Aquelarre de Negras

por Mariane Pécora

Siempre regreso sobre la escritura, escribo porque me duele.
Escribo porque si no lo escribo yo, no lo escribirá nadie.
Escribo como un acto de venganza.
Waquell Drullard

“Este conjuro de Negras, hoy es poesía”, sentencia la poeta y antropóloga Afrocostarricense Shirley Campbell Baar, en el prólogo del libro Aquelarre de Negras, proyecto colectivo, autogestivo, afrofeminista e independiente que toma forma en el deseo de contar, relatar y ennegrecer el espacio de la poesía con el aporte narrativo de mujeres afrodominicanas, afromigrantes y afrodivergentes.

Articulado por Melina Schwerizer, Isis Yael Amador Campusano, Eli Quiñonez, Karem Candelario, Agatha Brooks, Alicia Méndez Medina, Laura Alcántara Cornielle, Diana Tejada, y Waquell Drullard. este Aquelarre de Negras intenta visibilizar la doloridad de la mujer afrolatinoamericana.
El concepto de doloridad surge como complemento crítico al principio de sororidad que mueve al feminismo; fue adoptado por la filósofa feminista afrobrasileña Vilma Piadade para definir la forma en que históricamente el machismo, el racismo y el colonialismo se han encarnizado sobre las corporalidades de mujeres afro, cimarronas, y disidentes.

Doloridad que esta polifonía de voces negras intenta transformar en conjuro de lucha y rebelión. Porque, como bien señala Shirley Campbell Baar, cuando las mujeres negras se juntan, se disponen a cambiar su mundo y el mundo de todas las personas. Por eso, a la hora de introducirnos en este encantamiento la doctora afrocolombiana Anny Ocoró Loango advierte que este libro es una bofetada, a la heteronormatividad, al neoliberalismo, al control que el Estado ejerce sobre nuestros cuerpos, nuestros territorios y nuestras vidas. Y recomienda su lectura a quienes aspiran que emerja un nuevo mundo del estallido de la matriz colonial de dominación racista, patriarcal y heterosexual.

Aquelarre de Negras cuenta, asimismo, con un diseño estético de meticulosa hechicería, creado por la ilustradora colombiana Isabella Quiñonez Trujillo que, además de la contundente belleza visual que plasma sus dibujos, hace de su poesía una oda a la negritud. “Hoy quiero ser negra, negrísima, / nadar sin prisa en un cielo estrellado, / danzar con el viento, / que la luna sea testigo de mis negras intenciones, / que son de oro y miel”.

Agatha Brooks -que se define como mujer transgénero negra, poeta, actriz, gótica, modelo y activista asexual como sus espectros-, inicia este libro interpelando a una sociedad estigmatizada por el binarismo heterosexista, que no sólo clasifica, sino que también expulsa a quienes desafían todo lo instituido y determinado para nuestros cuerpos. “No estoy rota. No estoy mal. Sólo siento diferente”, escribe Agatha en el poema Asexual. Mientras que en Más de un decenio, sentencia: “No somos víctimas de las circunstancias de la vida, somos quienes venimos a romper ese patrón donde nos han metido por el color de nuestra piel”.

Nacida en la barriada diversa de Herrera, al Oeste de Santo Domingo, Alicia Méndez Medina también da cuenta del despojo, del exilio y la marginación al que son sometidas aquellas personas que no encajan en el ideario de modernidad establecido. Disputa por la territorialidad que plasma en el poema La tierra era nuestra. “Llegaron ellos para acabar con titirimundaty y el potecito de sangre”. / La tierra era nuestra. / Las casas también. /¿De quién la heredamos? / Nadie sabe. / Sí se sabe qué hace muchas generaciones estuvimos allí: ¡como hijos legítimos! / Y ahora…/ Los desplazados rumbo oeste: con el estigma. / Sin tierra. / Y en el horizonte, más allá de mis ojos veo el caserío que se confunde con el cielo: inclinado, azulado, con fisuras. / ¡La tierra era nuestra!: rumbo a algún lugar con los motetes. / ¡La modernidad ha llegado! / Nada es nuestro”.

Desde la Isla Baneque, en la ‘periurbanidad’ de Santo Domingo, Isis Yael Amador Campusano, feminista, escribidora, cimarrona e ingeniera ambiental, hace de su poesía un canto a la insurgencia en un recorrido que aborda modismos, costumbres, ritos ancestrales y una particular sensualidad: “Cuando yo me rebelo no me salen canas / sino que me salen alitas. / Y empiezo a revolotear por toda la jaula / hasta que me escapo / y desde afuera quito el pestillo. / Cuando yo me rebelo la tierra tiembla, / pero por el aplauso de mis abuelas / y las abuelas de mis abuelas. / Cuando yo me rebelo muchos lloran, / Me gritan, / Pero su bocaza abierta hace viento, / Y lo uso pa’ seguir planeando. / Cuando yo me rebelo danzo con mi panzón, / y mi culón, / y mis tetas hasta el ombligo, / que brincan hasta el sol sin quemarme / Y hago equilibrio sin caerme, / con mis cuchumil libras.

Laura Alcántara Cornielle, licenciada en educación, y escritora rebelde dominicana, dedica su poesía a quienes día a día luchan para hacer escuchar su voz y resurgen de las cenizas, no dándose nunca por vencidos. Así lo expresa en este párrafo del poema Sumersión: “Ser antirracista en los suburbios del laberinto llamado ‘la sociedad’ es nadar contra la corriente, a veces en total soledad. Te lastimas, te desgastas, tus emociones no pueden parar, pues es más fuerte la causa que las trabas cuadriculadas que las hegemonías machistas y colonialistas te puedan dictar”.

Por su parte, la periodista argentino dominicana Melina Schweizer, que hilvanó todo este hechizo poético, se planta sobre el poder que el miedo y la dominación ejercen sobre las conciencias, convencida de que la lucha colectiva y la fuerza de la palabra lograrán quebrantarlo. “Un aquelarre de negras guía mi camino, / acompañando mis pasos, / y escuchando mis gritos, / yendo a mi auxilio. / En ese aquelarre de negras no cabe el racismo, / no entra el fascismo, / ni habita la transfobia, / su fuerza vital es el amor: / ¡colectivo, valiente, doloroso y sororo!”

Waquel Drullard -que se define afro-indie-descendiente-mestice-fronteriza habitante del tercer mundo. Heterosidiente, fugada del Estado dominicano y del sistema sexo-género. Marika-travesti, anticolonial y parte de las colectivas AFROntera y Décima Ola, y voguera en la Casa de Magdalena-, cierra este poemario con una prosa tan cautivante como subversiva. Un manifiesto explícito contra la colonialidad de los territorios, del deseo, de las corporalidades y de la vida, que se cristaliza en el texto: 

Siempre me hago la misma pregunta en todos lados, ¿quién soy?
“No soy queer, cuir ni kuir porque todo eso es blanco y moderno.
Los queers viven en Berlín y San Francisco, en el Norte Global. Lo queer es una identidad reterritorializada y heterosexualmente diversa dentro de la subjetividad hegemónica blanca. Lo queer es ser blanco y homosexual. La vida de la queer blanca importa.
No soy homosexual, eso responde a la homoley de lo que debe ser un buen ejemplar gay y lesbiana. Reniego de las siglas LGBTIQ+ porque han sido asimiladas e integradas a la matriz moderna del capital. Son todas esas identidades normalizadas y reguladas en lo cisheteroblancocolonial.
Quienes niegan derechos laborales y despojan a pueblos de sus territorios, son las mismas transnacionales que marchan con la bandera arcoíris una vez al año en el mes del orgullo.
Lo gay y todo lo lgbtiq+ es neoliberal.
Les niego.
Las negras racializadas, prietas e indias tercermundistas, somos marikas, maricones, jotos, bolleras y pájaras…
Somos calibanes que voguean contra el ritmo de Ariel, somos las otras, las deshumanizadas.
No soy no-binarie porque eso ya tiene tufo a mainstream, soy una marika-travesti. Soy abyecto, soy la bestia. No soy trans, soy marika-travesti. Yo nunca soy yo, existo en lo relacional, soy porque somos, soy en lo colectivo.
Yo sé que es vivir en las orillas del abismo, ese lugar ha sido siempre mi casa.”

Como plantea la periodista dominicana Maribel Nuñez, en la contratapa del libro: este Aquelarre de Negras des-construye todo aquello que somos como fruto de siglos y siglos de blanca imposiciones, y plantea un alto en ese yo colectivo, partiendo de las consecuencias y permutaciones individuales para incidir en el todo, para una voz que no calla, y es un eco en el nervio social que cambia desde lo personal, porque cada día lo personal hace temblar las columnas de lo político.
Un eco que seguirá retumbando hasta el infinito para cambiar el mundo, para dejar en el pasado el inoculado desprecio a nosotras mismas, una de las terribles consecuencias de lo que nos han hecho.

Ilustración de portada:  Isabella Quiñonez Trujillo. 

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