6 de agosto, otro aniversario de Hiroshima y Nagasaki.
por Emiliano Blanco
El horror continúa encarnado, aunque cambiemos de siglo.
No han podido, a lo largo de todo este territorio globalizado, plasmar su ideología bestial sin derramar sangre: cuerpos, derechos, identidades, historias, rostros, tierras… Gastando muchísimo presupuesto en despliegues represivos.
Parece que la casta, embriagada de infamia y corrupción, nuevamente vuelve a sentenciar injusticia social. Le tienen miedo a un pueblo vivo que se junta para dar testimonio de que no está de acuerdo con lo que sucede.
Todavía en democracia, el negocio de unos pocos se legisla con el dinero de todos para que la tierra sea de nadie, excepto de quien tenga el dinero en el exterior y lo justifique llamándolo inversión.
La distracción de porcentajes de lotes por jurisdicción, calculando las muchas hectáreas de tierras que ya están en manos extranjeras, en un país que se abanderiza soberano-nacional y de pertenencia sólida; navega en la desinformación parcial sobre lo que acontece y lo que se nos está permitido conmover y viralizar, en tiempos de ‘libertad’ cercenada. Porque los servicios de inteligencia del gobierno manejan un gran presupuesto para controlar y vigilar.
¿Es posible una pregunta cuando es tan obvio lo que ocurre cada vez que en el Palacio de la Democracia vota con vallas, botas y balas?
Las negociaciones partidarias no alcanzan a representar la concentración popular que a gritos, y mediante pancartas, reclama y exige que no se rifa el país.
La fuerza represiva es la máscara del terrorismo de Estado, a dos días de conmemorarse 50 años del martirio de monseñor Angeleli y sus compañeros en La Rioja. Ciudadanos que acompañaban la organización rural por la lucha por la tierra.
¿Quiénes son los interesados en que se aceleren las derogaciones de leyes de protección del territorio nacional?
¿Qué destino tendrán los bosques y montes que serán incendiados intencionalmente en el futuro?
¿Quiénes vendrán a cercar rutas, pueblos, ríos y lagos con títulos de propiedad?
Nuestra tierra sigue siendo un polémico territorio de disputa, en el que continuamente renovamos la reclamación histórica de que nos pertenece y queremos que siga siendo para nosotrxs.
La brutalidad que gobierna caló fértil en nuestra percepción y expresión sobre cómo administrar estos recursos.
Esto sigue siendo una deuda interna.
La justicia discrimina con severidad a comunidades enteras, que luchan contra el aprovechamiento desleal de quienes se apropian de este suelo que nos iguala.
Sigo imaginando cómo haremos para remediar tanto daño al pueblo, tanta vergüenza ajena por la justificación de estas medidas y la descarada soberbia con apellido de quienes las llevan a cabo.
Lamento mucho encontrar estas palabras cargadas de bronca, de dolor repulsivo a este egoísmo que me repele en la piel.
También recuerdo que somos muchxs quienes queremos que la cosa sea diferente y se me pasa.
Hace unas semanas, las banderas y los gritos de aliento por la revancha al pirata que nos roba, ligados a un juego deportivo, me hicieron pensar que era la oportunidad para reconocernos y organizarnos.
Los dirigentes no están siendo capaces de liderar con creatividad esta urgencia.
La censura y el desmedro político desvinculan a esta herramienta transformadora que es juntarse a mirarnos y pensar ideas y acciones concretas letales para esta herida que crece y crece… y se lleva consigo a la patria.
Confío en que esto también pasará. Que el tiempo va a cambiar y que este circo financiero encuentre lugar en la verdad, para una sentencia sincera y educadora; donde sea posible que no hablemos de pagarla, sino de señalar con paz que es un delito atentar contra la patria.
La traición es leña.
Y vamos a estar ahí cuando el fuego crezca.
Foto de portada: Carlos Brigo
