5 Siglos, 4 Manzanas y el restaurante Edelweiss

 ZOOM HISTÓRICO

por Gabriel Luna

En el año 1580 el demiurgo Juan de Garay imagina la aldea Trinidad, futura ciudad de Buenos Aires, como una sencilla red rectangular. Garay tiende esa red junto al Río de la Plata, sobre una meseta desolada de gramíneas y tunales, entre dos zanjones que desembocan en el río. El resultado da 15 cuadras de largo por 9 de ancho y un total de 24 calles y 135 manzanas. Ese reticulado, forma parte hoy -con algunas variaciones después de cinco siglos- de los barrios San Nicolás, Monserrat y San Telmo. De esas manzanas, las que nos ocupan aquí son sólo 4 y están al NE. del rectángulo, en el vértice formado por las actuales calles Libertad y Viamonte.

Siglo XVII

En el 1600 hay en la Aldea apenas 350 vecinos y nuestro sector es casi virgen, salvo un pequeño monte duraznero, plantado para obtener frutos y leña. La zona estaba cruzada por el arroyo Tercero del Medio, que nacía en la actual plaza Congreso y desembocaba en el zanjón de Matorras por el lado norte del rectángulo. La zona solía inundarse en abril.

En 1620 la principal actividad económica de la Aldea es el contrabando de esclavos africanos. Hay 1200 vecinos y una población flotante de 2100 esclavos. El aumento de la población y la consecuente necesidad de alimento, provoca la instalación de un matadero en nuestra zona y desaparecen los durazneros. En 1650 el lugar se llama Taco Verde, por la bosta de los animales que ensucia el calzado. En 1690 se registra un crecimiento de la aldea hacia el oeste, se muda el matadero, pero como la zona suele inundarse por los desbordes del Tercero del Medio, permanece en relativo descampado.

Siglo XVIII

En el año 1720 nuestras cuatro manzanas tienen una docena de ranchos. Es uno de los arrabales de la Ciudad, no hay calles sino sendas, tampoco alumbrado. Viven allí cuchilleros, troperos eventuales, proxenetas, artesanos. El lugar se conoce como Barrio Recio. Allí se juega a la taba, se trabaja el cuero, se toma vino cuyano y, a partir de 1744, llega una novedad: la cerveza, traída de una fábrica clandestina en la calle San Francisco (actual calle Moreno). En 1756, el barrio es desalojado y las tierras se anotan como fiscales.

En 1769, las cuatro manzanas están amojonadas y hay cuatro callejuelas incipientes: San Nicolás (la actual Av. Corrientes), San Benito (Lavalle), Santa Catalina (Viamonte), y una transversal, San Pablo (la actual calle Libertad). La zona forma parte de la parroquia San Nicolás y toma su nombre. En 1782, al alcalde de primer voto Ambrosio Nicolás Zamudio se le asignan 2 manzanas de la zona y otras 8, lindantes hacia el oeste con la actual calle Libertad.

Siglo XIX

En 1801 la Ciudad tiene 40.000 habitantes. Zamudio, que es un hombre rico y vive en el Barrio Sur (hoy Monserrat), no se ha ocupado de sus tierras en San Nicolás y vende una parte de ellas a Felipe Filiberto de Arguivel. El resto, aunque amojonado con tipas y tunales, permanece baldío y es conocido como el hueco de Zamudio. 1804. Hay tres locales donde se fabrica cerveza, el más importante está junto al teatro Coliseo, frente al convento de la Merced, en la actual esquina de Perón y Reconquista.

En el año 1810 ocurre la Revolución de Mayo y empiezan las guerras contra España. La Junta Provisional expropia las tierras de la familla Arguivel por 4.186 pesos e instala en la manzana comprendida entre las actuales Libertad-Tucumán-Cerrito-Lavalle una Fábrica de Armas, en la manzana lindante con Libertad, una plaza para ejercicios militares y retretas, y en la manzana siguiente –donde hoy está el Palacio de Justicia- el Parque de Artillería. De estas instalaciones surgirán tropas, fusiles y cañones, para los ejércitos del Norte y de los Andes en las guerras de la Independencia. En 1822, lograda la Independencia, el fervor patriótico impone a la zona el nombre de Barrio del Parque. La calle San Benito se denomina del Parque y las calles San Pablo, San Nicolás, de Santiago, de Monserrat, toman sus nombres actuales: Libertad, Corrientes, Tucumán, y Cerrito. 1850. Llega a la Ciudad Otto Bemberg, banquero e industrial prusiano, y abre una casa de exportación de cueros, lana y cereales.


En 1857 la provincia de Buenos Aires tiene un gobierno autónomo que admira la tecnología europea. Sus miembros son unitarios liberales que se declaran partidarios del progreso. En la manzana comprendida entre Libertad, Viamonte, Cerrito y Tucumán, se construye la Estación del Parque. De allí sale un tendido de rieles –importados de Inglaterra- hasta Floresta, y la locomotora La Porteña –también importada- tirando un par de vagones: es el primer ferrocarril del país. El viaje inaugural fue el 29 de agosto de 1857, y tuvo de pasajeros a Valentín Alsina, Dalmacio Vélez Sarsfield, Domingo F. Sarmiento y Bartolomé Mitre, entre otros. Un complemento del acontecimiento fue el empedrado de las calles Libertad, del Parque (actual Lavalle), Tucumán, Talcahuano y Viamonte, en las proximidades de la Estación. Y otra mejora fue un terraplén en las orillas del Tercero del Medio, para evitar las inundaciones, que tenía un puente móvil en las esquinas de Libertad y del Parque. 1860. Emilio Bieckert, nacido en Estrasburgo, monta un pequeño local en el barrio de Palermo para elaborar cerveza.

 

En el año 1880 la Ciudad tiene 190.000 habitantes. Se prohíbe el paso del ferrocarril por el centro urbano debido a su peligrosidad, la Estación se desmantelará en 1883. La plaza del Parque se convierte entonces en uno de los paseos de la Ciudad y toma el nombre de plaza General Lavalle. El intendente Torcuato de Alvear decide anular el Tercero del Medio que baja por la calle Libertad y manda rellenarlo con un terraplén. 1886. Hay en la calle Libertad entre Corrientes y Lavalle una fonda y dos bares, cuatro cafés –uno con billar-, y veintidós casas de tolerancia para solaz de los vecinos y del Regimiento 10 estacionado en el Parque de Artillería. 1888. Otto Bemberg funda la Brasserie Argentine S.A. (Cervecería Argentina) con sede en París y fábrica en Quilmes.

En 1890 estalla la Revolución del Parque. La causa es una crisis económico-financiera producida por el endeudamiento externo con el mercado de Londres. El “progreso” alabado por los unitarios liberales trajo consigo deudas para saldar, empobrecimiento de la población y dependencia económica de las metrópolis.   Surge para derrocar al gobierno liberal de Juárez Celman el partido Unión Cívica de la Juventud, futura Unión Cívica Radical, un partido por entonces de impronta popular. Ya desde el comienzo los radicales golpearon las puertas de los cuarteles, Aristóbulo del Valle concibe la idea de sublevar al Parque de Artillería. Las hostilidades en nuestra zona comienzan el 26 de julio, se pelea encarnizadamente desde baterías y cantones instalados en Libertad y Lavalle, Talcahuano y Viamonte, Talcahuano y Córdoba, Corrientes y Paraná, y desde las terrazas de los comercios y las casas particulares. La revolución cívica-militar dura cuatro días y fracasa. Al entrar al Parque de Artillería, las tropas del Gobierno encuentran sólo a Leandro N. Alem –el líder de la Unión Cívica e hijo del violento mazorquero Leandro Alen- en un rincón del patio.

En 1895 una inmensa bandada de palomas sale del Parque de Artillería, donde se ha instalado el criadero principal de Buenos Aires. Pero pese al agradable paisaje de palomas que sobrevuelan la plaza Lavalle, los vecinos no coinciden con los toques de diana, ni con las bandas y los ejercicios militares, ni con tantos prostíbulos sobre la calle Libertad, y mucho menos con la posibilidad de una nueva asonada. El Parque de Artillería es una molestia. Emilio Bieckert es el dueño de una cervecería valuada en 600.000 libras esterlinas.

Siglo XX

En el año 1900 se está construyendo el Teatro Colón en el predio que ocupara la Estación de Ferrocarril. La Ciudad tiene 820.000 habitantes. Otto Bemberg (h) expande en Quilmes la fábrica cervecera que compite con Bieckert.

En 1903 se demuele el Parque de Artillería, se construirá allí el Palacio de Tribunales. La Ciudad recibe 125.000 inmigrantes. En 1907 abre sus puertas en la esquina de Cerrito y Tucumán, en la manzana (hoy inexistente) de Cerrito-Tucumán-Pellegrini-Viamonte, contigua al Teatro Colón, una cervecería de estilo alemán llamada Zum Edelweiss. En cuanto al nombre, Zum se traduce como Hacia, y Edelweiss es un flor blanca y romántica de los Alpes, difícil de obtener porque crece a gran altura, y que para algunos significa noble sabiduría (también difícil de obtener). La cervecería tiene boisserie oscura, vitrales, varios boxes, y una de las primeras choperas que distribuye la fábrica Quilmes.

En 1908 se inaugura el Teatro Colón y en 1910 el Palacio de Justicia. La zona cambia de carácter pero guarda su historia. 1915. En la calle Libertad entre Lavalle y Corrientes, antes ocupada por casas de tolerancia, hay como curiosa derivación una serie de cambalaches y ropavejerías de compraventa donde conviven polainas con peinetas, abanicos con sables, fonógrafos con ponchos, juegos de cubiertos con rebenques, bacinillas con gorras militares, samovares con tabas, una mesa de billar con un cuero curtido, y demás enseres, que configuran a su manera la intrincada historia del lugar. 1920. La zona está marcada de día por la actividad comercial y de los tribunales, y de noche, con el Teatro Colón y la calle Corrientes, es espectáculo y bohemia. Nace El Centro. 1930. Hacen falta espacios para el tránsito. Se demuele la mitad de la manzana de Libertad-Corrientes-Cerrito-Lavalle, precisamente la porción que da a Cerrito y Lavalle, para construir la Diagonal Norte.

En 1936 se ensancha Corrientes y se expropia la manzana de Cerrito-Tucumán-Pellegrini-Viamonte para demoler y construir la Av. 9 de Julio. Debido a esto Zum Edelweiss se muda a su lugar actual en Libertad 431, entre Corrientes y Lavalle. Edelweiss, ya convertido en restaurante, ocupa la planta baja de un edificio de tres plantas, arriba funcionará un hotel. La fachada es ecléctica, tiene abajo revestimiento de mármol, un pequeño escaparate con el menú y dos ventanas –siempre con cortinas cerradas- a los costados de la puerta. Arriba, la marquesina tiene tejas coloniales, y una flor alpina destaca sobre los muros de color del vino burdeos y los balcones con balaústres de color crema. 1950. La Ciudad se ha convertido en metrópoli, y nuestras cuatro manzanas en foro jurídico y parte del centro cultural. Edelweiss es punto de reunión de gourmets, abogados, políticos, artistas, y un “puerto” para los náufragos de la noche que encarnan la bohemia.

Esa bohemia fue la que a través de peñas itinerantes por los diversos “puertos”, publicaciones, emisiones radiales, generaba polémicas tales como si la revolución era para el arte o el arte para la revolución, y logró apasionar a las clases medias por la cultura y configurar una literatura argentina. El 20 de junio de 1954 hubo en Edelweiss una de esas polémicas, fue entre David Viñas y Oliverio Girondo, Aldo Pellegrini y otros poetas surrealistas, terminó con botellas y platos rotos. Pero no todo era trifulca, quedaba tras el escándalo la curiosidad del público por los libros de los protagonistas. Por los años 50, brillan en Edelweiss José Luis Lanuza, presidente de la SADE, que amenizaba sus peñas literarias con un par de vedettes, y un personaje fastuoso e increíble: Arturo Jacinto Álvarez (llamado sencillamente Arturito). Arturito solía recibir en el Restaurante como si fuera su propia casa y daba fiestas y regalos a sus amigos. Vivía un tiempo en París y otro en Buenos Aires; era un ser generoso, de sensibilidad proustiana, perdido entre la belleza y la fantasía, entre el coleccionismo, el despilfarro, y los oportunistas. Tuvo una editorial, donde publicaba él mismo, y también Silvina Ocampo y Bioy Casares, con ilustraciones de Soldi. Tuvo el cuadro más grande que hizo Picasso, un telón para una escenografía de Diaghilev, llamada Parade, de 17 metros por 10, imposible para cualquier pared, que Arturito se llevó enrollado desde París hasta su quinta de Moreno donde lo desplegaba en verano, cada quince días para que se ventilase, y lo miraba durante una hora, vestido absolutamente de blanco, mientras tomaba el té o recitaba a Racine.

La década del 60 marca una revolución en el arte, aparece el Instituto Di Tella con el arte conceptual y los happenings, surge el tango de Astor Piazzolla, crece el teatro independiente de Leónidas Barletta, y el escritor Manuel Mujica Lainez festeja en Edelweiss el estreno de su opera Bomarzo con música de Alberto Ginastera. En la década del 70 no irrumpe el arte en la revolución social –como querían los bohemios- sino la dictadura más cruenta y el miedo asfixiante. Atravesar entonces la doble puerta de Edelweiss y encontrar la boisserie oscura de la barra, las sillas vienesas, el salón de techo alto y sus reservados marcados por pilastras con jarrones de cobre y helechos -todo inalterable, fiel a sí mismo en la continuidad- resultaba un bálsamo.

Durante los 80 llega el Teatro Abierto como una bocanada de aire fresco, y también el final de la Dictadura cívica militar. Pero en los 90, tras un telón de prosperidad y progreso, vuelve a construirse una economía devastadora. La del modelo agro exportador -impulsado por los unitarios liberales-, la que importa tecnología y bienes de alto valor agregado de las metrópolis en vez de producirlos, la del gran endeudamiento externo, la del derroche y la pobreza, la de la avalancha de artículos importados en detrimento de la propia industria: la misma economía de los 70 con la Dictadura, la misma que hacía 100 años provocara la Revolución del Parque. Esta economía desemboca, igual que 100 años atrás, en una crisis financiera y en una revuelta popular.

Siglo XXI

En la Revuelta de diciembre de 2001, que en parte ocurre, como la Revolución del Parque, en las manzanas que nos ocupan, también hubo derramamiento de sangre. Pero no es todo igual. Hay diferencias notables, una es que la Revolución del Parque la hacen los radicales contra los unitarios liberales, y la Revuelta de 2001 la hace el pueblo contra un Gobierno radical de propósitos liberales. Otra diferencia es que la Revolución del Parque fracasó, mientras que en la Revuelta de 2001 el presidente De la Rúa renunció y huyó de la Casa Rosada en helicóptero.

Hoy, en diciembre de 2016, tras quince años de la Revuelta, un Gobierno liberal y radical ocupa otra vez el poder e implementa la misma economía devastadora: el modelo agro exportador, el endeudamiento externo, la avalancha de artículos importados, etc. El resultado será más pobreza y violencia. Se vaticina, se augura y se teme otra revuelta mucho mayor que la anterior.

En la calle Libertad entre Lavalle y Corrientes ya no hay cambalaches y ropavejerías como hace cien años. Hoy hay joyerías, negocios de compraventa de oro, de artículos de video y electrónica (muchos de ellos robados), que también reflejan una época. Todo ha cambiado. Lo extrañamente inalterable es Edelweiss: la noble sabiduría o el refugio de los artistas y soñadores. No ha cambiado el excelente sabor de su cocina: el choucronte garnier, el goulash a la húngara con ñoquis de espinaca, el medallón de lomo a la pimienta con papas a la crema, y tantos otros platos. No ha cambiado el ambiente distendido logrado entre la boisserie oscura de la barra, las sillas vienesas, el salón de techo alto, las arañas de luz y los reservados marcados por pilastras con jarrones de cobre y helechos. El agradecimiento de los clientes consta en cinco gruesos libros de visitas. Entre dibujos, poemas, dedicatorias y pentagramas firman: Oliverio Girondo, Marcel Marceau, Norma Aleandro, Atahualpa Yupanqui, Quino, María Callas, Astor Piazzolla, Enrique Pinti, Maurice Bejart, Fontanarrosa, Alfredo Alcón, Charles Aznavour, Ernesto Sábato, María Elena Walsh, Charly García, Marco Denevi, José Sacristán, Hugo Beccacece, Landrú, Placido Domingo, Susana Rinaldi, Tato Bores, Joaquín Sabina, Federico Peralta Ramos, Mercedes Sosa, Alberto Olmedo, Oscar Araiz, sólo por nombrar unos pocos. Tal vez la razón del agradecimiento sea haber provocado un estado de ánimo especial, dicho en palabras del escritor Mujica Lainez: “Este es uno de los sitios de Buenos Aires donde he sentido más próxima la misteriosa felicidad”.                                                                                           

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.