Confitería y Café Piazza Buenos Aires

por Gabriel Luna

Luis Sáenz Peña 24 (entre Rivadavia y Av. de Mayo)

PARTE II

Desde que en la Plaza Lorea había casas coloniales, un tanque de agua para abastecer la Ciudad, un teatro italiano y un mercado morisco, hasta que se demolieron doce manzanas y surgió del polvo un bulevar parisino. 

Hubo, hace siglo y medio en la Plaza Lorea, un molino de viento frente a la actual confitería y café Piazza. Era un molino harinero instalado en uno de los sitios más altos de la Ciudad, que funcionó hasta el año 1869. Entonces el municipio decidió aprovechar la altura más que los vientos, desmanteló el molino, e instaló un tanque para suministrar agua corriente. El emprendimiento surgió por razones de higiene, para frenar los ataques del cólera mediante una planta potabilizadora de agua. Había en la ciudad de Buenos Aires 177.787 habitantes, según el Primer Censo Nacional de 1869, y la población se abastecía de los aljibes o de las aguas del río, que clarificaban los aguateros con alumbre. El tanque se elevaba a 20 metros, y superaba toda la edificación existente. De modo que podía verse desde cualquier parte de la Ciudad, era un signo de progreso. Tenía 81 m2 de superficie por 3,60 m. de altura (similar al volumen de un departamento actual de 4 ambientes), y almacenaba 272.000 litros. El suministro de agua corriente se hacía de 7 a 14 horas, llegaba a los hospitales, edificios públicos, hoteles, teatros, plazas. Hoy, donde estaba el tanque hay un estanque con nenúfares y un jardín francés diseñado por el paisajista Thays.

En 1876, frente al tanque de agua, se inauguró el actual teatro Liceo -llamado entonces El Dorado y después Goldoni- en la calle Rivadavia y Paraná (esquina NE). Este teatro, de estilo italiano -hoy con algunos ornamentos perdidos-, es el más antiguo en actividad de la Ciudad. Empezaron allí varias compañías italianas haciendo la comedia del arte, siguieron las españolas con zarzuelas (La Verbena de la Paloma, 1894), el grotesco criollo (Las de Barranco, 1908), los sainetes, y también el circo criollo, desde los hermanos Podestá (1920) hasta Enrique Pinti (2005).

En 1883, frente al tanque de agua pero sobre la calle Lorea -actual Sáenz Peña- donde hoy está la confitería Piazza, se demolió la colonial barraca de Villarino y se construyó el Mercado Modelo. Era un edificio formidable de estilo morisco y tres plantas, con un gran patio central y locales perimetrales, que llegaba hasta la calle San José.

La Ciudad crecía vertiginosamente debido a los inmigrantes -en su mayoría, italianos y españoles-, que llegaban requeridos como mano de obra industrial para forjar “el progreso”. En 1887, la ciudad de Buenos Aires tenía 429.558 habitantes. La idea de “progreso”, impulsada por los presidentes Sarmiento y Roca, no incluía necesariamente al criollo, tampoco al gaucho ni al indígena. El “progreso” consistía en hacer un país europeo (por eso se alentaba la inmigración) y transformar la ciudad de Buenos Aires en una metrópoli europea. El modelo fue París. Sarmiento había vuelto admirado de los anchos bulevares, diagonales y paseos trazados por el urbanista Haussmann. Los intendentes porteños Alvear, Cané y Seeber hicieron un coro entusiasta, y la transformación empezó. Lo primero fue trazar un bulevar, Buenos Aires no tenía, ninguna ciudad sudamericana tenía. Así nació la avenida de Mayo. Su trazado uniría Plaza de Mayo con Plaza Lorea. Habría que demoler diez manzanas. Surgía entonces una contradicción: ¿por qué para construir el “Buenos Aires europeo” se demolerían diez manzanas edificadas, cuando había gran carestía y necesidad de viviendas, debido precisamente a la ola de inmigrantes europeos?

La demolición comenzó en la Plaza de Mayo el 25 de mayo de 1888. Y, curiosamente, se destruyó en esa fecha el ala norte del Cabildo histórico, que tenía tres arcadas grandes. La piqueta avanzó dejando un kilómetro de polvo y escombros hasta la Plaza Lorea. Allí se demolió el flamante Mercado Modelo de estilo morisco, cuyo frente iba desde la calle Rivadavia hasta la actual Hipólito Yrigoyen. Los puesteros desalojados formaron una cooperativa y fundaron el famoso Mercado de Abasto (hoy, Shopping Abasto) en el barrio de Balvanera. De la demolición del Mercado Modelo surgieron dos manzanas. En la manzana de Rivadavia -San José -Av. de Mayo-Sáenz Peña, donde hoy está la confitería Piazza, se construyó en 1890 un teatro llamado Salón Colón.

La avenida de Mayo se inauguró el 9 de julio de 1894 con luces de bengala a lo largo del trayecto y fuegos artificiales en la Plaza Lorea. Era como un bulevar de la “Belle Époque”, con edificios góticos, de estilo italiano o del academicismo francés, que surgían flamantes y presuntuosos a lo largo de la traza, casi inexplicables en este lugar del mundo. La avenida tenía y tiene 30 metros de ancho, sumando la calzada de 17 y las dos veredas de 6,5. Dimensiones extraordinarias para la época. Los edificios medían de 20 a 24 metros hasta el cuarto piso y luego se elevaban en mansardas, logias o cúpulas hasta alcanzar 30 metros o más. Allí se instalaron la sede de Gobierno de la Ciudad -todavía está-, empresas, bufetes de abogados, teatros, hoteles, casas de renta, tiendas, restaurantes, y los cafés con billares, con mesas dispuestas en las veredas hasta la madrugada, que le daban a la avenida un aire de paseo y tertulia madrileño. En 1899, el Salón Colón se dedicó a la proyección de películas mudas y cambió su nombre por Biógrafo Avenida -tenía entrada por Av. de Mayo 1499-.

 Mientras crecía la edificación en la avenida de Mayo, se construía el Palacio del Congreso sobre la avenida Entre Ríos entre la calle Victoria -actual Hipólito Yrigoyen- y la calle Rivadavia. El imponente edificio estilo grecolatino, plagado de alegorías y con una cúpula ovoide que alcanzaba los 80 metros, se inauguró en 1906. Semejante pieza no podía permanecer solitaria, los impulsores del “Buenos Aires europeo” querían integrarla como un broche de oro al paseo de la avenida de Mayo. Para eso había que demoler dos manzanas más: la de Entre Ríos-Rivadavia-Solís-Yrigoyen y la de Solís-Rivadavia-Cevallos-Yrigoyen, y construir una plaza que, unida a Plaza Lorea, integrara en el paisaje al Congreso. A todo esto, los vecinos resistían la piqueta. Luego de ver caer el útil y flamante Mercado Modelo, se organizaron para evitar la desaparición del tanque de agua, estéticamente inconveniente porque empañaría la vista de la cúpula ovoide desde la avenida de Mayo.

Lo que no calcularon Sarmiento, Roca, Alvear, Cané, y otros impulsores del “Buenos Aires metrópoli” y de la inmigración europea de mano de obra cualificada, fue el anarquismo. Llegaron los obreros cualificados y también (coincidentemente) las personas calificadas. Personas de formación humanista, libertaria y con conciencia de clase, que resistían y luchaban contra la explotación y la soberbia del capitalismo.

En Plaza Lorea, junto al tanque de agua, cuando los obreros anarquistas conmemoraban el Día Internacional del Trabajador el 1º de mayo de 1909, ocurrió una masacre. El jefe de policía Ramón Falcón ordenó una carga de fusilería y después mandó a los vigilantes montados que arremetieran contra la multitud a sablazos. Había allí 1500 personas, hombres, mujeres y niños. Hubo 14 muertos y 80 heridos. Uno de los heridos fue el anarquista Simón Radowitzky quien, seis meses después, como el Gobierno no escuchaba los reclamos obreros ni destituía al Jefe de Policía, puso una bomba en el carruaje de Ramón Falcón y le dio muerte.

 En 1909 se demolieron las manzanas que impedían la vista del Congreso. Cayeron las Caballerizas del Escuadrón de Vigilantes a Caballo, que habían sido las caballerizas de la Mazorca y, años antes, el lugar donde los indígenas dejaban sus caballos y sus arreos cuando llegaban al Mercado Indio. Se desmanteló el Circo Buckingham Palace, animado por el famoso payaso Frank Brown, que estaba en la calle Victoria entre Solís y Entre Ríos. Se demolieron el Colegio Condorcet y la Casa del Mirador sobre la avenida Entre Ríos. Y también cayó el tanque de agua.

La Plaza del Congreso unida a la Plaza Lorea, con escultura de Rodin, estanque con nenúfares y jardines estilo Versalles diseñados por Thays, se inauguró solemnemente durante los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo. Hubo desfile por avenida de Mayo, que tenía entonces adoquines de madera, balcones abanderados, y vista a la cúpula del Congreso.

 

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