“Virtualidad para no enfermar, vacunas para no morir”

La exigencia de docentes, auxiliares y familias al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

por Mariela Acevedo*

El decreto de necesidad y urgencia que restringía en abril las actividades (DNU 241) sancionado por el gobierno nacional fue combatido como una trinchera final para defender por el alcalde de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta. Mientras el presidente Alberto Fernández decretaba el regreso a la virtualidad de las clases para el AMBA (área que comprende a la Ciudad de Buenos y al Conurbano bonaerense), el Gobierno de la Ciudad judicializaba la cuestión y decidió no acatar la norma. Un comunicado de última hora anunciaba un domingo a la noche que al otro día las escuelas abrirían las puertas y se instó a denunciar a quienes en lugar de eso, ofrecieran la continuidad pedagógica a distancia. La defensa de la presencialidad costó la vida de dieciséis trabajadorxs de la educación, entre personal docente y auxiliares. Aunque la nueva extensión del confinamiento estricto decretada por el Gobierno nacional durante la última semana de mayo fue acatada por el Gobierno porteño, que decidió también suspender las clases virtuales, algo inexplicable que la cartera de la ministra Soledad Acuña justificó con la recuperación de los días en diciembre. En tanto, también se suspendieron las canastas alimenticias que deben entregarse a fines de mayo en las escuelas que reparten viandas entre la comunidad educativa. El distrito más rico de la Argentina, que ha ido recortando su presupuesto año tras año, parece responder a la pandemia con más recorte, menos conectividad y entrega de dispositivos, y más indiferencia por la muerte de sus trabajadoras/es: En empatía, cero.

Lo esencial es invisible a los ojos
“Lo último que van a cerrar van a ser las escuelas” con esa defensa caprichosa de la presencialidad como única estrategia de contacto entre docentes y alumnado, la Ciudad se aferró al cara a cara sin opciones: la ficción de que las escuelas en CABA no son lugar de contagio y que abrir todos los turnos de lunes a viernes no era un riesgo para la salud, contrastó brutalmente con aulas despobladas, estudiantes ultra abrigados para combatir las clases en patios, o en espacios sin ventanas y burbujas estalladas (con aislamientos de estudiantes y docentes) que dejó como resultado dieciséis muertes por COVID. Dieciséis muertes evitables, desde el retorno de la presencialidad en febrero último.
A mediados de abril, Horacio Rodríguez Larreta emitió un decreto donde declaró «esencial» la educación y sus docentes para evitar el cierre de escuelas: “La información más reciente a nivel mundial indica que, con las medidas de seguridad necesarias, las escuelas no son el principal factor de transmisión del COVID-19 en la comunidad», (…) «suspender las clases presenciales debe ser una medida de último recurso, deberá tenerse en cuenta tras haber considerado todas las opciones disponibles». Y ese último recurso se tomó tarde si consideramos que la vida vale algo.
El DNU 241 del Gobierno Nacional publicado el 15 de abril establecía el cierre de aulas en todo el AMBA por 15 días a partir del 19 de abril. Pero la Ciudad vive su propia pandemia paralela en la que el virus no traspasa la puerta de los colegios, por lo que —con un épico discurso a favor de las libertades individuales, la autonomía de la Ciudad y el derecho a la educación— distintas ONGs interpusieron amparos para solicitar la nulidad de los alcances del decreto, al considerar «fundamental» el dictado de clases de forma presencial. El Ejecutivo porteño por su parte, llevó la cuestión a la Corte Suprema y solicitó la intervención del Ministerio Público Fiscal. El fuero Contencioso Administrativo de la Ciudad habilitó, el 18 de abril —a pocas horas de entrar en vigencia del DNU— la continuidad de las escuelas abiertas en CABA. Así con la presencialidad justificada, donde les niñes no se angustiaran por tener que tomar clases por zoom, surgieron las noticias de las muertes de maestras/os, profes y auxiliares, con dos y tres décadas de antigüedad en los establecimientos.

Contar muertes evitables
A finales de abril ya sumaban seis las muertes relacionadas al contagio del virus: Jorge Langone docente en la Escuela Técnica 13 de Lugano falleció a fines de marzo luego de una larga internación por COVID, que disparó jornadas de cese de actividades y asambleas para exigir el retorno a la virtualidad. Le siguió la muerte de Juan Carlos Ramírez, auxiliar en la Escuela 21 de San Cristóbal, que el 26 de marzo se descompuso en el establecimiento escolar y tras un testeo positivo, fue internado. Su cuadro se agravó y falleció el 5 de abril en un sanatorio de Caballito.
El fallecimiento de Marcelo Becker, profesor de Electrónica y Tecnología de Control en primer y tercer año de la Escuela Técnica 35 de Monte Castro, fue anunciada el domingo 18 de abril en el contexto de la negativa de la Ciudad de acatar el DNU presidencial, lo que precipitó el paro docente declarado por los gremios. La Ciudad contraatacó anunciando descuentos en el salario docente a quienes se plegaran a las medidas. Y cumplió. El mismo fuero que habilitó las puertas abiertas de las escuelas, habilitó los descuentos salariales a quienes en Capital habían hecho paro en el marco del DNU presidencial. El listado de decesos sumó las muertes de Marcelo Mendoza, (el 23 de abril), preceptor del CENS 62 de Bartolomé Mitre al 900 en la Comuna 1, a la que llegaba luego de tomarse tres colectivos, y la de Sergio Vicino, Jefe General de Enseñanza Práctica (JGEP) en la Escuela Técnica 17 de Parque Avellaneda, el 26 de abril. El 1 de mayo, Día Internacional de las y los Trabajadoras/es se dio a conocer la muerte de Mónica Suárez, sexta víctima del colectivo educativo de CABA, tras un mes de internación. Suárez, docente en la Escuela infantil 11 de Lugano, se contagió -aunque estaba exceptuada a asistir por motivos de salud- a raíz de que su hijo había retomado la presencialidad en la escuela. Lugano y Flores fueron los barrios en los que la comunidad educativa más referentes perdió, entre ellos, la de Silvia Di Paola, directora jubilada del distrito 21, que debería haber estado vacunada.
A mediados de mayo se cumplían tres semanas de paro de docentes y auxiliares. En el barrio de Flores fallecieron en esas primeras semanas: Silvina Flores, vicedirectora de la Escuela 24; Graciela Romero, auxiliar de portería en Escuela Técnica 18, José Antonio Álvarez de Condarco; y Fanny Flores, profe de matemáticas del Liceo 5. La comunidad educativa se lanzó a la calle a realizar “semaforazos”, irrupciones callejeras, para sacar la escuela a la calle y visibilizar estas muertes, producto de una política que envía a docentes a trabajar sin haber sido vacunados.
Estas líneas pretenden acompañar y visibilizar esas pérdidas, a las que se suma la más reciente, de Emilio Gutiérrez, profesor de educación física y entrenador de básquet, además de profesor de historia y sociología, que entrenaba a las pibas y pibes del Instituto Superior N° 2 Federico Dickens. Le detectaron el virus el lunes 3 de mayo, lo internaron el viernes de esa semana y falleció el sábado 8 por la mañana.
Y la enorme pérdida de trabajadoras/es auxiliares que sostienen las escuelas aún sin insumos, sin partidas presupuestarias y han dejado la vida en ello: Daniel Bravo, auxiliar en la Escuela primaria 13 de Lugano; María Josefa Milioni auxiliar en el Comercial 31 de Palermo; Sergio Nieto, casero en la Escuela Técnica 14 de Barracas, en la que el personal docente había denunciado falta de higiene y protocolos; Ramón Juárez, portero en el colegio privado Galileo Galilei; Ramón Núñez, quien trabajaba desde hace 25 años como responsable de maestranza en el colegio salesiano León XIII, ubicado en la esquina de Dorrego y Cramer (Palermo).

@vecinxsautocon1

Vecinxs Autoconvocadxs de Caba e Interescuelas por la Educación y la Salud
Las fachadas de los colegios porteños también muestran los signos del reclamo de docentes y familias: se reclama por vacunas y virtualidad garantizada con conectividad y dispositivos. Desde las cuentas de @vecinxsautocon1 y de @InterEscuelasxES existe un monitoreo constante sobre las noticias que cubren la situación de las escuelas y las decisiones que minuto a minuto se toman en torno al regreso de presencialidad. El espacio de Vecinxs Autoconvocadxs articula a madres y padres de niñes que a partir de la guerra judicial en la Ciudad se propusieron organizarse para reclamar por una opción de enseñanza virtual de calidad mientras dure la pandemia. Vanesa, integrante del colectivo, explica que recabaron información sobre la asistencia de docentes y estudiantes a las escuelas, para luego pasar a difundir lo que estaba pasando en redes, y que han realizado petitorios a las autoridades de la Ciudad, y evalúan presentar un amparo frente a la posibilidad de que el 31 de mayo se retorne a las Escuelas en el contexto de un aumento de los contagios de la segunda ola, cuando un alto porcentaje de les trabajadorxs no se encuentran vacunadxs.

@vecinxsautocon1

Las manifestaciones de docentes son acompañadas por los gremios de UTE y Ademys y también por un grupo de familias, que articulan con las autoridades y docentes que están en las escuelas. Todes se mantienen en alerta frente a las presiones del Gobierno de la Ciudad y a su negativa a entregar computadoras y garantizar la conectividad, o de dar respuesta, opciones a la presencialidad que hoy representa un riesgo para la salud y la vida, que muches no están dispuestos a correr.

@vecinxsautocon1

Desde el colectivo de Vecinxs Autoconvocadxs y otras organizaciones se exigen vacunas para el personal que trabaja en las escuelas y virtualidad acompañada por políticas de entrega de compus, para que docentes, pibas y pibes puedan sostener la continuidad pedagógica. Si la cuestión hoy es no dar el brazo a torcer, esa negativa -como la de postergar la entrega de las canastas alimentarias en este contexto- sólo puede ser entendida como un acto (uno más) de una pedagogía de la crueldad frente a la cual las familias responden fortaleciendo lazos de solidaridad y organización con la comunidad educativa. Porque una vez más, la salida es colectiva.

*Mariela Acevedo es feminista, doctora en Ciencias Sociales, licenciada en comunicación y docente. Administra el portal Feminismo Gráfico y es editora de Revista Clítoris. Escribe, da clases y realiza tareas de investigación en el campo de la comunicación, la salud, los géneros y las sexualidades.

Foto de portada: Carlos Brigo / Télam

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