Cultura de la cancelación y redes sociales

La cultura de la cancelación se vuelve letal en las redes sociales donde la inmediatez permite una extraordinaria viralización de los mensajes, de manera que hashtags, fotos y vídeos suelen transformarse en armas de linchamiento virtual y público. Ante este fenómeno cabe preguntarnos ¿Es la cultura de la cancelación censura disfrazada de corrección política o justicia social empadronada en la batalla cultural?

por Melina Schweizer

Entendemos como cultura al conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, y se manifiesta a través del lenguaje que codifica y descodifica el sentido a la vida en sociedad. En este marco, suelen aparecer fenómenos que producen cambios o transformaciones sociales, uno de esos tópicos y tal vez el más problematizado es  “la batalla cultural”.

La batalla cultural intenta descentralizar las maneras en la que las personas interpretamos el mundo. Pone en juego el pensamiento hegemónico y se permite horadar las convenciones sociales preexistentes. Si a la historia la escriben los que ganan, silenciando a lxs perdedores, la batalla cultural redefinirá este postulado a partir de la restructuración del relato.

Es aquí donde aparece el fenómeno de la “cancelación cultural”, es decir, la fricción en la red de significados sobre los cuales el individuo camina en tanto hacedor de cultura y producto de la cultura. Se trata de un mecanismo que se exterioriza a partir de la indignación a través de la cual se intenta borrar o “cancelar” lo que considera injusto o inconveniente.

Por lo general,  la cancelación cultural se efectúa  contra de personajes públicos a los que se castiga retirándoles el apoyo. Per puede suceder con películas, conferencias, videojuegos y cualquier obra de arte que no pase el filtro de la corrección política del momento.

En el libro “La sociedad abierta y sus enemigos”, el filósofo austríaco Karl Popper desarrolla la paradoja de la tolerancia: “Si toleramos a los intolerantes, éstos  acabarán imponiéndose con impunidad (o como mínimo, el riesgo de que lo hagan se elevará considerablemente), eliminando como resultado la posibilidad misma de la tolerancia”. Un pensamiento que refleja la conducta autodestructiva de la tolerancia, puede transformarse en círculo vicioso, porque: “si no debo ser tolerante con los intolerantes, terminaré volviéndome intolerante”.

“Avergonzar no conduce al aprendizaje”, sentenció la artista afro-estadounidense Willow Smith. La cantante, junto a familiares y activistas, hablaron sobre la cultura de la cancelación en el programa Red Table Talk: “Eso es tan frecuente en este momento”, dijo Willow. “Veo a personas avergonzando a otros, diciendo cosas realmente terribles, avergonzando a las personas por lo que eligen decir o por no decir nada en absoluto. Si realmente queremos un cambio, avergonzar no conduce al aprendizaje”.

La cultura de la cancelación es una navaja de doble filo. Se entrelazada con la batalla cultural en la medida en que cuestiona las hegemonías, ejerciendo presión social para generar cambios; o bien promueve un revisionismo histórico, que agrega las voces de la periferia de la historia y escucha a lxs perdedores. Pero su finalidad es la expiación de la culpa, en este sentido es retroactiva y se relaciona con el concepto de apropiación cultural: señala a quien usa la dimensión simbólica, práctica o material de una comunidad a la que no pertenece o que desconoce el significado de los elementos culturales implementados. De manera que silencia a las personas con la que no compaginan ideológicamente, imposibilitando así el debate.

Por otro lado, la cultura de la cancelación provee de herramientas para ejercer la justicia social contra aquellos que promueven el odio, la homofobia, entre otras, creando un sistema en donde las transgresiones sociales, disfrazadas de comedia, buscan proliferar. Pero, proveer a las personas de la capacidad de linchar al que está en falta públicamente, impide que respete la presunción de inocencia. En la actualidad ser acusado públicamente nos convierte en culpable y diluye la posibilidad de defensa.

Un aspecto positivo de este fenómeno sucedió el 17 de julio del año 2020, cuando la compañía PespsiCo se vio obligada a modificar el nombre y la imagen de marca de su línea de productos para hacer panqueques y de sirope Aunt Jemima. De esta manera, le puso fin a un icónico personaje criticado por su historia racista. El logo de la marca, que tiene más de 130 años de antigüedad, representa a una mujer negra basada en un personaje de los “minstrel shows” del siglo XIX, en los que actores blancos interpretaban a negrxs. La ofensiva caricatura está enraizada en un estereotipo de la amigable mujer afroamericana que trabaja como sirviente o niñera en una familia blanca.

La cancelación cultural incluye la denuncia de comportamientos discriminatorios o inaceptables socialmente, y siempre habrá en ella un espacio de poder disponible. El problema reside en las formas en que este poder es ocupado y en las formas en que es ejercido. Toda voz debe ser escuchada, en tanto y en cuanto no constituya la promoción de un delito.

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