María Galindo: La chispa de la rebeldía

por María del Carmen Varela

“Escribo para incendiar”, asegura María Galindo en su nuevo libro “Feminismo bastardo”. Y no sólo su escritura enciende la mecha que alimenta la fogata de su andar, sino que todo su quehacer está impregnado de esa lumbre permanente que la acompaña donde quiera que vaya. Es imposible definir a María con una sola palabra. Activista boliviana, referente feminista, intelectual, escritora, comunicadora, artista, lesbiana, grafitera, agitadora callejera, rebelde. Y más. Fundadora de la colectiva Mujeres Creando, de la casa comunitaria La Virgen de los Deseos y de Radio Deseo, en la ciudad de La Paz. Sus acciones son contundentes, descaradas y obtienen censura, detenciones y procesamiento judicial, intentos de acallar su voz que no hacen más que reproducir sus aullidos ante un sistema que agobia.
“Cuentan que la niña Galindo dimitió de su familia como un joven llamado a ser soldado que alega objeción de conciencia y rechaza integrar la vida militar. Esta negación de la genealogía familiar – de la guerra que lleva los nombres de familia, de Estado y de Nación-, esta renuncia, al mismo tiempo al padre y a la patria, a la clase y a la pureza racial, será para ella constitutiva y anticipará todas sus otras formas de disidencia”, describe el escritor, activista y filósofo español Paul Preciado en el magnífico prólogo del libro publicado este año por lavaca editora y presentado en abril en la histórica Sala de Representantes de la Manzana de las Luces, en el barrio de San Telmo.

¿Por qué bastardo?

Galindo propone una nueva mirada de lo que habitualmente llamamos mestizaje. Habla de la escena de la violación sucedida en este continente que carga con nombre colonial. “Me reivindico bastarda; impugno simultáneamente los cimientos del universo indígena ancestral, como cimientos intactos, y el negacionismo de la vigencia de las múltiples raíces indígenas y habito esas contradicciones”. Sostiene que el libro está escrito por fuera de la academia, desde la lucha social, desde la calle, y eso no significa que no sea un libro de teoría feminista. ¿Quién es y quién no es feminista? ¿Quién lo determina? María ofrece un concepto para definir este movimiento que es de todes y no es de nadie: el feminismo intuitivo, el que surge en la calle, no sale de ningún libro, transforma a la sociedad floreciendo desde abajo y nace de la desobediencia. Si algo sabe es crear tácticas y estrategias efectivas y lograr que la creatividad sea una herramienta poderosa y subversiva. La colectiva Mujeres Creando, activa desde 1992, no se define como grupo artivista, ni colectiva de arte, sino como un movimiento anarco-feminista que realiza múltiples acciones, entre ellas algunas que son reconocidas como artísticas y a las que María califica como “actividad inusual de la producción de lenguajes de lucha”. El grafiti ha sido desde los inicios la manera de habitar el espacio que las convoca: la calle. Con la característica letra cursiva, ponen el cuerpo, siembran ideas y levantan polvareda.

Las mil y una

Las actividades de María son infinitas y su trayectoria imparable la ha convertido en una persona popular en Bolivia. Ese reconocimiento es fruto de una acción concreta que deja huella y produce repercusión allí donde pise, incluso en otros países. Esta mujer topadora nacida en 1964, definida como “tecnochamana” y cuyas frases se vuelven virales en Tik Tok, gestó numerosos documentales, como “Mamá no me lo dijo”, “Exiliadas del neoliberalismo”, “Amazonas, mujeres indomables” y “La Virgen Barbie”, cortometraje filmado para la exposición Principio Potosí, que tuvo lugar en el Museo Reina Sofía de Madrid en 2010. Un grupo de cholas viaja en una camioneta acompañando a la Virgen Barbie: una mujer blanca vestida con un largo manto estampado con dibujos de princesas de Disney y un ramillete de muñecas articuladas rubias sobre el pecho. En su cabeza, una gran corona dorada y a sus pies una media luna que lleva escrito: “Virgen Patrona del Racismo”. En sus manos, un globo terráqueo y una cabeza de cordero. La camioneta estaciona y las cholas sostienen una estructura de madera donde transportan a la Virgen y la ubican sobre el piso de piedra. Ella recita una oración, que arranca así: “Ya no quiero ser la Virgen Barbie. Ya no quiero ser la patrona del racismo ni la protectora del capitalismo. No quiero enseñar a las niñas a odiar sus cuerpos morenos”. La Virgen abandona ese lugar sacralizado porque anhela bailar en las calles. Sonriente, arroja el globo terráqueo a una infancia morena: “Oye, niño, te regalo el mundo”.

Prontuario feminista

Procesada por “actos obscenos” por pintar penes con distintos colores en una plaza pública; creadora del “milagroso altar blasfemo” pintado sobre una pared del Museo Nacional de Arte, que desató el escándalo y fue clausurado y destruido; censurada en la Bienal de Arte de San Pablo por su obra Espacio para Abortar, entre tantas otras luchas, María y sus compañeras de Mujeres Creando organizaron la Marcha de las mujeres contra las violencias machistas y contra la corrupción de la justicia el pasado 31 de enero. En el flyer aclaraban que no eran bienvenidos partidos políticos ni ongs, y pedían a la iglesia y a las funcionarias que se abstuvieran de concurrir ya que son parte del problema. Días antes armaron carteles y una multitud acudió al llamado. Al grito de “Nunca más nos vamos a callar”, pintaron la fachada del edificio judicial con grafitis y pegaron decenas de carteles. “Lucha de las mujeres contra la impunidad hace temblar el país”, señalaba al día siguiente el principal titular del diario Página 7, de la ciudad de La Paz. En sus redes, Mujeres Creando publicó el número de “teléfono de la esperanza”, al que podían comunicarse quienes quisieran aportar datos de casos de feminicidios (como se los llama en Bolivia) o violación en los que los culpables estén libres. Elaboraron un informe de los que siguen libres y los que fueron beneficiados con la prisión domiciliaria, y lograron visibilizar la red de corrupción. El 8 de marzo organizaron una “Vigilia por la justicia”, en la que participó la colectiva chilena Las Tesis. Bailaron en lo que llamaron “la alfombra de la vergüenza”, que consistió en tapizar la calle con fotos de feminicidas y funcionarios de la justicia corrupta. La incansable María, a quien la banda boliviana Los Brothers le dedicó una cumbia, la que se define como LGTBI: lesbiana, gorda, terca, boliviana e intransigente, propone una maravillosa tarea y un desafío que anuncie la fortaleza del propio deseo para alcanzar, juntas, revueltas y hermanadas, la autogestión de nuestros sueños.

Imagen: María Galindo

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