Cuando el modelo es la pobreza

por Mariane Pécora

Crisis sanitaria incontrolable, disputas políticas estériles, pobreza, desempleo, precarización laboral, inflación, encierro indefinido, vigilancia, miedo a ese otro tan cercano como desconocido. Una amenaza invisible cerca nuestra existencia desde hace más de un año. Ningún gobierno del mundo parece estar dispuesto a dar respuestas ecuánimes para el conjunto de la población. Los privilegios de unos pocos siguen primando por sobre la necesidad de las grandes mayorías. En el camino va quedando la estela de las vidas, el bicho las devora, el fuego las incinera. No hay registro fotográfico de esas muertes: mi madre, amigos, amigas, conocidos, seres a quienes no volveré a abrazar, un duelo que se hace tan extenso como incompresible

El paisaje del barrio ha cambiado también, como después de un tsunami hay despojos. Negocios desaparecidos, vidrieras tapizadas de papeles amarillentos, calles rotas, veredas rotas, edificios que tienden a desintegrarse ante el abandono. El Centro dejó de ser el Centro. La avenida Corrientes desfalleció tras la reforma, cantero mortuorio de por medio. Dejó de ser la calle que nunca duerme, para convertirse en la arteria que por las noches cobija a quienes lo han perdido todo. Los nadies, los sin techos, las personas en situación de calle. Tan visibles como invisibles a los ojos de un Estado ausente.

La brecha entre quienes lo tienen todo y quienes perdieron todo es cada vez más extensa. Hay zonas de la Ciudad donde la voracidad inmobiliaria trabaja a destajo levantando torres inútiles. Viviendas ficticias para ese puñado de personas, el 8,7% de la población porteña que la estadística califica como sector acomodado. Se erigen edificios para una ciudad que se vacía. Las capas medias van en baja, sentencia la estadística. En el último trimestre de 2020 la clase media porteña cayó un 2,7% y se sitúa en el 45,9%. El último informe sobre las condiciones de vida en la Ciudad de Buenos Aires, indica que esta caída implica un empobrecimiento generalizado de toda la población. Desde hace años este estrato social viene experimentando un pronunciado descenso que se profundizó durante la pandemia. En el mes de marzo, una familia tipo (pareja joven con dos niñes en edad escolar), debió contar con ingresos de entre $90.493,39 y $289.578,88 para calificar como clase media. Un escalón más abajo califica el sector medio frágil, que alcanza al 10% de la población, y acoge a la clase media desahuciada. En el llano, alejada de cualquier espejismo de progreso, la población vulnerablepobre e indigente alcanza el 35,6%. En términos humanos este porcentaje representa un universo de 1.097.000 personas, de las cuales aproximadamente 52.000 (20.000 hogares, dice la estadística) percibe cero ingreso.

En este contexto la pandemia se presenta como una tormenta perfecta, o tal vez, como un selecto plan de exterminio. El virus es invisible, surge de la nada y lo devora todo. A un año de declarada la pandemia, la Organización Mundial de la Salud no logra, o no quiere, develar el origen de este virus. La última expedición enviada al origen, la ciudad de Wuhan en China, regresó con tres teorías y ninguna certeza. Hay certezas que resultan antisistémicas, pues implican asumir que el capitalismo extractivista es responsable del enorme daño medioambiental que sufre el planeta, y que industrias como la megaminería, el agronegocio y el fracking contribuyen a modificar la biosfera y propician la aparición de nuevas enfermedades, de nuevos virus, de nuevas pestes.

Transmitido por un animal ignoto o liberado en un laboratorio de patógenos, el enemigo invisible se lleva la vida de los “prescindibles”: personas mayores, personas con enfermedades previas, personas a las que el acceso a la salud se les presenta como un horizonte demasiado lejano. Seres cuya existencia contribuye únicamente a engrosar el gasto público. Las bocas inútiles…

Sobrevivir en la incertidumbre se ha transformado en el desafío de miles de trabajadores y trabajadoras esenciales en tiempos de pandemia.

La noticia de la semana es la inminente fabricación de la vacuna rusa Sputnik V en nuestro país, por parte del laboratorio (privado) Richmond. El 12 de agosto del año pasado el presidente Alberto Fernández hizo un anuncio similar en la quinta de Olivos; entonces Argentina y México producirían las vacunas Oxford/AstraZeneca para abastecer al continente latinoamericano. La triangulación de la farmacéutica británica AstraZeneca -entre cuyos propietarios destaca el fondo BlackRock-, la argentina mAbxience biotech -del billonario argentino Hugo Sigman- y la mexicana Liomont -del multimillonario Carlos Slim-, obraría el milagro. Para la ocasión, el Gobierno argentino desembolsó 54 millones de dólares por 22 millones de vacunas, que recibiría por etapas a partir del mes de marzo. Antes de que se desatara la segunda ola. Ni una sola dosis fue entregada, pese a que en nuestro país se produjo el equivalente a 40 millones de vacunas. Estamos hablando de miles de muertes que debieron haberse evitado. Estamos hablando de una estafa triangulada entre magnates.

Richmond recibió del Estado nacional 2.800 millones de pesos el año pasado y, desde que anunció la probable producción de la vacuna rusa en nuestro país, sus acciones se dispararon un 39%. La salud y la enfermedad cotizan en La Bolsa. Tal vez sea hora de dejar de aplaudir y comenzar a exigir. Exijamos la liberación de las patentes, por ejemplo. Iniciemos, de una vez por todas, el camino hacia una auténtica justicia social. En definitiva, nos está matando un virus que no es otra cosa que el horroroso espejo de la desigualdad.

En poco más de un año, el bicho, la peste, la pandemia, ha arrasado más de 61 mil vidas y empobrecido a millones de personas en todo el país. Sin embargo, la prioridad del Gobierno sigue siendo la negociación de la deuda que la gestión macrista contrajo ilícitamente con el FMI. Podría tratarse de mera literatura si no existieran cifras para corroborarlo: en el primer trimestre del año se invirtió más dinero en el pago de intereses de la deuda ilegítima, que en Salud. Por cada peso invertido en Salud se pagaron 1,33 pesos de intereses de una deuda ilegítima. En la cresta de la segunda ola, el ministro Guzmán gestiona con el G20 la creación de un fondo para que países empobrecidos, como el nuestro, continúen endeudándose y sigan pagando intereses. No existen buenos augurios en tan estrecho horizonte.

https://www.estadisticaciudad.gob.ar/eyc/wp-content/uploads/2021/04/ir_2021_1549.pdf
https://www.estadisticaciudad.gob.ar/eyc/wp-content/uploads/2021/03/ir_2021_1541.pdf
https://www.laizquierdadiario.com/Prioridades-en-2021-116-584-millones-fueron-a-deuda-y-no-a-fortalecer-el-sistema-sanitario
https://cancilleria.gob.ar/es/actualidad/noticias/el-presidente-alberto-fernandez-anuncio-que-argentina-producira-la-potencial
https://www.lapoliticaonline.com/nota/133254-el-gobierno-habria-pagado-54-millones-de-dolares-a-sigman-astrazeneca-y-la-vacuna-no-aparece/
https://www.argentina.gob.ar/noticias/se-otorgo-asistencia-por-mas-de-2800-millones-para-investigacion-y-produccion-de-vacunas-e
https://www.baenegocios.com/economia/Guzman-ratifico-que-el-IFE-y-la-ATP-permitieron-que-la-Argentina-este-mejor-que-otros-paises-de-la-region-puede-volver-la-asistencia-economica-20210404-0013.html

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