Vigencia bolivariana en Venezuela
Desde que Hugo Chávez llegó al poder hace 25 años, el asedio contra el gobierno de la Quinta República chavista y bolivariana por parte de Estados Unidos no tiene descanso. Venezuela es, junto con Cuba, el monstruo comunista con el que todas las derechas del mundo y, en especial, las de América Latina, asustan a sus conciudadanos.
por Sylvia Valdés
Una de las diferencias más notables es que, antes del 3 de enero, la responsabilidad de la gestión del país era ejercida por el gobierno constitucional de Venezuela, mientras que Estados Unidos ponía todo su potencial económico, militar, financiero, científico, político y diplomático al servicio de destruir al Estado venezolano para apropiarse de sus riquezas. Es indudable que, en el caso de Venezuela, como en el de Cuba, no le es posible actuar a EE.UU. como lo ha hecho en otros tiempos con otros gobiernos de América Latina, propiciando golpes de Estado para instalar gobiernos títeres. En estos dos casos, la agresión es multidimensional: convierte a todo el pueblo en un campo de batalla. No dispara directamente contra los cuerpos, pero organiza las condiciones para que enfermen, esperen, se agoten, emigren, se desesperen o se enfrenten entre sí. A veces, la violencia más eficaz es la que se administra como escasez. Después de haber raptado al presidente Maduro el 3 de enero de este año e instalado un supuesto protectorado totalmente irregular en el país. Desde luego, de protectorado no tiene nada porque ese término, según el derecho internacional, implica «la distribución de las competencias entre los dos Estados interesados»; esa situación ha cambiado. En esa medida, tras el terremoto del 24 de junio. El gobierno venezolano se abocó de inmediato a actuar —acorde con sus capacidades— para hacer frente al terrible designio de la naturaleza. Frente a esa realidad, la complejidad histórica queda desplazada por la consigna de solidaridad y supervivencia, y en esta circunstancia, el pueblo de Venezuela mostró una capacidad operativa en el terreno que EE.UU. no tiene. Así se fueron generando condiciones para desplegar la natural y maravillosa solidaridad del pueblo, que se ha multiplicado como nunca y como siempre.
Los venezolanos tienen siempre presentes las palabras de Simón Bolívar tras el terremoto del 26 de marzo de 1812 que destruyó toda La Guaira y buena parte de Caracas. Ese día, después de recorrer los escombros en el centro de la ciudad, Bolívar dijo: «Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca». Esas palabras de Bolívar parecen reflejarse en el trabajo incansable de los venezolanos que han logrado despertar a la ONU de su letargo, que ha enviado ayuda operativa y ha conmovido a 30 países del mundo que están asistiendo a Venezuela en su muy difícil situación. Los Estados Unidos aportan una ayuda escuálida para salvar las apariencias. Aunque, según algunos especialistas, en este caso, la acción de la naturaleza estuvo motivada por el desarrollo del programa de investigación High-Frequency Active Auroral Research Program (HAARP) de las fuerzas armadas de Estados Unidos, cuyo objetivo es provocar sequías, huracanes, inundaciones y terremotos como nueva arma de destrucción masiva a ser utilizada por la política intervencionista de Estados Unidos en el mundo.
Es preciso recordar que Venezuela, gracias al esfuerzo de los programas productivos implementados por el Gobierno de Maduro, había conseguido la soberanía alimentaria a pesar de ser un país saqueado, a pesar de que sus reservas de oro, valoradas en más de 4000 millones de dólares, están bloqueadas en el Banco de Inglaterra porque Gran Bretaña no reconoció al Gobierno de Nicolás Maduro. La empresa británica Citgo (que posee tres importantes refinerías en el país, una red de oleoductos y otra de distribución que abastece a más de 4000 gasolineras), filial de PDVSA valorada en 15000 millones de dólares, se encuentra bloqueada en medio de un juicio que pretende resarcir a petroleras norteamericanas. Y, al igual que sucede con Cuba, Venezuela además se encuentra cercada por una brutal y sistemática campaña de desinformación en la que participa toda la prensa cartelizada, que atribuye la innegable situación de deterioro económico en la que ha caído por las circunstancias antes apuntadas a la «inoperancia del régimen», contra el cual no hay mentira que dejen en el tintero. En este difícil contexto que atraviesa Venezuela, la prensa internacional no deja de llevar agua al molino del descrédito del gobierno venezolano; lo acusan de inoperancia, de entorpecer la llegada de ayuda del exterior, de haber construido edificios sin estructuras sólidas. Hasta circula en redes un video con el infundio de que las reservas de oro bloqueadas por el Banco de Inglaterra se encontraron en un edificio derruido en La Guaira. Si no fuera trágico e indignante, sería risible.
Esta es la nueva estrategia contra el gobierno bolivariano. Así como en 2002 pusieron tras el golpe de Estado a Pedro Carmona en lugar de Chávez y en 2019 a Juan Guaidó como presidente de facto, ahora los Estados Unidos decidieron intervenir directamente secuestrando a Maduro y a su mujer, la primera combatiente. El que Estados Unidos se haya dado cuenta de que no podía actuar como lo ha hecho en múltiples ocasiones en otros países latinoamericanos, directamente con un golpe de Estado, muestra la fortaleza real que tiene el chavismo en Venezuela. En la práctica, han tenido que reconocer que la oposición que decía a los cuatro vientos que había ganado las elecciones no tiene arraigo ni posibilidades de gobernar. Si la tuviera, María Corina Machado sería la presidenta encargada. Hasta Trump ha reconocido que se trata de una caterva de inútiles incapaces de conducir un país. En medio de estas circunstancias tan adversas, menguado y a la defensiva, el chavismo, que es más que el gobierno bolivariano y tiene múltiples expresiones, se mantiene en el gobierno y este es el punto más importante en este momento político, con un margen de maniobra estrechísimo, y mantiene amplios espacios de legitimidad popular que deben defenderse. En un cuadro político confuso como el que vive Venezuela, nunca más que ahora es necesaria nuestra solidaridad con el proceso bolivariano que se encuentra en una situación límite en la que, seguramente, se ve obligado por circunstancias a tomar decisiones e impulsar acciones que van a contramano de la naturaleza política.
Esta nota es una transcripción del programa A Voz Patria que se emite en Radio con Aguante. Por lo tanto, se han omitido algunas citas y referencias académicas que extenderían excesivamente las notas orales.
