Repensar e intervenir los juicios de lesa humanidad

Mientras en este momento hay 24 juicios de lesa humanidad abiertos en nuestro país, Raquel Robles y Monica Zwaig hablan sobre sus experiencias en estos procesos en los que se analizan las responsabilidades de las Fuerzas Armadas y de Seguridad por los secuestros, desapariciones forzadas, ejecuciones y torturas.

Ante el Tribunal Oral 1 de San Martín, que investiga la desaparición de sus padres en 1976, la periodista, escritora y docente Raquel Robles declaró y se preguntó: “¿Dónde están mi mamá y mi papá? Estoy en pelotas frente a la Justicia”, se quitó la ropa y mostró los nombres de 500 desaparecidos y desaparecidas escritos en su cuerpo en el final de una declaración que fue de manera virtual debido a la pandemia.

“Fue muy duro declarar de manera virtual, hice todo lo posible por evitarlo, hasta último momento intenté ir a los Tribunales aunque estuviera sola pero no me fue permitido a pesar de que los jueces estaban ahí de cuerpo presente y la fiscal también”, explica Robles a Télam sobre su testimonio en la megacausa Campo de Mayo.

En su declaración en agosto pasado, la declaración de la hija de Flora Celia Pasatir y Gastón Robles, detenidos y desaparecidos el 5 de abril de 1976, aseveró que “44 años después la Justicia no es Justicia” y su declaración generó una increpación que se hizo palabra en la voz y en el cuerpo.

Acerca de ese final, la escritora dice que haber estado en su casa y no en los Tribunales no la impulsó a terminarlo del modo en que lo hizo porque quería hacer eso de manera presencial: “Que fuera virtual me complicó bastante y dudé mucho de qué hacer porque mi idea era hacerlo acompañada de compañeras que me hicieran la segunda no solamente con su presencia sino con la propia performance también así que eso fue una gran complicación”.

Los padres de la abogada, escritora y dramaturga Monica Zwaig se exiliaron durante la última dictadura cívico militar en Francia, donde ella nació en 1981. De regreso a la Argentina, uno de sus trabajos fue con Félix Bruzzone en la performance “Cuarto intermedio. Guía práctica para audiencias de lesa humanidad” en la que indagaron en las formas de contar esas instancias.

“Con Félix intentamos escribir juntos un libro sobre los juicios, estuvimos durante años recolectando información, anécdotas. Algunas cosas empezamos a redactar pero es un universo tan inabarcable y gigante, y que hay que actualizar todo el tiempo, un trabajo que no terminaba nunca”, explica quien por su trabajo pasó por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el Programa Memoria y Lucha contra la Impunidad -donde realizó una tarea de investigación en la Unidad Especial de Investigación de Conadi (Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad).

La autora de “Una familia bajo la nieve” dice que le ofrecieron a Bruzzone un espacio para hacer algo performático y le planteó que los juicios sean el eje central ya que tenían “material en común”. “Vengo más del mundo del teatro y tenía ganas de crear algo en vivo sobre esa temática. Además de que me interesaba abordar y aprovechar la parte teatral que hay en los juicios en general”, relata.

¿Cómo fueron esas devoluciones? “En la obra en algún momento recreamos una audiencia de un juicio de lesa humanidad y pedimos la participación de voluntarios. Fue muy sorpresivo y muy lindo ver el rol que elegían las personas que participaban”.

En ese sentido cuenta que hubo “víctimas sobrevivientes que decidieron actuar de abogados defensores, hijos de desaparecidos que actuaron de jueces, personas que no tienen nada que ver con esta historia que actuaron de testigo sobreviviente y sobrevivientes que no quieren hablar del tema que actuaron de fiscal. Ver el rol que cada uno quería tener en el juicio, fue la parte más sorpresiva y emocionante de esta obra performática”.

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