Pobreza en Argentina: mediciones discutidas y vidas que se tensan
por Cristina Peña
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) elaboró un informe sobre la evolución de la incidencia de la pobreza y la indigencia en nuestro país, que revela una realidad que supera los porcentajes. No se trata únicamente de un documento técnico o de una mera estadística, sino de una fotografía de cómo se vive, se mide e interpreta la pobreza en Argentina durante el primer semestre de 2026.
Como toda historia compleja, esta tiene varias capas: los números que suben, los ingresos que “mejoran” sin mejorar, las canastas que no reflejan lo que cuesta vivir y los trabajadores que, aun con empleo, no logran escapar de la vulnerabilidad.
La pobreza vuelve a crecer
El informe abre con una escena conocida y no por eso menos alarmante: la pobreza alcanzó el 32,3% y la indigencia llegó al 7,5%. Son cifras que avanzan respecto del semestre anterior. “Durante el primer semestre de 2026, la población que vivió en la pobreza llegó al 32,3%”, señala el informe de CEPA, que también deshilvana la trama detrás de esa cifra, y allí la historia se vuelve más intrincada. Buena parte del informe se dedica a explicar que la medición oficial de la pobreza cambió: lejos de ser menor, altera la forma de ver la realidad.
¿Por qué sucede esto? Por la simple razón de que la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) incluyó preguntas relativas a la informalidad laboral, por esta razón, en la medición oficial aparecen «más ingresos».
Desde fines de 2023, se contabilizan ingresos pensados que se mantenían fuera de la estadística: la Tarjeta Alimentar, becas, ayudas de ONG, pensiones no contributivas. “Estas modificaciones no implican una mejora real en los ingresos de las personas, sino una mejora en su captación estadística”, apunta el informe del CEPA.
Es decir, los hogares no están mejor, pero ahora parecen estarlo en los números.
La caída del salario formal e informal
Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, el salario de los trabajadores no registrados creció 36,3% en términos reales. Un salto que, en cualquier otro contexto, sería una buena noticia. Pero el CEPA lo mira con desconfianza.
El mercado laboral está contractivo, el desempleo sube, los salarios formales caen. ¿Cómo puede ser que el salario informal se dispare? La respuesta del CEPA es clara: no se disparó, se midió diferente.
Una canasta que no alcanza a costear la vida real
La Canasta Básica Total (CBT) se calcula a partir de la Canasta Alimentaria (CBA) y de un coeficiente que debería reflejar cuánto gastan los hogares en bienes no alimentarios. Pero ese coeficiente se sustenta en patrones de consumo de hace más de una década.
El resultado: la CBT queda artificialmente baja y más hogares quedan por encima de la línea de pobreza aunque sus ingresos no hayan mejorado.
Más allá de las mediciones, el CEPA describe un país en el que la vida diaria se hace cada vez más difícil. Los alimentos siempre están en el centro del drama. La inflación del rubro promedió 2,8% mensual, siendo enero el mes en que el índice alcanzó el 4,7%. En tanto que la desaceleración posterior no alcanzó para aliviar los bolsillos.
En paralelo, el salario mínimo cayó 11% interanual y acumula una pérdida del 39% desde 2023. El RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables) también retrocedió; vale tener en cuenta que se trata del índice que calcula el promedio de los salarios sobre los cuales los trabajadores en relación de dependencia aportan al sistema previsional. Mientras que los programas sociales perdieron entre 15% y 25% de poder adquisitivo.
El empleo, en tanto, es un terreno que se encoge a diario: la desocupación llegó a 7,9%, el nivel más alto desde 2021. El empleo informal, lejos de mejorar, se volvió más precario.
Increíblemente, como hace más de un siglo, el nuevo rostro de la vulnerabilidad es el de los trabajadores pobres. Este es uno de los capítulos más duros del informe, que analiza a los trabajadores registrados del sector privado y señala que la mediana salarial alcanza apenas el 90,8% de la Canasta Básica Total.
La mitad de los trabajadores formales no puede mantener una familia tipo. Por lo tanto, el trabajo dejó de ser garantía de bienestar.
El informe concluye con un diagnóstico y una advertencia. La pobreza creció por razones económicas claras —inflación, caída de ingresos, deterioro laboral—, pero también por la forma en que se mide. La combinación de ambos factores deja un país en el que los hogares no mejoraron, pero las estadísticas dicen que sí; los trabajadores formales no llegan a fin de mes; los programas sociales ya no compensan la pérdida de ingresos; la canasta oficial no refleja el costo real de la vida diaria.
La advertencia: Si la inflación en alimentos no baja y los ingresos no se recuperan, la pobreza podría seguir creciendo en el segundo semestre de 2026.
