Adiós a La Perla. Y van…

Sucedió con El Foro, en la esquina de Uruguay y Corrientes, con la Richmond en plena calle Florida, con los 36 Billares de Av. de Mayo. Un día cerraron y cuando abrieron no volvieron a ser más los mismos. Esta vez le toca el turno al emblemático La Perla de Once, cuna de la bohemia y el rock vernáculo. Dejará de ser quien es para convertirse en una sucursal más de la cadena de pizzas y empanadas La Americana.
Hoy fue la última tarde en la que La Perla respiró el espíritu nostálgico y rebelde de su apogeo.  Un sinnúmero de vecinos, habitués y artistas se congregaron a llevarse un último recuerdo: la mesa compartida de un café, la fotografía de los hacedores del rock o tan sólo a masticar tiempos idos.  Cierra “por reformas” hasta febrero, y cuando vuelva ya no será la misma. Lo saben todos aunque la firma que ha adquirido este baluarte  insista en desmentirlo: “el inmueble declarado de interés cultural, Bar Notable y famoso por ser la cuna del rock y donde Tanguito compuso La Balsa, mantendrá las características originales cuando reabra sus puertas”, señalan desde La Americana. Pero todos sabemos que ya no será la misma Perla.
Ubicada en la esquina de la Avenida Rivadavia y Jujuy, cercana a la estación de trenes de Once, entre fines de los ’60 y comienzos de los ‘70, La Perla se convirtió en un sitio de encuentro y refugio de los músicos del rock argentino. La leyenda nació cuando allí, José Alberto Iglesias (Tanguito), escribió la letra de La Balsa acurrucado en el baño . Corría entonces la madrugada del 2 de mayo de 1967. La foto de Tanguito, desgarbado y pelilargo, resalta entre muchas otras imágenes legendarias, en las paredes del lugar.
Vox Dei, Lito Nebia, Rodolfo García (baterista de Almendra y productor de los shows de la confitería), fueron parte de los músicos que dejaron su huella con los encuentros en La Perla e inspiraron con sus letras a los turistas y vecinos que pasaron por allí.
“Me acuerdo de la bohemia y de la camaradería que se respiraba en este bar en los años 70, charlabas de mesa a mesa y nunca se negaban cigarrillos; además de ser el bar más tranquilo de la Ciudad y donde se puede venir a leer libros”, relata Tomas Escobar, vecino de la zona que toma café en La Perla desde hace más de 10 años y señala: “No me gusta este cambio, porque acá está el recuerdo de ser el lugar de reencuentro con los músicos y esa historia que se la conté a mis hijos, se va.
“Espero que los nuevos dueños de La Americana mantengan el escenario, las fotos y no se sienta el cambio”, explica Pedro, fanático del rock argentino y habitué del lugar.
 Leonardo,  uno de los músicos que se acercó a despedirse de La Perla, decía con nostalgia:  “Me emociona y me pone muy triste, esa energía de lo vivido se va con la gente que tocó acá”, dijo  mientras recordaba las palabras de Ernesto Montiel, pionero de la armonía litoraleña y del chamamé: “La música dice lo que no se puede decir con palabras, maneja solo las emociones, por eso, ojalá que haya más lugares de arte como este”.

Mar de incertidumbre
Los mozos y el personal de La Perla también están angustiados. Si bien la empresa que se hará cargo del bar, les prometió estabilidad laboral. Todo parece nadar en un mar de incertidumbre como aquella legendaria balsa que diseño Tanguito.
“Los músicos se juntaban a soñar y a inspirarse, con este cierre se va la música y la historia de Buenos Aires”, dice Aldo Godoy, mozo desde hace ocho años en el emblemático bar.
“Tuvimos contacto solo dos veces con el nuevo dueño y nos dijeron que todos vamos a seguir trabajando en las mismas condiciones, pero tenemos mucha incertidumbre y tristeza, esta es nuestra familia también”, comentó Marcelo Pérez, encargado desde hace 24 años de La Perla.

Patrimonio porteño
Horacio Spinetto, arquitecto y asesor del área de Bares Notables del gobierno porteño y ex coordinador del programa “Los Barrios Porteños” de la Dirección de Patrimonio e Instituto Histórico del Ministerio de Cultura, explicó la normativa que rige para los Bares patrimoniales.
“No hay ningún tipo de restricción edilicia en los bares Notables en la medida en que el rubro que se quiera poner esté permitido por el Código de Planeamiento Urbano”, señaló y agregó que “hay cafés notables que están catalogados y eso impide que se hagan refacciones arquitectónicas, pero si no lo está, se puede tocar”.
Cuando el edificio tiene características arquitectónicas históricas, suele estar catalogado, pero según comentó Spinetto, “el de La Perla no creo que lo esté, pero es sitio de interés cultural”.
El antecedente más cercano es el bar de Los 36 Billares, adquirido por la firma La Continental, que iba a desaparecer como tal y convertirse en una pizzería, “pero a través de contactos entre el Gobierno de la Ciudad y el dueño, se mantuvieron iguales las características”, según Spinetto. Lo cierto es que en el caso de los 36 Billares, lo que primó fue una firme resistencia de las organizaciones defensoras del Patrimonio Histórico de la Ciudad.
“Al tratarse de un café notable, deberían realizar un pedido de asesoramiento a la Comisión de Cafés Notables, para que se les informe sobre lo que se puede hacer y lo que no”, aseguro el arquitecto sobre el procedimiento que debería encarar el nuevo propietario de La Perla.

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