San Telmo en cuarentena

El parate de las actividades culturales ha perjudicado a cientos de artesanos y artesanas, manualistas y feriantes que se encuentran con las calles despobladas y la imposibilidad de conseguir ingresos. La ausencia del Estado a todos los niveles y la solidaridad desde abajo son los condimentos que nutren por estos días al histórico barrio.

por Mariano Pagnucco y Alejandro Volkind

La postal de San Telmo en cuarentena parece de otro siglo: un eco herido que rebota en calles semi-vacías, las persianas bajas de los negocios con brillo de plata y mármol, sombras de turistas que no están, la feria y sus pobladores en pausa, humo de ollas populares para apagar el crujido multiplicado de los estómagos con hambre. Uno de los motores culturales de la Reina del Plata padece el aislamiento social obligatorio como una herida profunda en su historia de porteñidad.

Sita Díaz, experimentada artesana de sahumerios cuyos aromas han recorrido todos los puntos cardinales del planeta, le pone palabras a la tristeza por este presente desangelado: “Lo que se extraña es el barrio, la calle, la fiesta pagana de los domingos, la libertad de circulación, poder disponer de tus horarios, de reunirse con amigos… de a poco se extrañan los amigos”. Sita, como tantos y tantas que hacen de la venta en puestos y mantas un modo de vida, se ha quedado sin la posibilidad de ofrecer sus artesanías en el espacio ferial más importante de la ciudad.

La prohibición de la circulación en el espacio público, como medida sanitaria contra la propagación del Covid-19, ha sacudido el corazón de San Telmo tanto como los bolsillos de ese colectivo artesano y manualista que ha puesto al barrio sureño en el GPS del turismo mundial.

Pero el freno generalizado a la actividad económica que supuso la cuarentena, también dejó al descubierto la brecha real a ambos márgenes de la frase “Quedate en casa”. De un lado, quienes tienen ingresos garantizados y pueden mirar la pandemia por televisión o redes sociales; del otro, quienes deben salir a la calle a buscar el mango para parar la olla.

Por eso en el San Telmo atípico del año de la (nueva) peste, las ollas tienen un gran protagonismo: las que ponen al fuego organizaciones sociales, espacios comunitarios y un batallón silencioso de vecinos y vecinas conscientes de que la salida –una vez más– es colectiva y solidaria.

Sálvese quien pueda
El virus del trabajo detenido afecta a diversos sectores de San Telmo: tradicionales anticuarios y anticuarias de la Plaza Dorrego, artesanos, artesanas y manualistas de la Feria Humberto Primo, artistas visuales, la feria del pasaje Giuffra, el pasaje San Lorenzo y quienes tienen puestos sobre Defensa al 700. “Y las seis cuadras de la feria de Monserrat desde el 100 al 600 de la calle Defensa”, explica con precisión santelmina Roberto Bernard, que además de ser artesano ostenta las siglas NYC: un auténtico “nacido y criado” en el barrio.

En la dispersión de locaciones y oficios, quienes conocen el paño estiman que la población artesana de esa zona abarca a no menos de 1.000 personas. “En su mayoría están pasando por una situación extrema, sin poder trabajar desde hace más de dos meses y tratando de sobrevivir como pueden”, advierte Roberto. ¿Qué asistencia les ofreció el Gobierno porteño hasta el momento? “La respuesta a los pedidos colectivos de ayuda fue nula”, señala.

Sita coincide en el diagnóstico: “Desde el comienzo de la cuarentena todos los delegados hemos presentado notas al Gobierno de la Ciudad pidiendo bolsones y otras ayudas, como subsidios o créditos accesibles. No nos han contestado nada”. Las autoridades del distrito más rico de la Argentina han derivado toda la responsabilidad al Estado nacional: “Algunos tuvieron acceso al IFE (Ingreso Familiar de Emergencia), pero una gran cantidad no”, dice Roberto. “A muchísimos compas se les negó el IFE con el criterio de una máquina”, se enoja Sita.
La artesana de los sahumerios, que aprendió el oficio de su papá, cuenta que sus colegas se la rebuscan como pueden y, en algunos casos, hasta canjean su producción artesanal por alimentos. Frente a los discursos públicos sobre el alcance masivo del IFE, Sita reclama: “No hubo una forma de demostrar que una persona realmente trabaja autogestivamente. Muchos compañeros que viven de las ferias y que su trabajo es demostrable, no recibieron nada”.

Hambre de Estado
Sobre la actitud del Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, Roberto dice que recién cuando empezaron a organizarse desde las bases enviaron “a una persona del área administrativa para tratar de calmar el reclamo, con una maniobra muy evidente de distracción para estirar el tiempo y que nada pase”. Artesanos, artesanas y manualistas exigen asistencias estatales de todo tipo: desde bolsones de alimentos hasta subsidios para comprar materias primas. Sita cuenta que el precio del alcohol, que ella utiliza para los sahumerios, se fue por las nubes.

Lo mismo sucede con la plata y otros insumos habituales en los talleres artesanos.

Como la política pública que llegó desde el Ejecutivo porteño fue la ausencia, desde los colectivos de artesanos, artesanas y manualistas accedieron directamente a un diálogo con Desarrollo Social de Nación. La respuesta, a propósito del pedido de bolsones de alimentos, fue curiosa: “Hagan una lista de las personas más necesitadas”, les dijeron.

Sita se indigna: “¿Cómo nos van a pedir que elijamos a quienes darles de comer? ¿Cómo nos va a responder eso el Estado nacional, que está pagando la mitad de los sueldos de los CEO? Supongamos que un CEO gana 80.000 pesos y el Estado cubre 40.000. Bueno, esa plata equivale a cuatro veces el IFE. Parece una cargada que nos pidan que señalemos a las personas más necesitadas”.

El nombre más conocido
Roberto comenzó a vender sus artesanías en la feria en 1981. Habla del “privilegio de vivir el día a día” en las calles del barrio. ¿Cómo le afecta esta nueva normalidad de quietud? “Por la interrelación con los vecinos de toda la vida, las historias en cada esquina y cada rincón del San Telmo en resistencia, los que somos de acá lo sufrimos doblemente: por ver el barrio vacío y por no poder trabajar”.

El muro de Facebook de Roberto es el medio de comunicación más adecuado para entender la entraña santelmina. Desde el repudio a la violencia que soportaron el año pasado cuando la Policía de la Ciudad llevó adelante una represión con detenciones y decomisos injustificados a feriantes, hasta las movidas artísticas y culturales que suceden en las callecitas adoquinadas, su página personal tiene información actualizada. Lo que ahora le ocupa tiempo y preocupación a Roberto es el hambre de los eslabones más olvidados por Larreta y su equipo.

Por eso él, conocedor del territorio, es el nexo involuntario entre varias organizaciones y grupos vecinales que confluyen en una red que reúne ollas populares, donaciones (alimentos, artículos de limpieza, ropa) y contención humana a personas en situación de calle y personas en situación de cuarentena con necesidades vitales agravadas.
Los lunes toma la posta la olla popular de Parque Lezama, los miércoles Lazos Solidarios, los sábados el Centro Cultural El Galeano, los domingos la Asamblea de Plaza Dorrego y la rueda humanitaria no para de girar para hacerle frente a la peste. En el medio de todo está Roberto, referente y compañero de tantísimas causas.

Postales callejeras de humanidad
Es miércoles y llueve. El agua (que falta en la Villa 31 mientras crecen las muertes por Covid-19) se acumula en las baldosas y los adoquines de San Telmo. Las hornallas de la casa de Gabriel Galeano, que participa en Lazos Solidarios junto a unas 10 personas, se prendieron a media tarde para cocinar las viandas que serán repartidas a la noche. Hoy toca arroz con guiso de lentejas.

Silvina Gonfer y Analía López Cincotta, las dos cocineras principales, son vegetarianas y definen el menú: “Lo que buscamos es que los platos sean ricos, calentitos y nutritivos”. Una semana atrás, la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) les hizo una donación grande que guardaron en la sede de la Fundación Mercedes Sosa.

Alejandro Cardozo, de Lazos Solidarios y la Fundación, habla del trabajo coordinado con otras organizaciones: “Si hay algo que a uno le sobra, se lo va pasando al resto. Nosotros, por ejemplo, ahora tenemos muchas donaciones de ropa y entonces las distribuimos”. La olla popular de Parque Lezama, Hecho en Buenos Aires, el Hotel Zavalía (tiene más de 200 familias) y otros espacios similares son parte de la red armada en el barrio.

Entre las particularidades de Lazos Solidarios está la recorrida que hacen por las calles. Alejandro: “Vamos a ver a quienes están en Defensa e Independencia, en el Carrefour de Independencia, en Perú y Chile, a una ranchada que está sobre la Aduana, a quienes duermen sobre Paseo Colón, las ranchadas debajo de la autopista de San Juan. Y después hay gente a la que le llevamos, que es gente que se quedó sin recursos o artesanos”.

Gabriel destaca la solidaridad del vecindario: “Tuvimos mucha repercusión en la barrio y eso se reflejó en la cantidad de donaciones, mercadería, ropa, dinero. Todos los días te escriben vecinos, hay muchos voluntarios con los que clasificamos la ropa. Pocas veces tuvimos que poner guita nosotros, casi todo son donaciones”. Por ahora cubren 60 raciones por miércoles. “Muchas veces pensamos en agregar otro día –dice Alejandro–. Voluntarios tenemos, pero tampoco sabemos si vamos a contar con la materia prima para cocinar”.

En las recorridas nocturnas aparecen postales de humanidad difíciles de explicar, dice Gabriel: “En Constitución, frente a la plaza, damos como 18 viandas. El otro día fuimos y nos dijeron ‘ya comimos’, y por ahí tenés la intención de dejársela, pero te dicen ‘dásela a otro’. Y eso es con todos: ‘dáselo a otro que lo va a necesitar, yo ya comí’. Y eso me sorprende, porque uno piensa que se lo pueden guardar para comer al otro día, pero no, entre ellos impera la solidaridad”.

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Fotos: Roberto Bernard, Lazos Solidarios, Asamblea Plaza Dorrego, Olla de Parque Lezama, Télam

2 comentarios en “San Telmo en cuarentena”

  1. Muy buena la nota actual y muy real soy artesano de defensa al 600 y larreta no se hace cargo de nada nunca

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