Mítico Tren Argento: un recorrido por la América profunda

Este viernes 17 de abril, cuando caiga la noche, un tren imposible volverá a ponerse en marcha.
A las 20 horas, en General José Gervasio Artigas 2262, del barrio de Flores, el grupo de teatro antropolúdico itinerante estrena Mítico Tren Argento, obra escrita por Rodolfo Kusch. La entrada es libre. La salida a la gorra.

Mítico Tren Argento no es una obra para mirar desde la butaca. Es un viaje. Un cruce. Un camino entreverado. Y una herida que no quiere cicatrizar.
En el interior de un vagón sin tiempo, los pasajeros son arrastrados a un recorrido por la historia negada de las tierras de este continente. Un viaje que no avanza hacia adelante, sino hacia lo profundo, hacia lo que persiste como la hierba mala entre las vías del progreso.

El tren parte de los llanos riojanos, donde agoniza el último caudillo federal —Estación Peñaloza—. Continúa por la pampa de los gauchos perseguidos, degollados por la ley y el olvido —Estación Moreira—. Atraviesa luego el arrabal urbano, desvelado, arrastrado por el tango y la pena —Estación Enrique Santos—. Y finalmente llega a la Estación Presente, entre sirenas, asfalto, voces y cuerpos rotos, donde el pasado sigue hablando con la áspera voz de la intemperie y la ignominia.

En cada parada los mitos populares reaparecen, como fantasmagóricas estampas de un pasado que no pudo ser y como restos vivos de una historia truncada que aún respira. Porque nada muere del todo mientras alguien lo recuerde. Y porque olvidar también es una forma de matar.

Esta pieza teatral dialoga con el pensamiento de Rodolfo Kusch, evidenciando cómo su trabajo sobre la cultura popular americana y el pensamiento indígena fue el humus donde germinó su filosofía. El Mítico Tren Argento pone cuerpo, máscara y voz a ese pensamiento, hasta empujarlo contra los límites de un saber académico que insiste en mirarnos desde categorías importadas.

El tren avanza hacia una Argentina yuyo: parda, marginal, subordinada; una Argentina que no entra en los manuales, pero sigue creciendo en las orillas, donde nadie la quiso sembrar. Allí aparece el Opa, conjurando el drama existencial de un país escindido, mientras se recrean fragmentos de La muerte del Chacho Peñaloza, La leyenda de Juan Moreira y Tango Mishio, como esos brotes de hierba mala que se niegan a desaparecer.

Este proyecto nace dentro de la comunidad @cultura.yuyos, red de artistas, docentes, investigadores y comunidades que trabajan para interpelar el espacio público desde eso que Kusch llamó Gran Arte: una expresión de la sabiduría monstruosa, hedienta y vital de América, del Abya Yala.

Su lema: “No hacemos teatro para entretener. Hacemos teatro para recordar. Para incomodar. Para meter los pies en el barro. Militamos un arte yuyo desamparado, crítico, indócil. Un arte que crece al costado del camino, lejos de los centros pulidos, y que insiste aunque intenten arrancarlo”.
Eso es el Mítico Tren Argento. Y eso es lo que se pone en juego cada vez que vuelve a arrancar.

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