“El patriarcado nos atraviesa”

 por Mei Kisz

La obra comienza con tres mujeres que se encuentran. Si bien sería imposible determinar cuál es el lugar temporoespacial que las cobija, lo importante es que las tres coinciden ahí, en un instante suspendido. Es un momento incierto, casi detenido, que les permite adentrarse en sus historias y en aquello que las llevó hasta ese lugar. Al principio no se conocen, pero, a medida que transcurre la obra, la distancia entre ellas se reduce y ese encuentro circunstancial adquiere un nuevo sentido a partir de la posibilidad de poner en palabras y ser escuchadas. Así se revela una experiencia compartida: la de haber transitado una sociedad en la que el mandato, el silencio y la desigualdad condicionaron sus posibilidades de expresarse y de sentirse protegidas.

Encuentro de tres mujeres bajo un claro de luna, que se presenta los sábados de septiembre a las 20 horas en el Teatro El Ojo, propone un diálogo entre diferentes experiencias de mujeres y las estructuras sociales que las atraviesan. La obra se detiene en las decisiones, renuncias y enfrentamientos que surgen cuando una mujer intenta apartarse del lugar que le fue asignado. Pero también señala la potencia de encontrarse con otras, compartir aquello que durante mucho tiempo permaneció oculto y transformar la experiencia individual en una construcción colectiva. La palabra aparece, entonces, no solo como una forma de contar lo vivido, sino también como un punto de partida para reconocerse y construir vínculos desde lo amoroso. Porque, como dice Viviana Astarita, directora de la obra, en comunicación con Periódico VAS: “El patriarcado nos atraviesa, de eso trata la obra. Y no podemos callarnos sobre esto. No podemos pensar que es una batalla pasada”.

Mei: Están armando un proyecto para llevarlo a la legislatura que busca que la obra sea declarada de Interés General Cultural. ¿Por qué les gustaría tener este reconocimiento?

Viviana: Hay, todavía, mandatos sociales y familiares que oprimen. Y que se problematice en escena es fundamental para que más voces aparezcan y puedan contar sus historias en lugares seguros. Por eso tenemos ganas de tener un apoyo desde la Legislatura y seguir haciendo la obra la mayor cantidad de tiempo posible.

Mei: Un reconocimiento así fortalecería, también, el vínculo entre teatro y sociedad.

Viviana: Y el teatro siempre va de la mano de la sociedad porque tiene que ver con lo que les pasa a las personas. Lo que se ve en una obra son personajes ideados por un escritor o una escritora y salidos de un trabajo teatral construido por seres que habitan esta sociedad. Es una producción situada. Una habla, muestra y nombra emociones y sucesos que la atraviesan. Esto, además, hace que aparezca en cada obra lo que sucede en la sociedad en la época en la que se produce. Y, a partir de ahí, aparecen interrogantes como: ¿Suceden estas cosas todavía? ¿Creíamos ciertas batallas ganadas y no lo están? ¿Para dónde vamos con este presente? ¿Qué nos está pasando?

Mei: Preguntas que aparecen en la obra. En escena vemos a tres mujeres que, además de narrar sus historias, están filosofando. Esto se vuelve interesante también, pensando en la falta que hacen figuras y voces de mujeres en la filosofía.

Viviana: Ellas están filosofando y lo hacen desde su historia, no solo desde la idea. Es decir, a partir de la vivencia concreta, desde el cuerpo, desde la emoción, salen estas preguntas tan fuertes que van hacia la idea, tales como si el amor existe.

Mei: En la obra, si bien vemos a tres mujeres en escena, aparecen también ecos de otras mujeres como Pizarnik, Gioconda Belli, Griselda Gambaro, Ifigenia con su nombre que ocupa el centro de la escena. ¿Cuántas mujeres entran en una mujer?

Viviana: Esa pregunta aparece en la obra. Es una duda genuina. Nosotras teníamos la idea de que aparecieran muchas y convocamos al autor, Alejandro. Él logró hacer una dramaturgia en la que entrelaza un montón de sentires femeninos. Y lo hizo pensando en que fueran mujeres latinas.

Mei: Antes de que empiece la función, piden que apaguen los celulares y proponen dejar afuera el ruido del mundo.

Viviana: La bienvenida abre la puerta a esta historia que no tiene un lugar específico, ni siquiera un tiempo. Incluso los personajes son de distintas generaciones unidas porque en determinado punto ninguna de las tres tuvo la libertad de poder decir lo que le pasaba.

Mei: La primera escena muestra a una mujer que se saca el velo. Y aparecen las tres mujeres que se sientan en un banco, mirando hacia diferentes sitios. Muy simbólico. En especial cuando, al final, terminan sentadas en el mismo banco mirando hacia el mismo lado y de la mano.

Viviana: Es el objetivo de la obra. Mostrar que podemos estar desde distintos lugares físicos y emocionales, pero estamos todas para el mismo lado. Y el velo tiene que ver con que en ese lugar/no lugar ellas pueden ser sinceras con lo que les pasa, o con lo que les pasó, o con lo que sienten desde su propia esencia. Ellas pueden ser realmente ellas. Y, a la vez, ser un conjunto que era la búsqueda de Ifigenia. Porque, si bien ella no iba a tener más tiempo fuera de ese no tiempo, quería dejar una huella, un legado. Y eso se logra porque ellas se miran desde lo más profundo. Se hablan, se escuchan. Y se complementan.

Mei: Es difícil encontrar esos lugares en los que una puede quitarse el velo y compartir con otras personas situaciones profundas.

Viviana: Nosotras encontramos en el teatro un espacio para poder hacerlo. Y como lugar, también, para que se genere la pregunta sobre en cuántos lugares las mujeres podemos realmente ser nosotras. Además, que la gente se vaya hablando de lo que vio o lo que le pasó con lo que vio puede ser el inicio de un espacio en el que sea posible dejar el velo de lado. Porque el teatro también es eso: es generar comunidad a partir de compartir una vivencia.

Mei: Ifigenia pregunta varias veces: “¿Cuál es tu historia?”. La repetición aparece muy fuerte. Los personajes dicen lo mismo varias veces, pero cada vez que lo dicen lo hacen de una nueva manera.

Viviana: Porque a medida que avanza la obra, algo en ellas se transforma. Y, aunque la frase es la misma, cuando la persona ya está modificada, la dice desde otro lado.

Mei: Y esa modificación, en la obra, aparece al poner palabras a la violencia que vivieron.

Viviana: Y de sentirse acompañadas para poder tolerar esa transformación.

Mei: ¿Por qué hablar de esto desde el teatro?

Viviana: Es una de las mejores herramientas porque sucede en el momento y te atraviesa. Hace que te pase algo. Entonces, el mover desde ahí a una persona, que se vaya con una pregunta, que se le haya generado alguna emoción y que esa emoción, también, pueda incomodar y que de ahí parta una búsqueda por encontrar maneras de afrontar estos temas fuertes. Eso permite el teatro. Porque estás ahí viendo estas historias de personajes que, si bien sabes que son ficticias, fueron escritas por una persona con base en situaciones que suceden en nuestra sociedad.
En definitiva, el teatro tiene la posibilidad de que, a partir de esa sinergia de estar compartiendo, se planten semillas para que empiecen a brotar preguntas.

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