Expediente A.R.
Cuando el femicidio se convierte en espectáculo
por Mei Kisz
Soy Mei Kisz, autora de esta nota. Me presento como se presentan los personajes al inicio de Expediente A.R.: Federica Presa dice que hará a la madre, a una periodista, a la narradora. Alfredo Sánchez, al narrador y al padre. Mauro Pelandino, al portero. Luca Ongarato, a un conductor, el novio y el narrador. Y Caro Wolf afirma que le prestará su cuerpo a A.R. para que pueda volver a la vida por un tiempo. El dispositivo actoral aparece enunciado. Desde el comienzo, todo queda a la vista. “De esa manera se recuerda constantemente que estamos ante una ficción”, dice la dramaturga y directora Melisa Freund.
Explicitar el dispositivo es parte de la propuesta del distanciamiento brechtiano, un mecanismo escénico que funciona para que las personas que asisten a una obra sepan todo el tiempo que lo que ven es una representación. De manera tal que están asistiendo a una construcción de la realidad. Una de tantas otras posibles. Por lo tanto, si hay varias maneras de construir la realidad, entonces la realidad puede ser modificada. Y nada más buscando cuando se habla de una sociedad en la que, según el Observatorio Lucía Pérez, en 2026 hubo 177 femicidios y travesticidios.
Expediente A.R. habla de un femicidio para hablar de muchos otros. Porque, si bien la obra toma como eje el caso de Ángeles Rawson, lo que hace es explicitar la deshumanización que hay incluso después del asesinato: un culpable que asume haber cometido el hecho violento y después ya no, redes sociales, programas de televisión y la noticia transformada en espectáculo. La obra, que puede verse en el Teatro del Pueblo los domingos a las 17 horas, nos dice: vivimos en una realidad en la que los likes y la primicia importan más que la búsqueda de alguna verdad. Y esto construye imágenes tanto de las víctimas como de los victimarios.
Soy Mei Kisz, periodista, autora de esta nota. Me presento como se presentan los personajes al inicio de Expediente A.R. Y lo repito como se repiten algunas acciones en la obra. Explícito. Repito. Y modifico. “La repetición en la obra es algo que vuelve, pero no es exactamente igual”, dice Melisa. Porque cuando arman la mochila con las cosas que llevaba una niña de 16 años el día de su femicidio, la primera vez lo hacen con objetos, la segunda también, pero con una velocidad más acelerada. En la tercera, los objetos ya no importan. La escena cambia y también cambia nuestra mirada. Porque, como dice la dramaturga de la obra, la repetición tiene que ver con lo que queda en el recuerdo. A la vez, hay algo de la repetición que se relaciona con los expedientes.
“Debatimos bastante sobre si dejar en la obra o no la repetición del momento en el que se arma la mochila con lo que llevaba A.R. cuando sucede el femicidio. Es fuerte. Por ejemplo, al actor que hace de femicida, que tiene mucha experiencia, le costaba interpretar esta situación. Pero no a nivel artístico. Le parecía muy fuerte. Sin embargo, la verdad es que la realidad es más fuerte que cualquier representación. Así que lo dejamos”, cuenta Melisa.
Soy Mei Kisz, periodista, y escribo esta nota para Periódico VAS. Me presento como se presentan los personajes al inicio de Expediente A.R. Y lo repito como se repiten algunas acciones en la obra. Explícito. Repito. Y modifico. Construyo una visión de “Expediente A.R.” que bien puede ser debatida y reinterpretada. Porque, como afirma la directora, la obra es rizomática. Cada persona construye una interpretación a partir de sus lecturas y vivencias.
Mei: El domingo, al finalizar la obra, un señor les agradeció en voz alta mientras aplaudía.
Melisa: Yo no lo conocía. Era un hombre que aplaudía en primera fila. Decía: “Gracias, gracias, voy a volver”. Eso es maravilloso. Un hombre de más de 60 años. A priori, una pensaría que lo que se trabaja en la obra es un tema que le resultaría lejano porque no podría ser víctima de femicidio ni, suponemos, está cerca de serlo de un homicidio. Y, sin embargo, terminó absolutamente conmovido. Eso está buenísimo. Y las mujeres, las mujeres madres de mujeres, también salen conmovidas.
Mei: ¿Por qué decidiste contar esta historia?
Melisa: Fue una pulsión. Creo que nos pasó a muchas personas que quedamos tomadas por el caso, obsesionadas. Porque tenía muchas particularidades. Y que haya sido en Palermo, ella iba al colegio al que habían ido mis sobrinos, donde van los hijos de mis amigos. Hubo algo muy cercano en ese caso. Y una no se da cuenta de lo cercano que es el horror hasta que lo tiene al lado.
Además, siempre me llamó mucho la atención cómo algunos medios de comunicación transmiten hechos policiales. Programas que no son policiales y se hacen eco de casos como el que trabajamos en la obra solo porque el morbo da rating.
Mei: ¿Cómo pensaron la construcción de la obra para que no sea parte de lo que se critica, es decir, para que un femicidio no sea un show o un espectáculo?
Melisa: Es que mientras una sea consciente y tenga una mirada y un pensamiento críticos, es difícil caer en hacer lo mismo que se está criticando. Respecto a la obra en particular, el cuidado que tuve fue no dar ninguna novedad sobre el femicidio. No intento revelar nada. La historia ya la sabemos. Sabemos cómo empezó, cómo terminó. Todo. El foco estuvo puesto en cómo contarlo y el resultado es una instalación teatral performativa y plástica que tiene que ver con el caso sin que haya una narración lineal. Los personajes cuentan lo que pasó, pero puestos en un lugar de narradores, como una crónica periodística o una crónica policial.
Mei: ¿Por qué usaste las iniciales y no el nombre y el apellido completos?
Melisa: No usar los nombres reales es una manera de decir que puede ser cualquier persona. La idea es no decir: Esta es la obra sobre el feminicidio de Ángeles Rawson. Por más que lo sea. Ese es el disparador y, por supuesto, cualquier persona que haya escuchado sobre el hecho no puede ser ingenua al decir que estamos hablando de ella. Sin embargo, aunque se habla de ella, no se trata solamente de ella.
Y también algo que tiene que ver con los expedientes, con esta cosa policial de usar iniciales, de objetivar.
Mei: Al inicio de la obra ella dice que soñó que la gente tenía ojos en los dedos que la tocaban y la scrolleaban.
Melisa: Y aparece el pavor que le da esto. Cuando algo así se hizo en la serie Black Mirror hace más de 10 años, nos parecía espeluznante porque era una distopía. Pero ahora estamos en Black Mirror. En ese momento las redes sociales existían, pero se usaban de otra forma. Sin embargo, aparece esta idea de que la persona deja de ser una persona y empieza a ser, también, una remera con la cara de una chica, como algo que se vuelve superficial.
Mei: En medio del relato, hay también muchos momentos poéticos.
Melisa: La idea era generar un contraste entre lo duro y frío del expediente, lo policial, lo “periodístico” y esos momentos que la traen a ella de nuevo a la vida. Con una iluminación cálida, vestuario cálido. Cantan, hacen juegos de palabras. Quería que fuera algo medio vacuo. Medio sin sentido. Esto de los adolescentes que pasan el tiempo, tal vez en el patio de una escuela, escuchando música, tocándose el rulo, hasta que suena el timbre.
