Contra la tiranía del “cuerpo perfecto” se aprobó la Ley de Talles

Los establecimientos comerciales de indumentaria deberán tener en existencia un mínimo de 8 talles, correspondientes a todas las medidas corporales. Se busca así evitar la discriminación de los consumidores que no encuentran su “medida” en las tiendas.

Los comercios de venta de indumentaria deben garantizar todas las medidas corporales normalizadas del género y la franja etaria a la que se dediquen, excepto cuando se trate de productos discontinuos o en liquidación fuera de temporada, dice la Ley. El objetivo de combatir la discriminación que es provocada por la fabricación y posterior comercialización de prendas de vestir cuyas medidas excluyen a la mayoría de la población. Hoy la publicidad y el mercadeo juegan un rol fundamental. Desde estas disciplinas, se fomentan patrones anatómicos unidimensionales para las prendas de vestir que no corresponden a las medidas de la mayoría de las personas. Esta discriminación genera múltiples repercusiones en las personas que resultan victimas de ella, en muchos casos el surgimiento y la difusión de enfermedades como la bulimia y anorexia sin dudas son, en parte, explicados por la difusión de estos patrones excluyentes de `belleza ´.Esta Ley que procura regular las relaciones entre el consumidor y el productor, porque los consumidores tienen derecho a un trato digno y a la información sobre lo que compran. Asimismo, a través de esta medida se busca combatir la discriminación de ciudadanas y ciudadanos que no entran en los talles o que no hallan su talle en el mercado y sumado a ello, se evita la multiplicación de enfermedades como la bulimia, la anorexia en ambos sexos y especialmente en los hombres la denominada “vigorexia”, una alteración psicológica.

La diputada porteña del bloque Socialista, Verónica Gómez, dijo: “La moda proporciona elementos que contribuyen a determinar los parámetros de clasificación vigentes en la sociedad, permite identificar, reconocer y distinguir. A ella se recurre para pertenecer, para legitimar, para superar la inseguridad interna y el aislamiento personal. En razón de lo anterior, es habitual contraponer la moda a la costumbre, como lo nuevo a lo viejo, o las nuevas posibilidades a la rigidez de la tradición. Sin embargo, hoy presenciamos como la moda engendra nuevas rigideces y abre una profunda amenaza de exclusión para quien no siga las normas que ella dicta, condicionando con mayor o menor énfasis a los distintos sectores sociales e imponiéndose como una necesidad social, con mayor incidencia en el grupo etario joven y en general en las mujeres más que en los hombres. Poco a poco presenciamos como socialmente se ha impuesto un modelo de mujer cuyo peso es mucho menor que el de la mujer promedio, un prototipo femenino ajeno a las características físicas de la mayoría de las mujeres. Estos modelos corporales muy inferiores a la talla normal, difundidos por la publicidad y por los medios de comunicación en general, aparecen como paradigma de triunfo, como medio para acceder al poder, a dinero, a la riqueza, a la fama, al éxito, a la diversión, a la aceptación. Ya no se limita el rol de las modelos a los desfiles y las pasarelas. Se las convierte en modelos de vida y se impone de tal manera que termina convirtiéndose en un requisito indispensable de las mujeres de hoy para ser feliz. Cotidianamente están sujetas a comentarios que aprueban su delgadez y condenan su gordura y son descriptas por los hombres y por otras mujeres conforme a sus características físicas y a su apariencia.

Por ello no es casual que los negocios de ropa femenina ofrezcan al público talles mínimos imposibles de adaptar al cuerpo de las mujeres medias. A diario vemos como se alienta el consumo de productos que no encajan con la fisonomía de la gran mayoría de las mujeres, se apunta a ideales que son inalcanzables y sobre el debilitamiento del autoestima femenina, su frustración y sobre la insatisfacción con el propio cuerpo se desarrollan industrias que facturan miles de millones de dólares al año, la industria de la moda, de los cosméticos, de los productos y servicios light, de la cirugía plástica. Se genera un padecimiento social que termina expresándose en un fuerte consumo por parte de las mujeres. Hace más de una década comenzaron a fabricarse prendas de talle extra-small. El talle reemplazo a la balanza y pasó a ser una tabla de medida. El talle mide la posibilidad de ser exitoso y protagonista, la posibilidad de “pertenecer”. Dos parámetros son los que siguen las marcas líderes que venden ropa femenina para mujeres de entre 16 y 35 años: trazos adolescentes y talles chicos”.

La Ley tiende a eliminar la presión social del llamado “cuerpo perfecto”, una arbitrariedad que supo de diferentes medidas en distintas épocas, que puede impulsar ya en la actualidad no sólo a las adolescentes sino también a los adolescentes, a una mala alimentación y sus graves consecuencias patológicas. Es innegable que los negocios venden una ilusión, y como tal esta impresión de no alcanzar el modelo impuesto también perjudica a quienes no están enfermos. Los especialistas en trastornos alimenticios señalan y ratifican el efecto multiplicador que estas circunstancias de superficialidad y ensueño provocan ya, puesto que han crecido las consultas entre niños de 3 a 9 años por casos de bulimia y anorexia, y declaran que esto es una real muestra de “descomposición social”.