Charo Moreno: “La escritura era la única conexión que teníamos con el exterior”
Hay historias que esperan años para ser contadas. A Charo Moreno, actriz, dramaturga y directora, le llevó casi una década volver sobre las cartas que escribió durante su paso por la cárcel como presa política. Porque, al recuperar la libertad y retomar su vida, no imaginó que aquellos escritos conservados por su madre podrían ser un documento importante para la historia argentina. Y mucho menos que se convirtieran en el punto de partida de una obra teatral.
por Mei Kisz
La dimensión de ese archivo personal se hizo evidente para ella cuando la Biblioteca Nacional Mariano Moreno se puso en contacto para solicitar la donación de los originales. Fue entonces cuando Charo Moreno tomó conciencia de que aquellas cartas no solo conservaban una historia individual, sino que también constituían documentos capaces de dar cuenta de una experiencia y de un contexto. La escritura, que en su origen había sido parte de su vida cotidiana, adquiría así otro valor: el de preservar una memoria capaz de trascender lo privado.
Cuando finalmente decidió digitalizar las cartas, las trabajó junto a la poeta Margarita Roncarolo. Más tarde, fueron el eje de su tesis en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD) y, con la supervisión del dramaturgo Héctor Levy-Daniel, dieron lugar a una pieza escénica que hoy conocemos como “Y CON ESTA LUNA… Cartas desde la cárcel”, que puede verse los sábados de noviembre a las 18 horas en el espacio Área 623, ubicado en Pasco 623.
El paso de las cartas al teatro implicó, sin embargo, un trabajo diferente al de la recuperación documental. Para construir la obra, Charo Moreno tuvo que seleccionar los textos, organizarlos temporalmente y pensar de qué manera podían ser compartidos con el público. Porque el trabajo no se trataba de trasladar las cartas de forma literal a la escena, sino de encontrar una estructura dramática que permitiera darles una nueva dimensión sin perder de vista su origen.
Así, aunque su recorrido profesional estaba ligado a la actuación y la dirección, el trabajo de Charo también significó un acercamiento a la dramaturgia. La formación con Levy-Daniel le permitió desarrollar herramientas para transformar ese material en una pieza teatral. Así, las cartas encontraron dos formas de permanecer: el libro, que conserva su escritura original, y la obra, que las reúne en una construcción escénica.
Mei: Hay algo que empezó a suceder antes de que entremos a la sala a ver la obra. Porque nos reciben cantando.
Charo: Eso tiene que ver con la puesta en escena. También la obra está pensada para que no haya telón ni apagones. La gente no tiene que sentarse, esperar a que se abra el telón, que aparezca una luz y empiece. Que todo eso no esté aporta a que todo se amalgame, que tanto el público como las actrices entren en un clima determinado. Porque el teatro lo que hace es producir una vivencia. Entonces, cuanto más completa y armoniosa sea la experiencia, lo que produce es más potente. Es una puesta que tiene algo Brechtiano.
Mei: Hablan al público, por ejemplo. También eso es Brechtiano.
Charo: Todo el tiempo. Y al final, cuando aparezco a saludar, se desnuda la ficción.
Mei: Al final, también cada una dice quién es y qué la motiva a hacer la obra. Hay una pared que se rompe.
Charo: Eso está en el fondo de la obra todo el tiempo. Las cuatro mujeres que aparecen en escena son ellas como actrices, pero, a la vez, cuentan la historia de la chica de aquella época, que a la vez es una persona que escribió cartas para contar su realidad. Y todo está a la vez.
Mei: Porque en la obra son cuatro mujeres las que le prestan la voz a las cartas, que fueron escritas todas por vos.
Charo: La idea de que no sea solamente una voz la que trae las cartas tiene que ver con, de alguna manera, hablar de todas las que fuimos presas por motivos políticos. Las cartas que escribíamos en aquel momento son bastante parecidas. Empezando por el motivo por el que estábamos presas, y después toda la vida práctica que teníamos estando adentro porque nos organizábamos para poder vivir, resistir y crecer. Las actividades. Y los sentimientos. Por eso, todas son una voz, la mía, que escribí esas cartas, pero a la vez son varias voces, porque las cartas de otras personas eran similares y quería que estuvieran representadas.
Mei: ¿Qué lugar ocupaba la escritura cuando estabas, junto a otras compañeras, privada de tu libertad?
Charo: Era la única conexión que teníamos con el exterior. Algunas recibían visitas, pero las que, como yo, veníamos de otros países o provincias, recibíamos poco. Así que la escritura era el medio. Y era una conexión con censura mediante. Había muchas que no llegaban y, las que llegaban, era porque pasaban la revisión.
Lo que teníamos claro era que cuando los hijos estaban afuera, era más importante que nunca escribir. Y había compañeras que hacían cuentos o dibujaban muy lindo, y nos daban ese material para que le mandemos a nuestros hijos. Porque había que lograr llegar a esos niños de alguna manera y sostener un vínculo madre-hijo.
Mei: ¿Tenían respuestas?
Charo: Sí, pero también medidas por la censura. Además, Devoto era una cárcel especial porque éramos presas legales. A veces venían organismos o la Cruz Roja y todo se acomodaba para que vieran un determinado orden. Pero, después, teníamos un reglamento especialmente creado para nosotras, que se llamaba “Reglamento para detenidos terroristas”, y lo que realmente pasaba no era lo que se mostraba o lo que se podía decir en las cartas. Por ejemplo, para el afuera nosotras estábamos ordenadas alfabéticamente. Pero, en realidad, había una idea de que en un piso estábamos las “más peligrosas”, más abajo las “más cercanas a la libertad”.
Mei: En lo micro aparece lo macro. Porque en las cartas también se deja ver una situación más general del país. Y lo mismo pienso ahora que decís esto de la organización pensada de una manera para mostrar, pero que, en realidad, era de otra manera.
Charo: Es una manera de dar cuenta de un mundo. Y es algo que es muy difícil de transmitir. De esta manera se cuela todo el tiempo; en el cotidiano, se cuela lo que es ese mundo. Y es, además, algo que es muy difícil de transmitir sin que la gente se ponga mal. Porque el discurso que está establecido es el del horror: muertos, desaparecidos, militares.
Mei: Hay algo de humor en la obra; la gente se reía.
Charo: El humor es lo vital. Si no te puedes reír de tu propia situación, es muy difícil vivir y, sobre todo, hablar de temas como el que habla esta obra.
Mei: Tal vez sea un poco de alegría lo que permita seguir sosteniendo la memoria y narrando lo que sucedió sin deprimirnos de forma constante.
Charo: Además, nosotras siempre fuimos compañeras alegres. Comprometidas, entregadas, vitales, y alegres. Con convicciones.
Mei: Una alegría ahora es que se van a Colombia al Festival Internacional La Fiesta del Teatro 2026. ¿Qué significa la invitación a un evento como este para ustedes?
Charo: Es maravilloso porque, además, el elenco de este año es nuevo y las chicas, jóvenes, se apropiaron de la obra y enseguida decidieron sumarse al viaje. Y hacer teatro, llevarlo a otro país, es un sueño máximo. Sentir que puedo compartir las experiencias con otras personas, y compartir pedazos de historia a través del teatro es maravilloso. Porque el arte es una de las mejores expresiones para transmitir cualquier cuestión histórica o política.
Mei: Además, permite ir más allá de las consignas.
Charo: Porque las consignas, sin las historias que las sostienen, terminan quedando vacías. Además, es importante que se nos reconozca como seres humanos. Porque si no, nos instalan en el imaginario como si fuéramos héroes supremos que nunca van a existir más o los terroristas subversivos monstruos. Pero somos seres humanos. Y lo que narro es mi historia. La historia de una persona.
