«Estamos donde el Estado no llega»

por Agustina Ramos

Valeria Chaparro, una de las cuatro enfermeras de la Central de Emergencias Villeras, un equipo de socorristas, paramédicos, enfermeras y choferes que nació para dar asistencia a vecinos y vecinas de esos barrios populares porteños, se siente «orgullosa» de su labor, pero advierte sobre «la falta de reconocimiento» que tiene su trabajo en general y, sobre todo, la asistencia y el cuidado que lleva adelante su equipo de manera autogestionada.

Valeria tiene cuatro décadas de vida, llegó desde la provincia de Salta al Bajo Flores 24 años atrás y un año después tuvo a su primer hijo, un joven que hoy se desempeña como rescatista en la Central de Emergencias Villeras, que integran entre 60 y 80 vecinas y vecinos de esos barrios.

En un recorrido por el Barrio Padre Ricciardelli, antes la villa 1-11-14, le da indicaciones sobre cómo llegar a «la salita» a Leo, uno de los choferes que trabaja en la Central hace tres años y llegó a la Argentina desde Paraguay hace seis.

«Somos la herramienta que está cuando el Estado no llega. A nosotros el Gobierno no nos reconoce», dice Valeria, sentada en la parte trasera de una ambulancia pintada con las figuras de Ernesto «Che» Guevara y el cura Carlos Múgica, mientras observa el camino que recorre de lunes a viernes y se sabe de memoria.

La Central de Emergencias Villeras surgió durante la lucha conocida como «Carpa Villera» en 2014 que gestó la Corriente Villera Independiente en la que hubo una huelga de hambre durante 53 días en el Obelisco para exigir la urbanización de las villas y la entrada de ambulancias y camiones de bomberos a los barrios.

«Uno de los grandes obstáculos que tenían los vecinos y vecinas en los barrios populares era que las ambulancias no ingresaban a tiempo y que había conflictos en torno a cuestiones de violencia. Pero esa violencia venía de antes: los villeros y villeras tenían que esperar un montón para recibir una asistencia e incluso tenían que criminalizar su salud por la necesidad de llamar a la policía para acceder a una ambulancia», dijo a Télam Marina Joski, coordinadora de la Central.

Valeria cuenta que desde ese momento comenzó su trabajo en Bajo Flores y «en otros barrios como Barracas, Retiro, La Carbonilla (Chacarita); en distintas villas donde se necesitaba. Empezamos con un móvil y hoy tenemos cuatro autogestionados por nosotros. Ningún organismo nos gestiona las ambulancias».

Para ella, la Central «hace la diferencia» y distingue el trabajo que realizan del de otras entidades, en la víspera del Día Nacional de la Enfermería que se celebra mañana. «Es otra cosa: en una clínica no conocés a los pacientes, acá es tu vecino. La gran mayoría ya me conoce. Eso es muy bueno porque vienen y te buscan; es más, vienen a la noche. Si hay un vecino descompensado de mil amores voy a asistirlo», asegura sobre su trabajo.

En el Centro de Salud Bartolina Sisa, emplazado en el barrio, trabaja lunes, miércoles y viernes Gladys Paca, junto a otras promotoras de salud y género, además de Valeria.

Gladys, que el próximo año se recibirá de enfermera, tiene 34 años, hace 25 vive en el barrio, es madre soltera y boliviana, pero reside en Argentina desde que tenía seis años: «Soy más de acá que de allá», dice.

«La gente que viene acá a querer capacitarse, atenderse es gente del barrio, que uno ve a diario cuando va a hacer las compras», sostiene y agrega: «Es lindo que te paren y te pregunten ‘¿cuándo empieza la formación? porque yo quiero ser parte del Centro de salud’. Muchos jóvenes van a empezar a estudiar Enfermería, quieren aprender y los primeros pasitos los quieren dar acá».

Sobre la elección de estudiar esta profesión, Gladys cuenta que la llevó a seguir estudiando «saber un poco más y trabajar con la gente, poder ayudar al otro. A mí me gusta que vengan, me toquen la puerta, poder salir con mi equipito, controlarlos, asistirlos. Eso creo que es lo más lindo».

Su labor, y la de tantas otras, se vuelve necesaria sobre todo en lugares donde hay carencia de recursos básicos.

«Este lugar donde vivimos es un lugar hacinado, estamos propensos al dengue, a la tuberculosis, convivimos en un lugar donde no tenemos red cloacal, entonces hay ratas en un espacio donde también hay muchas criaturas», describe el barrio Gladys.

«Necesitamos muchas cosas, tanto insumos, centros de salud y más que nada ser reconocidos», agrega Valeria.

Por su parte, Joski, enfatizó sobre la lucha de sus compañeros: «Nosotros apuntamos a la profesionalización y el reconocimiento de la carrera de la Enfermería como reivindicación en toda la ciudad».

De cara al Día Nacional de la Enfermería, Valeria quiso hacer extensivo un mensaje a todas aquellas personas que eligen la profesión.

«A pesar de que no nos sentimos bien valorados, tenemos que estar orgullosos por el laburazo que hicimos en esta pandemia y más allá de ella. Aunque no nos feliciten, nosotros nos felicitamos todos los días. El laburo que nosotros hacemos no lo hace cualquiera», concluye.

Foto/fuente: Télam

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