Mercado San Cristóbal, entre el conflicto interno y el riesgo de expropiación

El Mercado San Cristóbal, considerado el más antiguo de la Ciudad de Buenos Aires desde su apertura en 1882, atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia. A la paralización casi total de su actividad se suman disputas internas, denuncias cruzadas y la incertidumbre generada por el proyecto del Gobierno porteño que prevé su expropiación para construir la estación “Chile” de la futura Línea F de subte.

Hoy el mercado funciona a medias: siguen abiertos, con esfuerzo, los locales con salida a la calle; puertas adentro, las naves permanecen cerradas desde hace años. Los propios puesteros lo resumen sin eufemismos: “Se apagó”. Dicen que la caída se arrastra desde la pandemia y que, con el tiempo, el abandono terminó por volverse costumbre. A mediados de marzo, un grupo colgó banderas en la fachada para exigir la reapertura y rechazar la expropiación. “Apertura ya”, se leía en una de ellas; en otra, el mensaje iba directo al corazón del conflicto: el edificio histórico, advertían, no se negocia.

El Mercado San Cristóbal acompañó el crecimiento del barrio: abrió en 1882 y estrenó su primer edificio en 1887, con ese aire de mercado europeo, erigido sobre una estructura de hierro y vidrio. La estructura que se ve hoy, sin embargo, tiene otra historia. En 1945, el estudio SEPRA —Santiago Sánchez Elía, Federico Peralta Ramos y Alfredo Agostini— lo transformó, dándole un estilo modernista, incorporando hormigón armado, grandes arcos (algunos de más de 17 metros) y la lógica racionalista característica de mediados del siglo XX. Transformación que le valió ser declarado como Patrimonio Arquitectónico y Urbano porteño.

En la actualidad, el emblemático edificio atraviesa una doble disyuntiva. Por un lado, una parálisis interna que dejó el edificio partido: la actividad se sostiene en el borde, mientras el corazón del mercado permanece clausurado. Por el otro, la amenaza —para algunos, la promesa— de la expropiación, que cambiaría para siempre el destino del inmueble. Entre los puestos se argumenta que el deterioro institucional y las clausuras son el prólogo perfecto para justificar que, finalmente, el mercado sea declarado de “utilidad pública” y pase a manos del Estado para la obra del subte.

Las y los trabajadores ubican el quiebre en los meses más duros de la pandemia: ahí estallaron las disputas por la administración del predio. Algunos propietarios hablan de una “administración paralela”, señalan presuntas irregularidades y responsabilizan a esa interna por la clausura de sectores completos. Del otro lado, responden con versiones distintas y acusaciones cruzadas. En el medio quedaron los puestos y las familias. “Hace tres años que no podemos abrir. Perdimos clientes, ingresos y estabilidad”, dijo una comerciante que trabaja en el lugar desde hace décadas. El conflicto llegó a la Justicia, pero hasta ahora no hubo una respuesta que lo devuelva a la normalidad: el mercado sigue trabado y la incertidumbre, intacta.

En este escenario, el Gobierno porteño envió a la Legislatura iniciativas que contemplan la expropiación del inmueble de Av. Entre Ríos 752 para construir el acceso a la estación “Chile” de la futura Línea F. En los papeles oficiales se habla de integrar el mercado a la estación y de una “puesta en valor”, incluso con la posibilidad de sumar usos culturales (se mencionó, por ejemplo, una relocalización del Museo del Cine). Pero la letra fina del debate encendió alarmas más allá de esta esquina: según el informe publicado por enelSubte, el proyecto prevé la expropiación completa de una docena de inmuebles a lo largo de la traza para montar accesos e instalaciones conexas en estaciones como Cochabamba, Chile, Congreso, Corrientes, Junín, Pueyrredón y Parque Las Heras.

La Línea F está proyectada para unir Barracas con Palermo, con una traza de aproximadamente 9,8 km y 12 estaciones. En su paso por la zona, el recorrido incluye paradas como Cochabamba (bajo la Autopista 25 de Mayo, cerca de Entre Ríos), Chile (en el Mercado San Cristóbal), Congreso y Corrientes, además de estaciones más al norte como Junín, Pueyrredón y Parque Las Heras, entre otras. En el mercado, la discusión se vuelve personal: algunos ven en la obra una chance de “revivir” el edificio; otros la sienten como un desalojo disfrazado. “De acá me van a sacar muerta”, soltó una puestera cuando le preguntaron por la expropiación.

La mayor crítica, sin embargo, apunta al patrimonio. El propio Gobierno reconoce que se trata de un edificio catalogado como patrimonio edilicio; sin embargo, los vecinos desconfían: mientras se promete “puesta en valor”, el proyecto legislativo habla de expropiaciones totales. El informe de enelSubte advierte que no se trata de un caso aislado: sobre la traza aparecen otros inmuebles sensibles, como la esquina de Callao y Corrientes —donde funciona la emblemática librería y disquería Zivals— incluida en el paquete de expropiaciones para la estación Corrientes. Para quienes viven y trabajan en la zona, la pregunta es siempre la misma: ¿cuántos edificios con valor histórico o identidad barrial van a quedar “en obra” —o directamente en manos del Estado— para que el subte avance?

La desconfianza no nace de la nada. En asambleas barriales y charlas al paso aparece el antecedente de la Línea H: predios expropiados para accesos que terminaron durante años como terrenos degradados o espacios subutilizados, un fantasma que sobrevuela cada promesa de “equipamiento urbano”. Mientras tanto, en el Mercado San Cristóbal un grupo de trabajadores mantiene presencia dentro del predio para cuidar lo poco que queda en pie del día a día. La escena se repite: locales abiertos hacia la calle, pasillos internos vacíos, ecos en un edificio cargado de historia. Y, en la fachada, una consigna que ya funciona como resumen y advertencia: “El mercado no se toca”.

Lo que dice el proyecto

  • Expropiar el inmueble de Av. Entre Ríos 752 para construir un acceso (y áreas asociadas) de la estación “Chile” de la futura Línea F.
  • Integrar el acceso del subte con el mercado y realizar una “puesta en valor” del edificio.
  • Evaluar usos complementarios, con menciones a propuestas culturales (por ejemplo, relocalizar el Museo del Cine).
  • Replicar este esquema de accesos e instalaciones en otros puntos de la traza, con expropiaciones de inmuebles para distintas estaciones.
Lo que temen los comerciantes

  • Que la expropiación termine en un desalojo de hecho y en la pérdida de su fuente de trabajo.
  • Que la promesa de “puesta en valor” no alcance para proteger el patrimonio y que el edificio sufra intervenciones irreversibles.
  • Que el alcance real sea una expropiación total y que el mercado deje de funcionar como tal.
  • Que el antecedente de otras obras (como la Línea H) se repita: accesos demorados, predios degradados o espacios subutilizados durante años.

 

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