#8M. Sostener el cielo

Brenda
Agustina
Octavia
Jordana
Guadalupe
Eliana
Fátima
y, seguramente, Claudia.
“Marzo lleva más femicidios que días”. La joven diputada porteña Ofelia Fernández (FdT),  hizo esta reflexión durante su primera intervención en la Legislatura porteña el 5 de marzo pasado.

Según un informe del Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven, cada 23 horas una mujer es asesinada por violencia machista en el país. Desde comienzos de 2020 se registraron alrededor 70 femicidios; en enero fueron asesinadas 34 mujeres; en febrero 29 y en los primeros 8 días de marzo 7.
La cifra es tan alarmante, como horripilantes cada uno de estos crímenes. Mujeres baleadas, quemadas vivas, descuartizadas, atropelladas por sus parejas, enterradas, quemadas en una parrilla, violadas y empaladas, arrojadas al río, tiradas dentro de un pozo de agua. La saña y violencia puesta en cada uno de estos femicidios hablan de un patriarcado sano, empoderado, que considera a la mujer como un objeto. Un objeto, que cuando no le sirve, lo descarta.

Descartadas fueron las 129 trabajadoras textiles que murieron incineradas en la fábrica Cotton Textile Factory, en Washington Square, Nueva York, un 8 de marzo de 1908. La patronal las encerró en los talleres para impedir que se unieran a la huelga iniciada por 40.000 costureras industriales que demandaban el derecho de unirse a los sindicatos, entonces y como hasta hoy, comandado por varones; también reclamaban por mejores salarios, una jornada laboral de ocho horas y repudiaban el trabajo infantil. Nada más humano.

Como sucedió siempre en la larga historia de la humanidad, hizo falta una masacre o, más bien, un femicidio masivo, para que las mujeres pudiéramos dar un paso adelante. En 1910, Clara Zetkin, integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección, propuso durante el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, conmemorar cada 8 de marzo Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En 1977, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hizo propia esta propuesta y declaró este día como una jornada de reflexión sobre las situaciones de igualdad y equidad entre hombres y mujeres.

Que quede claro: el 8 de marzo nada se festeja. Es un día de lucha y de conmemoración. Este año un inmenso dolor, una inmensa preocupación y una inmensa vocación de lucha nos pone nuevamente en las calles. ¡Nos están matando! !Nos están aniquilando! ¡Nos están descartando! Existe toda un cultura del consumo que promueve la lógica de la objetivación y por lo tanto del descarte.

La Ciudad de Buenos Aires no es una isla, también conforma el mapa de femicidios. La legisladora Laura Velasco (FdT) dio una cifra: el año pasado, seis mujeres fueron asesinadas por violencia machista en el territorio porteño. Entre ellas, Carla Soggiu, la joven arrojada al Riachuelo luego de activar en dos oportunidades el botón antipático que llevaba por orden judicial. En la sesión del jueves 5 de marzo, la Legisladora porteña Lucia Cámpora (FdT) responsabilizó a Diego Santilli por la falta de investigación respecto a la falla de este dispositivo. “Los femicidios son la cara más violenta de una desigualdad que padecemos todos los días las mujeres”, dijo y denunció que el presupuesto que el Gobierno de la Ciudad destina a los centros integrales de la mujer es inferior al que asigna al arreglo de aceras. También advirtió que estos organismos están en manos de ONGs.

Mientras el Gobierno porteño, a través del ministerio de Cultura, anunciaba que dedicará todo el mes de marzo a “reflexionar acerca del rol de las mujeres y la problemática de género”. La legisladora Laura Velasco (FdT), reclamaba en el recinto, por el efectivo cumplimiento de leyes orientadas a erradicar la violencia contra las mujeres. Entre ellas, la Ley Micaela, que obliga a capacitar en materia de género a todas las personas que se desempeñan en la función pública. Pese a que esta normativa fue sancionada en octubre del año pasado, aún no se puso en marcha, porque el Ejecutivo carece de voluntad política para reglamentarla. También abogó por la implementación del programa de Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas públicas de la Ciudad y por la sanción del protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) para que no haya: “Ni Una Menos por abortos clandestinos”, dijo la autora de este proyecto y presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia Adolescencia y Juventud de la Legislatura porteña.

“La deuda es con nosotras. Hay que establecer al feminismo como trazo indiscutible de toda política pública, hay que ampliar y restituir derechos. Hace rato que nosotras llegamos a esa conclusión y ‘la política’ no puede tardar tanto en alcanzarnos, porque se nos va la vida en el camino. Marzo lleva más femicidios que días”, comenzó diciendo en su primera intervención en el recinto la legisladora más joven de la historia en el Parlamento porteño, Ofelia Fernández, y remató su intervención convocando a todas las mujeres a adherir al paro del lunes 9 de marzo: “Nosotras peleamos con el corazón en la mano, y no nos vamos a agachar nunca. Me parece que llegó la hora de conquistar nuestros derechos, así que ahí estaremos: por las que mataron, por las que se llevó la trata, por las reventadas y por las que se organizan”.

Existe un proverbio africano que reza: “Si las mujeres bajaran los brazos el cielo se caería”. Es cierto, no sólo sostenemos el cielo, reproducimos el mundo. Pero que quede claro, no somos incubadoras, ni instrumentos de placer, ni objetos descartables. No caducamos jamás. Somos y seremos dueñas de nuestros cuerpos, dueñas de nuestra voluntad y dueñas de nuestro deseo. No hay cliché que no podamos derrotar, porque no existe paradigma que el patriarcado pueda sostener sin violencia machista. Lo sabemos, por eso estamos juntas. Por eso nos temen. Por eso nos matan.

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