Soy Tambor

Los realizadores Mónica Simoncini, Cecilia Ruiz y Santiago Masip, estrenaron recientemente el filme documental “Soy tambor”, una película que registra la inmigración afrouruguaya de las últimas décadas en Buenos Aires y el modo como el ritmo ancestral del candombe y las ceremonias en torno del tambor actualizan y hablan de una cultura, una pertenencia y un destino.
Con unos primeros registros que datan de comienzos de la década pasada, cuando la policía prohibía los toques ocasionales que los candomberos hacían en torno de la plaza Dorrego y el barrio de San Telmo, el filme se fue construyendo a lo largo del tiempo como una reflexión sobre una cultura particular, sus modos de reunión y resistencia, al tiempo que descubre una serie de momentos en torno de la comunidad afrouruguaya en Buenos Aires.
En este recorrido de la historia reciente de este grupo de gente se registra el funcionamiento y clausura de un galpón donde vivían algunas familias y era un centro de reunión artístico y cultural de la comunidad situado en la calle Herrera al 300 del barrio de Barracas.
Aborda también las formas y los intereses que contribuyeron a la expansión de las comparsas candomberas y sus cuerdas de tambores que fueron creciendo en Buenos Aires alentadas por estos músicos populares uruguayos y negros, hasta llegar a la actualidad en la que hay una fecha oficial del año para la Llamada de las comparsas (el pasado sábado 5), donde desfilan 32 agrupaciones.
“Empecé registrando aquellos toques que eran reprimidos por la policía en 2007 y luego me involucré en torno del movimiento afrocultural y participé en distintas cuestiones en el galpón de Herrera y fue a partir de ahí que percibí que era necesario filmar una película que mostrara la cultura del candombe más allá de la atracción y la belleza de la danza y de la música y que reflejara cómo se transforma en una forma de vida y de encuentro de un sector social que es resistido e intenta ser acallado e invisibilizado”, destacó Simoncini en charla con Télam sobre el origen y la motivaciones del filme que se puede ver en el cine Gaumont las próximas dos semanas todos los días a las 13.25 y 21.45.
Los tres realizadores se conocieron en el galpón de Herrera, Simoncini proveniente del grupo documentalista Mascaró con el cual realizó la trilogía sobre el ERP-PRT “Gaviotas blindadas”, mientras que Ruiz es socióloga y tuvo intervención decisiva en un juicio sobre racismo que la comunidad ganó al estado de la ciudad a partir del desalojo de Herrera y Masip es un técnico de la industria del cine que trabajó en equipos de dirección de filmes de Pablo Trapero y Diego Lerman, entre otros.
Los tres realizadores eligieron que la película fuera narrada por los propios integrantes de la comunidad y en este sentido eligieron a dos jóvenes, afrodescendientes argentinos hijos de uruguayos, Casula y Joel, que van entrevistando a sus propias familias: padres, primos, tíos y otros integrantes de la comunidad sobre su historia en Montevideo, la migración a Buenos Aires, su relación con el tambor y su pertenencia cultural y social.
“Siempre tuvimos claro que si éramos nosotros los que hacíamos las entrevistas y ellos hablaban a cámara el resultado de los testimonios iba a ser diferente, por eso preferimos que ellos mismos llevaran adelante la reflexión y que todo se diera en torno de situaciones cotidianas, sentados, conversando con una cámara que pasara más desapercibida”, contó Simoncini sobre una de las estrategias puestas en juego en el registro.
“Aunque se trata de un grupo que padece desalojos y busca ser marginado, es muy común que la gente de la comunidad reciba permanentemente investigadores que les hacen entrevistas en trabajos de los que nunca les vuelve nada, de modo que nosotros decidimos hacer un trabajo al revés: nos juntamos con estos dos jóvenes e hicimos con ellos un trabajo de reflexión donde compartíamos lo que veíamos nosotros y lo que pensaban ellos de una serie de cuestiones”, destacó la realizadora.
“Esa etapa de la construcción de la película -agregó- llevó poco más de un año y se desarrolló antes de comenzar el rodaje. Después, mientras se filmaba la película, la idea era que fueron ellos los que interrogaran a los integrantes de su propia comunidad sobre lo que querían saber o poner en discusión”, destacó la realizadora.
Simoncini detalló que lo que queda claro es que en esta comunidad afrouruguaya “el tambor es un símbolo y un elemento de reunión a través del cual ellos cuentan su propia historia”.
“Para nosotros era importante que la película pudiera dar cuenta de cómo el tambor había ido reconstruyendo su propia cultura, de cómo ellos en Buenos Aires y una vez que se habían ido de su lugar de pertenencia fueron encontrándose y de a poco empezar a salir con sus tambores hasta la actualidad en que hay entre 30 y 40 comparsas en la ciudad y cómo todo eso tiene su origen en ese grupo que llegó entre fines de los 60 y los 80, que son los que sembraron la semilla de lo que hoy son las llamadas o de que haya candombe en las plazas o los parques”, aseguró Simoncini.

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