Apertura de la Feria de San Telmo

Afectada por la recesión económica, el escaso turismo y aplicando protocolos sanitarios, volvió la Feria de San Telmo

por Melina Schweizer

El domingo 8 de noviembre los feriantes de San Telmo reanudaron su actividad laboral. Este sector de la economía social se vio afectado desde el 15 de marzo por la suspensión de las actividades a raíz de las medidas de prevención impuestas por la pandemia de Covid-19.
Si bien a mediados del mes de mayo se reactivaron las ferias de abastecimiento barrial, no sucedió lo mismo con las ferias de artesanías. A medida que reabrían comercios, bares y centros comerciales, se postergaba la apertura de las ferias de artesanos y manualistas.

Tras varias jornadas de protestas, a fines de octubre lograron que el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño habilitara, protocolo sanitario mediante, la vuelta al trabajo de un universo de 4772 feriantes.

Desde hace 50 años miles de familias dependen del sustento generado en la Feria de San Telmo, corazón y emblema turístico de este barrio porteño. Su reapertura se da en un contexto económico nada favorable. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), una familia tipo necesita contar con ingresos de $49.911,60 para no caer en la pobreza. A raíz del desempleo provocado por la pandemia de coronavirus, en el primer semestre del año la pobreza en nuestro país se elevó al 40,9%. Este porcentaje se traduce en 18,5 millones de personas que no logran satisfacer sus necesidades básicas. Por otro lado, el costo de la canasta total en los primeros diez meses del año aumentó en $10.951 y el de la canasta alimentaria subió a $5.126; mientras que el costo de la canasta total casi triplica el salario mínimo vital y móvil, que desde octubre se fijó en $18.900 para los trabajadores mensualizados que cumplen jornada legal completa de trabajo. A su vez la indigencia trepó al 10,5%, esto implica que 4,8 millones de personas se encuentran en situación de necesidad extrema.

“La vuelta a las ferias fue más bien tranquila, ya que no volvió todo el grueso de los feriantes, tampoco el público. En el caso de las ferias como la de San Telmo, que son más bien turísticas, se notó mucho más aún. Fue bastante común escuchar a compas decir: ‘no abrí caja’ a lo largo de la calle Defensa y de ferias como Plaza Francia”, dice a Periódico VAS Sita Díaz, delegada de la feria La Recova 2 de calle Defensa al 700.

El reinicio lo tomamos con optimismo, asegura Roberto Pereyra, que tiene un puesto de venta de carteras de cuero y reflexiona: “La realidad es cruel, realmente no estamos vendiendo nada, no hay público, nosotros dependemos del turismo, en pocas palabras se hace lo que se puede”.

Para Adriana Guzmán la vuelta fue muy positiva. “El confinamiento fue muy duro tanto a nivel económico como emocional. Hubo compañeros y compañeras que pasaron momentos difíciles, tuvieron ataques de pánico, miedo…”, dice. Y comenta que el fin de semana del 7 y 8 de noviembre, cuando se reinició la feria, resultó exitoso para la mayoría a nivel de ventas. “Sin embargo -agrega- tuvo su lado extraño, ya que recibimos más de 150 denuncias de comerciantes y vecinos para que levantemos la feria. Finalmente, nos modificaron la disposición de los puestos para no afectar a los negocios y la venta cayó considerablemente. Este fin de semana, veremos cómo nos va”.

Sobre el acompañamiento del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires durante los meses de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO), los artesanos y artesanas relatan que al inicio del aislamiento recibían una caja de alimentos cada 15 días. “A veces bien con los productos, otras veces faltaban…”, añaden.

Al respecto, Sita Díaz opina que el desempeño del Gobierno porteño no estuvo a la altura de las circunstancias: “Retiró la asistencia alimentaria que venía entregando, lo que perjudicó a muchos compañeros y compañeras que recibían esa única ayuda. Si bien hay quienes consiguieron algún beneficio económico de Nación a partir de distintos programas, lo cierto es que no es fácil acceder a los mismos. La inscripción es compleja y no todo el mundo tiene la información. Por otra parte, ni las IFE, ni el subsidio del Fondo Nacional de las Artes, ni el que otorga el Ministerio de Turismo, abarcan a todo nuestro colectivo”.

La vuelta de la Ferias de Manualistas y Artesanos a la Ciudad se realiza a partir de un protocolo que establece la distancia que debe haber entre cada puesto, cantidad de personas que pueden permanecer en el mismo y medidas de higiene en la vía pública. “En nuestro caso -dice Sita Díaz-, armaron una sola hilera de puestos a lo largo de la calle Defensa, separados entre sí con un nailon. Tampoco observamos que se realice la desinfección de las calles que el Gobierno establece en el protocolo. Y, en cuanto a los baños, se provee uno por cuadra, es decir, uno para más de 60 personas. Y tenemos que hacernos cargo de mantenerlos limpios”.

El mejor protocolo es el respeto, concluye Roberto Pereyra. “Todos sabemos cómo tenemos que comportarnos, mantener el distanciamiento social, lavarnos las manos constantemente”.

Fotos: Melina Schweizer

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