Sobre la dependencia y frivolidad de la “literatura” argentina

Segunda entrega de la entrevista realizada al periodista, escritor y filósofo Vicente Zito Lema por Mariane Pécora.

Es casi mediodía, observo el techo vidriado de la cocina de la casa de Zito Lema, donde se filtran algunos rayos de sol. Maira, una de sus gatas salta desde el centro de la mesa hasta el desayunador. Necesita llamar la atención o tal vez lo haga por simple instinto felino. La entrevista deriva ahora a la literatura, la filosofía, la autogestión y el compromiso social.

– Cómo repercute esta dinámica capitalista en la literatura argentina: ¿qué pasa con la subjetividad?, ¿cómo va cambiando?, ¿hay voces que se hacen eco de lo que está pasando?

– Yo sigo manteniendo los talleres de escritura, eso hace que esté permanentemente en contacto con gente que escribe, tanto en las cárceles, en los manicomios, como en la vida cotidiana. Tengo la impresión de que los jóvenes mantienen viva una tradición literaria de no escribir de espalda a la realidad. También percibo que muchos de los escritores más publicados y que tienen gran repercusión mediática, en buena medida están entregados al sistema. Cierran los ojos, el corazón, la conciencia, frente a la realidad y así obtienen su premio: les publican el libro, logran reconocimientos, ganan concursos. El castigo es que a los pocos años toman a otro y pasan al olvido. Son usados porque el sistema necesita del escritor del momento, del intelectual del momento, del cineasta del momento.

– ¿Qué piensa, por ejemplo, de los grupos que se nuclean en Eterna Cadencia, la revista Ñ, o en la corriente de Lamborghini y de Cesar Aira?

– Están de moda un momento y después caen en el olvido. La pregunta es: ¿por qué la gente se prende tan rápidamente de esas tendencias? Se prende porque comprometerse con la realidad siempre ha sido peligroso. Y es peligroso porque te plantea profundas contradicciones en tu vida cotidiana. ¿Cómo hacés para evadirte del desafío que implica hacer coherente tu vida cotidiana con la belleza y con la ética? En general, para los escapes de las ilusiones al compromiso con la vida, aparece la necesidad de crear una complicidad. No desde el amor, ni de la potencia de los actos plenos, sino desde los actos ilusorios. Desde el autoengaño. Es más fácil engañarse junto a otro, que tener el coraje de engañarse solos. Así nacen estos espacios. Que son la representación de la muerte, porque ni siquiera se animan a enfrentar la muerte. No se trata de un nihilismo total de alguien que se mete con las drogas hasta que se muere. Es un falso escape. No sos realmente potente en tu no compromiso con la realidad. Porque podés escaparte del compromiso con la realidad, pero no podés escaparte del compromiso con tu vida y con tu muerte, como un Edgar Allan Poe o como Jacobo Fijman. No. Son espacios donde la gente se siente bien, como en una secta, donde lo único que tienen en común es la mentira. Y cuando varios mienten en grupo hasta se la pueden creer. Ese es el triste tema de fondo.

El rostro moreno de Vicente Zito Lema contrasta con su cabellera blanca y espesa. Habla con la serenidad de quien no necesita medir sus palabras. No todas las personas pueden soportar esa libertad -me digo-. La mayoría necesita seducir, mentir, herir, ofender, para saborear una migaja de poder o sentir algo de libertad. Convengamos que poder y libertad no siempre son términos compatibles.

– Hay gente que de alguna manera es cómplice de un mundo inhumano y trata de satisfacer sus necesidades. No desde el bien común sino desde su potencia egoísta. Y las potencias egoístas son propias de la humanidad. Es la subjetividad que únicamente sirve para los actos del narcisismo. Como dice Nietzsche: siempre hay un arte apolíneo y un arte dionisiaco. Hay algunos apolíneos que en sus diversas expresiones siempre están con el poder a través de la historia. Y hay otros dionisiacos, que con la lengua de la época siempre están cuestionando al poder. Ese es el verdadero eje de la división del arte. Nietzsche también dice que a veces no es tan claro diferenciar quién está de un lado y quién está del otro. Hay algunos de una manera u otra siempre bien parados. Borges, por ejemplo, de una manera u otra siempre estuvo bien parado con el poder. Y bueno esa también es una forma de entender al mundo, de cantarlo. Algunos lo hacen espléndidamente como él, pero siempre dentro de la lógica de no cambiar nada.

– La revista Ñ, por ejemplo.
– Exacto. Ese es el ejemplo mayor. En cada época hay revistas que la resignifican, revistas que la contradicen. Pero todo eso es parte de lo dialéctico de la humanidad.
– ¿Cómo se puede revertir esta tendencia desde la escritura, desde la creatividad y desde el trabajo de todos los días?

– Teniendo conciencia de que así como existen ellos, hay otra gente que realmente pelea y dice cosas hermosas. En la Universidad de los Trabajadores en IMPA, permanentemente hacemos muestras de arte, de fotografía, recitales. En julio estuvo la gente de Córdoba que está participando en los juicios de La Perla y trajeron treinta fotos de escritores y periodistas desaparecidos en esa provincia. Después hubo jóvenes que leyeron sus poemas, que no hablaban de los desaparecidos, sino de los sueños de los desaparecidos. De cambiar el mundo. De generar vínculos de amor y no de interés. Luego vinieron las bandas. Creo que ésas son las voces que expresan, con el lenguaje de la época, los grandes sueños de la humanidad. Hay gente que hace teatro, cine, revistas. Ese mundo existe. Está vivo. Y con una potencia impresionante. Tiene en contra que los medios comerciales no le dan nunca espacio y no entran nunca en el circuito de la moda.

IMPA es la primera fábrica recuperada y autogestionada por sus trabajadores, que funciona sin patrón. Un modelo que rompe de raíz el paradigma capitalista porque en sus instalaciones funciona un Centro Cultural, un Bachillerato Popular y la Universidad de los Trabajadores, que dirige Vicente Zito Lema. La experiencia de los trabajadores de IMPA se viene reproduciendo hasta la actualidad, en cada fábrica o empresa que cierra en el país. Le pregunto a Vicente cuánto incidió la revuelta popular de 2001 para impulsar iniciativas de autogestión.

– En el 2001 la sociedad comenzó a cuestionar todo lo que estaba instaurado como única verdad. Y a partir de ese cuestionamiento. Y de esa crisis. Nacieron muchas producciones autogestivas. Como diría Marx, la violencia es la partera de la historia. El auge de los derechos humanos vino a caballo del exterminio de la segunda guerra mundial. El surrealismo, el gran movimiento cultural del siglo XX, surge también como consecuencia de la primera guerra mundial, cuando se dan cuenta de que el orden establecido era una mierda y comienzan los movimientos dadaístas, primero y el surrealismo después. Yo soñaba que aquí, después de la Dictadura Militar iba a darse un movimiento fuerte. No se dio.

– Pero hubo una primavera…
– Sí, pero como vos decís, fue una primavera. Luego algo pasó. La ruptura de las generaciones. Mucha gente muerta. No todos los que regresamos del exilio tuvimos la suerte o la fuerza de volver a conectarnos. Los que estaban sentían que la mirada nuestra podía ser condenatoria. Se generaron reacciones muy fuertes que impidieron la reinserción crítica de quienes estuvimos afuera. También es cierto que estamos viviendo un tiempo muy interesante. Una época de ebullición, donde hay mucha gente, que se acerca de vuelta a la política, al arte. Es muy importante que la gente se mueva. Porque de la quietud no nace nada, tan solo perdura la muerte. La vida necesita de la contradicción. Cuando las cosas se mueven pueden nacer cosas equívocas y cosas positivas, pero sin movimiento no hay vida.

– ¿Qué opinión tiene sobre la virtualidad, las redes sociales y las nuevas subjetividades?
– Me genera una idea respetuosa y compleja. Somos hijos de lo que Hegel llama el espíritu de la época. Reconozco que cada época tiene su espíritu crítico, su lenguaje, sus necesidades: reales o impuestas. El impacto de este nuevo mundo tecnológico lo veo como muy ligado al discurso visual y yo soy hombre del discurso escrito, de la palabra, del contacto. Me gusta mirar a la gente. Me gusta escuchar y ser escuchado, pero con los cuerpos. Cuando el cuerpo está tan ausente, siento como que se me cuestiona mi formación y también mi deseo. No comulgo con las representaciones, sino con las autenticidades. Y lo virtual es pura representación. No está el ser, sino su representación. Mi sospecha sobre la virtualidad es que es la mentira de la vida. Que en ciertas circunstancias se vuelve como una necesidad, porque a veces no se puede estar en el hecho. Y la virtualidad es una forma de acercarse. El riesgo que se corre es que, pudiendo estar en el hecho, se prefiere no hacerlo y volverlo representativo.

– ¿La presencia del Otro concreto nos determina?
La presencia del Otro me permite sentir mejor lo que dice. Saber si me está mintiendo y saber hasta dónde está comprometido con su discurso. La psicología social es parte irreductible de mi vida. No he dejado de trabajar en el mundo de la psicología social desde que me crucé con Pichón Rivère.

-¿Cómo se puede cambiar el mundo desde la psicología social?
Siempre hablo de derechos humanos y vida cotidiana. Ese concepto de vida cotidiana me lo enseño Pichón Rivière. Me enseñó a tener otra mirada. Él me decía: Vicente, vos ves siempre el mundo desde la poesía, desde la filosofía… Vas a tener que aprender a ver el mundo en los actos concretos de la vida cotidiana. Cambié mi manera de escribir, en lugar de ser tan metafísico empecé a narrar hechos reales. Trato de mostrar cómo juegan los derechos humanos en nuestra cotidianeidad, cómo se aplican. No desde el discurso, sino con el Otro concreto. Creo que hay plantearse una filosofía de la psicología social, tenemos que preguntarnos: ¿cuál es su sentido final? La psicología social, como toda ciencia, como todo arte, necesita de una filosofía que le dé sentido.

– Y, ¿cuál sería esa filosofía?
La que trabajo desde la psicología social, donde reflexiono sobre la filosofía de la pobreza, sobre el arte y sobre derechos humanos, sobre la cotidianeidad… La vida cotidiana le da cauce a mi mundo de escritor, de artista, de pensador, de periodista… Esa es mi gigantesca gratitud con Pichón Rivière que, como buen maestro, me permitió seguir mi propio camino.

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Hoja de vida: Vicente Zito Lema nació en Buenos Aires en 1939. En 1961 se recibió de abogado. Discípulo de Enrique Pichón-Rivière, con quien fundó la primera cátedra de estudio de los mecanismos de creación artística en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En 1964 fundó la revista de poesía Cero, que dirigió hasta 1967. En 1969, fundó y dirigió la revista literaria Talismán, desde donde reivindica la figura intelectual de Jacobo Fijman. En la década del ’70 se vincula con distintas revistas como Liberación, colaborando con Julio Cortázar y Rodolfo Walsh; Nuevo Hombre; y Crisis con Eduardo Galeano, Haroldo Conti y Federico Vogelius. También integra el grupo literario Barrilete, junto a Roberto Santoro, Miguel Ángel Bustos y otros poetas. En 1977 se vio obligado a exiliarse del país, y se radica en Holanda. Durante el exilio integró la Comisión Argentina por los Derechos Humanos (CADHU) junto a Julio Cortázar y David Viñas. A finales de la década del ’70 escribe Mater, obra de teatro sobre la gestación de Madres de Plaza de Mayo y su lucha. En 1983 se radica nuevamente en Buenos Aires, escribe en Crisis y funda la revista Fin de Siglo. En la década del ‘90 colabora en la revista La Maga. En el año 2000 funda la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, de la cual fue rector hasta 2003. Dirigió la revista Cultura y Utopía, de la Universidad Popular Madres Plaza de Mayo. Publicó una treintena de libros, algunos de los más recientes son Delirium teatro, Lengua sucia, El Bronce sonríe, La pasión del piquetero, Los manifiestos de la locura, Belleza en la Barricada, Luz en la Selva, Locos de noche, Diálogos y contraolvidos y Conversaciones con Enrique Pichón Rivière. Es autor de 12 obras de teatro. Es director académico de la Universidad de los Trabajadores en la fábrica recuperada IMPA. En mayo de este año recibió el título “Doctor Honoris Causa” en la Universidad Nacional de Río Cuarto, de la provincia de Córdoba, premio que dedicó a sus colegas desaparecidos en manos de la última dictadura militar, con las siguientes palabras: “Recibo este honor en representación de muchos intelectuales, de muchos trabajadores, de muchos escritores y básicamente de muchos militantes de la vida que pagaron con el cuerpo y con su espíritu el peor de los pecados: haber soñado…”
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Ver también: Vicente Zito Lema: “La violación de los derechos humanos es una necesidad del sistema”

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