De nuevo aquí para encontrarnos

Por Ximena Schinca*
@ximenaschinca

La tolerancia está siempre del lado de «la razón del más fuerte»; es una marca suplementaria de soberanía; es la cara amable de la soberanía que dice, desde sus alturas, al otro: yo te dejo vivir, tú no eres insoportable, yo te abro un lugar en mi casa, pero no lo olvides: yo estoy en mi casa. (Jacques Derrida, La hospitalidad)

­-Qué maravilla. Mirá qué belleza. No he visto algo así en Rosario desde que nací. Hay mujeres de todo el país, y también de Paraguay, Uruguay, Bolivia-, me dijo el taxista en el rápido recorrido del Monumento a la Bandera a la Facultad de Derecho, y señaló a un grupo de mujeres sonrientes y estoicas con sus pañuelos verdes por el derecho al aborto. Legal. Seguro. Gratuito. Contagiado de irreverencia, el rosarino enfatizó (por si hacía falta) que él era oriundo de esa ciudad con nombre de mujer que comenzaba a recibir a decenas de miles: -Como el Che, viste, sólo que nací unos años después y me perdí la revolución.

Como broma del destino o sonriente insumisión, ya desde el viernes por la tarde, el mismo día de la celebración de su virgen homónima, Rosario se percibía anfitriona amigable de quienes andamos las calles en cuerpo de mujer; o mejor dicho, la ciudad de la indómita ribera devenía espacio hospitalario en el derrotero paradójico de la hospitalidad incondicional derrideana, aquella que no pregunta ni quién sos ni de dónde venís ni cuántos años tenés.

Ya desde el viernes, la Avenida Pellegrini, la misma que dos días después desbordaría con decenas de miles de mujeres, podía recorrerse sin documentos. Ya desde el viernes -y aun a sabiendas de que Rosario es ciudad en la segunda provincia con mayor cantidad de femicidios del país (43 en 2015)-, por la tarde, cuando el sol comenzaba a despedirse del Paraná, bordear su ribera se convirtió en un (pre) encuentro asegurado con otras que llegaban a participar en uno de los eventos más extraordinarios y festivos de la vida política argentina.

– Hola. ¿Qué tal?  Vienen al ENM, ¿no? Nosotras también.

Y ellas. Y ellas. Y ellas. Y aquellas otras también.

El sábado pide un beso

El sábado por la mañana, el Galpón 17  realizaba las inscripciones al XXXI Encuentro Nacional de Mujeres, y los alrededores del Monumento a la Bandera y hasta las costas del Paraná desbordaban de miles de alegrías que esperaban impacientes el acto de apertura.

“Qué momento, qué momento, a pesar de todo, les hicimos el encuentro”.  Así se escuchó corear la señal de largada de lo que sería el Encuentro con mayor convocatoria en 31 años de historia. Los días sábado 8 y domingo 9, más de 70,000 mujeres participaron en alguno de los 340 talleres programados sobre 69 temáticas diferentes. Hablaron del aborto, del clandestino que nos lleva a morir o nos encierra en la cárcel como a Belén; y del seguro, legal y gratuito que el Congreso se niega a debatir, y las mujeres reclamamos cada año con más fuerza. Debatieron estrategias para erradicar la violencia machista, aquella que  nos mata todos los días, que todavía espera que se implemente el Plan Nacional de Erradicación y que hace pocas horas terminó con la vida Lucía Pérez, torturada, violada, drogada y empalada hasta morir de dolor. Debatieron sobre las mujeres presas por luchar y por que se escuche el pedido de libertad de Milagro Sala. Cuestionaron las políticas de ajuste del gobierno de Mauricio Macri porque las mujeres somos las primeras afectadas cuando el trabajo es precario y los recursos concentrados en pocas manos.

Los medios, sin embargo, poco dijeron de la previa (organizar los encuentros autogestionados lleva un año), y muy poquito sobre el desarrollo, los debates y las conclusiones de estos talleres en los que también se habló de trata, prostitución, salud sexual y reproductiva, violencia, poder. O mejor dicho, no dijeron nada si lo comparamos con los regueros de tinta y las horas de pantalla dedicados, por ejemplo, al clásico rosarino Newells-Central, un negocio deportivo que puede convocar a, poco más o poco menos, de la mitad de personas cuando logra que las dos hinchadas compartan estadio sin riesgo de muertos, heridos, destrozos, saqueos.

-Los talleres son soberanos. Tenemos que respetar que las compañeras hablen desde su experiencia, desde su sentimiento. Las compañeras de los sectores populares no siguen las prácticas de la asamblea, de los votos. Ellas tienen la práctica de contar lo que sienten. En los primeros talleres de aborto, nos dijeron asesinas, y sin embargo, es ahí donde tenemos que dar la discusión con las compañeras que reproducen el pensamiento patriarcal. El patriarcado nos ha atravesado a todas. Ninguna es ajena. El patriarcado está en todas las instituciones. Y no hay partido, ni de izquierda ni de derecha, que no tenga patriarcado-, dijo Nina Brugo, durante uno de los talleres sobre estrategias para abortar. Dijo la abogada con asistencia perfecta en los 31 encuentros. Dijo y aclaró (por si hacía falta) que es una compañera más en la lucha de todas por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.

El sábado cerró con besos, abrazos,  y con pañuelos verdes, y con banderas de los seis colores del orgullo y la libertad lésbica durante la ya instalada Marcha Torta-Bi-Trans de los ENM. Así, cálido y húmedo, se iba otro sábado non-sancto.

Domingo de insurrección

“Vecinos, vecinas, a las chicas las desaparecen todos los días”, se coreaba el domingo en uno de los cantos de la multitudinaria marcha que se extendió 45 cuadras o 100.000 cuerpos abrazados por la Avenida Pellegrini de Rosario, en un recorrido consensuado durante una discusión ardiente que se dio la semana previa al Encuentro, y en la que se decidió que no habría parada en la Catedral. Con muchos desacuerdos, finalmente llegó el consenso y la marcha oficial pasaría a metros del edificio.

-No todas estuvimos de acuerdo. Muchas creemos que detenerse en la Catedral es una expresión necesaria para señalar a la institución más opresiva de las mujeres, pero es lo que se consensuó y se respeta. Así que la marcha oficial no se va a detener allí-, me contaba Cristina Corradi -organizadora del ENN y que alojó en su propia casa a una decena de compañeras para que llegaron a participar, unas horas previas a la movilización.

Desde la organización del ENM, subrayaron que las autoridades provinciales y municipales se habían comprometido a no montar ningún operativo policial en las cercanías del edificio eclesial. Se habían comprometido, para evitar tristes repeticiones de la represión de Mar del Plata en 2015. No cumplieron.

“Durante el recorrido de la marcha se pasó por otras instituciones e iglesias, y no se dio todo lo sucedido en el contexto de la Catedral. Los efectivos de la policía provincial montaron todo un escenario de cara a gestar una represión. Había mujeres expresándose, pero principalmente donde hubo un grupo particular de varones que actuaron conjuntamente con esta policía para generar las condiciones de la represión”, señaló María José Gérez, organizadora del Encuentro en Rosario.

 

El domingo, cerca de las 22 horas, luego de cuatro horas de una marcha pacífica, multitudinaria, feminista, un grupo de machotes montó rezo frente a la Catedral, desafiando a unas pocas mujeres que se expresaba, torso desnudo, pañuelos, besos y lápiz labial en las cercanías del edificio. Siguieron forcejeos, objetos y no se pudo ver  más porque,  en menos de 10 minutos, la policía provincial intervenía con gases lacrimógenos y balas de goma que tuvieron como blanco principal a las trabajadoras y trabajadores de prensa que realizaban la cobertura periodística. Se dijo: unas mujeres en tetas, peligrosamente armadas con aerosoles, serían, las que originaron los incidentes. La culpa, se sabe, tiene cuerpo de mujer.

“Los medios de Rosario lograron instalar la idea de mujeres violentas por unas pintadas. No hubo un igual a igual. En todo caso, hubo mujeres que habrán arrojado piedras, pero del otro lado había policía con balas de gomas y gases lacrimógenos”, le dijo Loreley Flores a la periodista Noor Jiménez Abraham 24 horas después de terminado el encuentro.

Lunes, otra vez

El lunes, otra vez, llegaba a Rosario sin color, vestido de gris. En el Monumento a la Bandera, el acto de cierre del Encuentro expresó un fuerte repudio a la represión policial y decidió -por aclamación y en una acción literaria y polémica- que el próximo encuentro será en Resistencia, Chaco.

“Hay una responsabilidad de orden político porque (las autoridades) salieron a reconocer la situación, estigmatizando a las mujeres que nos expresamos. Todas estuvimos expuestas y en riesgo, y la represión cortó la movilización”, me dijo María José Gérez sobre las declaraciones de autoridades municipales y provinciales que, tras la represión policial, salieron a poner el foco en las rebeldes pintadas y alguna botella rota.

El lunes, al llegar el mediodía, las insumisas emprendían su regresos. En una de las peligrosas pintadas, se leyó: “Somos un montón y no tenemos miedo”. Por la tarde,  tal vez, las autoridades ya habían limpiado sus paredes.

Para que ninguna más lo viera.

Para que ninguna lo crea.

El miedo, se supo, había cambiado de lado.

Resistencia.

*Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA). Periodista en el Buenos Aires Herald. Docente en la Universidad Nacional de Quilmes.

Fotos: Agencia Télam

 

 

 

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