar para probar la ilegitimidad o ilegalidad de un acuerdo, pero ningún gobierno de la democracia ha querido investigar ninguna deuda, ni aún los 23.000 millones de dólares de deuda privada que había en 1985 y fue estatizada. Siempre se limitaron a pagar.

¿Es saludable el acuerdo que el gobierno de Alberto Fernández acordó con parte de los acreedores (los bonistas)? ¿Por qué?
A.O.G.:
No veo que sea saludable, y sólo se limita a patear vencimientos, y a un ahorro de intereses del que todavía no se sabe bien, ya que no se ha publicado el “indenture” o contrato de emisión de los bonos donde están todas sus especificaciones. El Gobierno todavía no ha dado a conocer los valores absolutos de la negociación: los pagos que se harán cada año, los intereses, las cláusulas legales, etc. Se limitó a informar que había acordado a través de una resolución ministerial. 

El ex ministro de economía Luis Caputo, responsable de endeudar al país por cien años, celebró de inmediato el acuerdo del gobierno de Fernández con los tenedores ¿Beneficia a Caputo este acuerdo? ¿Es uno de los bonistas?
A.O.G.:
Es posible pero no lo sabemos, ya que los fondos de inversión tienen tenencias de empresas y particulares, y el Gobierno no puede saber a quién pertenecen. Salvo que hiciera lo que no quiere hacer: un censo obligatorio de acreedores para saber quién es quién. Pero hubo un dato importante.
A través de una auditoría del Banco Central, que se ha ignorado, se pudo establecer que el ex vicejefe de gabinete Mario Quintana y el ex secretario de Finanzas Santiago Bausili habían comprado bonos del canje de 2016. Y se supo también que Caputo había hecho algunas operaciones con Lebac, vendiéndolas para meterse en otras operaciones. Además, se sabe que una sociedad off-shore de Caputo compró alrededor de 5 millones de dólares del bono a cien años que entra en este canje.

¿Cómo afectará este acuerdo a la vida del ciudadano común?
¿Se viene un ajuste mayor?
A.O.G.:
Necesariamente va a haber un ajuste, que seguramente exigirá el FMI para darle más tiempo para pagar al Gobierno. Sin perjuicio de que le dé plata otra vez. Y esto va a ser necesario (tomar más deuda) porque si no, no habrá posibilidades de pagar en las fechas comprometidas.

Hay un circuito económico que nos gustaría que Ud. examine:
El evasor fuga capitales a los paraísos fiscales.
El Estado al no recaudar lo suficiente ni recibir dólares, contrae deuda.
Los evasores convertidos en bonistas le prestan al Gobierno.
El Gobierno cancela la deuda con una quita.
Y vuelve a iniciarse el circuito.
A.O.G.:
Es generalmente así, pero ocurre que la fuga de capitales no es delito. Existen leyes de la Dictadura, no modificadas nunca, que permiten esa fuga. Por otra parte, ahora se le reconoce a Black Rock un valor presente de títulos al 54.8%, cuando seguramente los compraron al 25 o 30%. Porque ellos no compraron esos títulos cuando se emitieron sino después.

Querríamos saber cuál es su opinión sobre este circuito y mecanismo de la Deuda, y si pudiera aclararlo más para beneficio de nuestros lectores
A.O.G.:
Los sectores concentrados del poder siempre actúan de común acuerdo con los bancos. Todo el dinero que no reinvierten, porque no les interesa, lo utilizan en comprar moneda extranjera para guardarla en el Exterior y operar en paraísos fiscales o en fondos de inversión. La rentabilidad que obtienen de esta forma es mayor que la que obtendrían en el circuito productivo. Hoy el movimiento de las finanzas internacionales es muy superior al de la producción.
Ese dinero fugado puede ser utilizado de diversas maneras y una de ellas es poniéndolo en fondos de inversión. Estos fondos compran bonos en los mercados secundarios a bajo precio, y en algunos casos cuando se emiten, ya que tienen todas las garantías, porque además se aseguran en compañías que les son afines, para evitar que un eventual default los perjudique. Pero en el caso de Argentina, como ahora, de Ecuador y otros, los fondos de inversión saben que los países siempre terminan pagando, aun cuando entren en default circunstanciales.

La cuestión entonces amerita  una pregunta final -que tal vez sea la más importante de todas-: ¿Por qué los países -como en el caso de Argentina y Ecuador- siempre terminan pagando? ¿Qué pasaría si no lo hicieran? ¿Habría mayor o menor desigualdad? ¿Mejoraría o disminuiría la calidad de vida de la población? ¿Habría un bloqueo comercial? ¿Iríamos hacia un mundo más esencial y menos consumista?

La cuestión entonces amerita a una pregunta final -que tal vez sea la más importante de todas-: ¿Por qué los países -como en el caso de Argentina y Ecuador- siempre terminan pagando? ¿Qué pasaría si no lo hicieran? ¿Habría mayor o menor desigualdad? ¿Mejoraría o disminuiría la calidad de vida de la población? ¿Habría un bloqueo comercial? ¿Iríamos hacia un mundo más esencial y menos consumista?

Esta última pregunta, que se ramifica en otras, no fue contestada por Alejandro Olmos Gaona. Tal vez porque se la formulamos por separado, un día después de contestadas las anteriores, y ya estaba ocupado en otra cosa. O tal vez porque fuera una pregunta arbórea, más de opinión personal, de posición política y filosófica, que de saberes técnicos concretos. No lo sabemos. Quedará entonces a cargo del lector y lectora, la toma de posición y la necesaria respuesta, dada la insoportable gravedad de la Deuda.
Sin embargo -para los lectores curiosos y preocupados por conocer algo más- en aquella primera entrevista de hace catorce años, Alejandro Olmos Gaona contestó lo siguiente:

¿Se puede salir del mecanismo de la Deuda Externa?
A.O.G.:
Con voluntad política sí, pero no la hay. Con  otra clase de dirigentes, que no tenemos. Argentina está viviendo un problema gravísimo: tiene una clase dirigente profundamente mediocre e inculta sin idea ni conciencia de cuál es la función del Estado. La política ha pasado a ser un empleo altamente rentable y la clase política está sólo para hacer un culto de ese negocio. El que accede al poder político no lo hace para servir al Estado sino para servirse de él. Para romper el mecanismo de dominación de la Deuda Externa habría que cambiar la clase política. (…)

¿Qué pasa si dejamos de pagar? ¿Nos invaden?
A.O.G.:
Tenemos que preguntarnos qué nos va a pasar si seguimos pagando… No existe un solo caso de un país que haya sido invadido por no pagar. Acá hay una especie de colonización mental. Se paga por una razón de economía convencional. (…)

Sabemos ya lo que nos ha pasado. En catorce años la Deuda creció de 140.000 a 340.000 millones de dólares. Y también crecieron los ajustes, la apropiación, el mal vivir, la desigualdad y la pobreza de la gente. Sabemos que hay una colonización mental y otra muy concreta montada en la Deuda, en los fondos de inversión, en las corporaciones; y sabemos que hay una clase política y judicial que facilita el saqueo.

Todo se reduce entonces a una sola gran pregunta que sólo podrán responder los lectores, el pueblo en conjunto: ¿Hasta cuándo lo soportaremos?


1. Ver la nota completa en Periódico VAS Nº 11 Enero – Febrero de 2006
https://www.periodicovas.com/alejandro-olmos-gaona-estamos-pagando-un-fraude/

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