“Del Malón Indio a la Marea Roja…”

por Marcelo Valko

Borges asegura que al destino le fascinan las repeticiones, que las mismas escenas se reiteren una y otra vez como una espiral; otro autor, Mircea Eliade analiza la cuestión en “El mito del eterno retorno”. Con menos pergaminos académicos Enrique Cadícamo planteó lo mismo en el verso de un tango: “la historia vuelve a repetirse”. Si bien la canción habla de amor, tal compulsión a la repetición puede ser abordada desde un costado menos glamoroso que el argumento mítico o sentimental, es decir considerarla como una severa patología que evidencia la no resolución de un conflicto, el arrastre y actuación de un síntoma. A través del tiempo, nuestro país mantiene ciertas conductas reemplazando distintos actores, pero poniendo en escena siempre el mismo drama. Hegel diría diferentes individuos son usados por la historia como herramientas del mismo proceso. Un ejemplo es la actual pelea de Milei con los gobernadores reviviendo el centralismo porteño que maneja la caja impositiva, ayer las guerras civiles del XIX fueron por la renta aduanera, hoy coparticipación federal que maneja Buenos Aires, frente a las desvalidas provincias. Es como si la temporalidad argentina estuviese varada en una espiral pastosa imposible de evadir, donde nada comienza de cero y así “matanza hereda matanza, genocidio hereda genocidio” que es la hipótesis que utilizo en Fui Roca: un bronce herido de muerte y que intentaré desarrollar en este breve espacio exponiendo puntos de contacto entre lo que representa Roca[1], Videla[2] y Milei, la cruzada civilizatoria de un trio para quienes tanto ellos como sus enemigos ocupan el lugar del anterior. Veremos con qué facilidad se pasa del Malón[3] Indio a la Marea Roja(originarios, inmigrantes, aluvión zoológico, subversivos, zurdaje-traidores, en fin: la difusa casta de Milei).

Todas las dictaduras que padecimos tuvieron debilidad por vestirse con nombres pomposos, por ejemplo, al golpe contra Perón de 1955 lo llamaron Revolución Libertadora; el general Onganía designa a su asonada anticonstitucional Revolución Argentina y los golpistas de 1976 que voltearon a la peronista Isabelita Perón no pudieron ser menos y se autodenominaron Proceso de Reorganización Nacional. Su épica Re-Organización alude a que alguna vez existió una Organización que se perdió y buscan restaurar. La desmemoria oficial que aprendimos en la escuela nos domesticó asegurando que el general Roca fue quien Organizó la Nación. Tenemos un primer dato: el régimen de Videla se considera heredero del general Julio A. Roca a quien sus contemporáneos acusan de dictador como se aprecia en la viñeta de 1891 del semanario Don Quijote que ilustra esta nota.

A mediados de 1979, después de millares de desaparecidos, exiliados, la destrucción de buena parte del aparato productivo de la pequeña y mediana empresa y una economía cuyo único rumbo era reducir el mercado interno, el Proceso estaba agotado. El embeleso del mundial´78 había quedado atrás, también la demencial posibilidad de una guerra con el dictador Pinochet por el Canal de Beagle. Poca luz había en el horizonte uniformado. Un ejemplo simple. El semanario de modas Para Ti de la servil editorial Atlántida comienza 1979 de la siguiente manera: “En TODAS hay motivos de dolor, de tristeza, de angustia. Es cierto que la situación económica que vivimos es difícil y la crisis del país aún no ha sido superada” (Para Ti, 01/01/1979: 3).

En esa niebla estaban cuando el calendario vino al rescate. En el horizonte del alicaído mesianismo militar se abría una ventana, en 1979 se cumplía un siglo de la Conquista del Desierto y la Dictadura que no en vano se había maquillado de Re-Organización Nacional decidió demostrarse digna heredera de la gesta de Roca que “destruyó los nidos de los piratas terrestres” para enfocarse luego contra las reivindicaciones obreras que “hasta se atrevían a exigir condiciones laborales”. Ese pasado era el espejo ideal en cual Videla y los suyos podían reconocerse celebrando el Centenario de una Campaña que más que Conquistar, Construyó un apacible Desierto para el ganado que requería el mercado inglés a precio de ganga. Los puntos de contacto entre unos y otros son numerosos incluso en la represión que lleva a cabo la Dictadura en ese momento. Hasta la Sociedad Rural en un texto de circulación interna acepta que el prestigio de Julio Roca se asentaba en sus campañas durante las guerras civiles (Anales SRA, N° 6 y 7 1979: 48). El general Roca tuvo dos presidencias, en la primera (1880/1886) acaba con “el problema indio trayendo civilización y religión”, reparte millones de hectáreas que se transforman en enormes latifundios a diferencia de sus idealizados EEUU que, con la tierra arrebatada a los indios crearon pequeñas parcelas productivas. La campaña del sur deja millares de muertos, violación de mujeres, traslado masivo de población exiliándolos de sus territorios, aplastando su cosmovisión. Reintroduce la esclavitud al repartir a destajo sirvientes indígenas mediante las Damas de Beneficencia, sustituyendo la identidad de miles de niños, creando una serie de campos de concentración conocidos como Depósitos de Indios en Conesa, Trelew, Valcheta, Olavarría, Junín y Tigre, siendo la isla Martín García “Auschwitz en medio del río” el más siniestro) superando en cantidad de prisioneros a la ESMA[4] del almirante Massera (Valko, M. Pedagogía de la Desmemoria). Resulta evidente la similitud entre Organización y Proceso de Re-Organización.

Si bien los largos garfios de Roca al servicio del poder fáctico exceden sus presidencias, senadurías y ministerios que ocupó con intermitencias a lo largo de casi cuatro décadas, su accionar, en especial durante el segundo mandato (1898/1904) caratulado precisamente de “Organización Nacional”, lo encumbra como el mascarón de proa de la élite al ser el más eficiente de sus empleados. El presidente Milei asegura una y otra vez que en aquel momento Argentina se situaba en el primer puesto de la economía mundial. Cabe preguntarse: ¿El podio lo ocupaba el país o un pequeño grupo? De aquel entonces cuando el ganado engordaba solito y el trigo brillaba al sol viene el dicho “tiene la vaca atada” debido a la costumbre de Nicolás Anchorena de llevar su propia aberdeen-angus amarrada en el barco cuando viajaba a Europa. “Tirar manteca al techo” es de la misma época cuyo iniciador en bares parisinos fue el jovial Martín Álzaga Unzué. Sin ninguna duda esa oligarquía del campo mal vestida de alcurnia, toda “gente de bien” estaba en el primer mundo como señala Milei, en cambio a los obreros que en Buenos Aires o Rosario luchaban por reducir la jornada laboral de 14  a 8 horas, les aplicaban la Ley de Residencia si era extranjero o la Ley de Defensa Social a los criollos. En peor situación estaban los indígenas que buscaban romper la invisibilidad y dejar de ser siervos de la gleba. De hecho, Bialet Massé en su Informe sobre el Estado de las Clases Obreras señala que los indios “están mucho peor que los obreros, a la par de los animales de tiro”. Es decir, el 99% del país no tiraba manteca al techo…La Rebelión de las Escobas data de 1910 y el Grito de Alcorta “no arar, no sembrar” es de 1912. En esa Argentina del Centenario, donde unos pocos tenían la vaca atada, la mayoría corría la coneja. La Marea Roja (léase elementales reivindicaciones laborales) puso en peligro las relaciones económicas de producción semi feudales al cuestionar el orden establecido. Precisamente a Roca le corresponden los muertos iniciales del 1° de Mayo de 1904 junto a la promulgación de duras leyes represivas como la Ley de Residencia 4144. Todos recuerdan a Miguel Cané por el libelo Juvenilia pero no por ser redactor de esa legislación. Durante la Dictadura el gremialismo experimentó una feroz persecución donde desaparecieron hasta el Secretario General de Luz y Fuerza Oscar Smith y el de Farmacia Jorge Di Pascuale. Regresando al presente, advertimos que gran parte del DNU de Milei se configura en torno a la reducción de conquistas laborales. No es casual que unos se consideren herederos de otros.

La historia demuestra que la exigencia de derechos tensa el panorama social convirtiéndolo en una lucha de clases. Al igual que hace un siglo los enemigos del poder fáctico cambian de nombre, aunque ocupan un mismo rol. Los salvajes contra los que luchó Roca al principio, en el segundo mandato se convirtieron en agitadores extranjeros profesionales, para ser catalogados como mercenarios de ideología foránea en tiempos de Videla. Hoy con un 57,4% de pobres e indigentes donde sin embargo siempre queda algo por esquilmar asistimos a la consolidación del derrumbe de la clase media y de los derechos del movimiento trabajador que al parecer son ni más ni menos que la difusa “casta” con infinidad de privilegios mal habidos. Si Milei categoriza como “rata traidora” a López Murphy aliado hasta el minuto anterior para luego lanzarse contra gobernadores propios como el de Chubut al que califica de “pobre chico” para luego “deducir” que los jubilados “son el segmento etario con menos pobres” (Perfil, 23/02/2024), es evidente que el concepto “casta” es tan inasible que se lo pueden endilgar a cualquiera. Algo similar ocurría con el “ser nacional” que decía defender el Proceso del ´76 de los subversivos apátridas. Escuchemos a Videla: “Un terrorista no es sólo alguien con un revólver o una bomba, sino también aquel que propaga ideas contrarias a la civilización occidental y cristiana” (La Prensa, 08/12/1977).

En 1979 las principales espadas graficas del poder fáctico Clarín y La Nación, crearon una escena enunciativa propicia para demostrar la continuidad del general Roca en la Re-Organización de Videla. El 11 de junio Clarín publicó un extenso suplemento celebrando la Conquista del Desierto. Allí escriben varios figurones como Félix Luna autor de “Soy Roca” o el historiador salesiano Juan Belza que matiza la masacre con el paraguas de la evangelización forzada. Una nota a página completa elogia a Estanislao Zeballos ideólogo de la generación del ´80 y de la Liga Patriótica que en sus ratos libres era un entusiasta coleccionista de cráneos indígenas (en el “museíto” de su casa tenía hasta el de Calfucurá). Zeballos elucubró una ocurrencia aun vigente sobre el buen tehuelche argentino frente al malvado mapuche chileno. Con el tiempo, el malvado indio extranjero devino en inmigrante, anarco-socialista, para convertirse en un subversivo apátrida de ideología foránea con Videla hasta llegar a la casta y zurdaje de Milei. En síntesis: los trabajadores. Por su parte, La Nación, con un estilo siempre más mesurado, le destina cinco páginas donde resaltan “la conquista del Desierto consumada por las armas argentinas”. Vaya un extracto del discurso que Videla pronuncia en Neuquén: “En el ayer, luchamos unidos por las grandes causas de la nacionalidad. En el presente lo hacemos, además, por ideales que trascienden nuestras fronteras y se identifican plenamente con los valores inmanentes de nuestra civilización. Luchamos incluso, a despecho de las incomprensiones y aun de las calumnias” (La Nación, 12/06/1979: 15). Al igual que Videla cuando habla de incomprensión, Milei, con un lenguaje más cool asegura que “la oposición no la ve…” (Ámbito Financiero, 26/12/2023) y además en el Foro de Davos después de alertar sobre “los riesgos de la justicia social” aseguró “que la civilización Occidental está en peligro” (El Cronista, 18/01/2024). Vale aclarar para los más jóvenes cuales eran las calumnias a las que se refería Videla: “Los gobiernos de los EE.UU., bajo la administración de James Carter, y europeos presionaban a la dictadura para que pusiera fin a la violación a los DDHH” (Clarín, 23/03/2006). Así como Roca habla de civilización o barbarie el Proceso hizo hincapié en: “Esa otra civilización era la que exaltaba: al marxismo materialista y ateo, realizador de una dialéctica de violencia, negador al mismo tiempo de la libertad individual y de toda trascendencia del hombre” (La Nación, 26/05/1979: 6),

Al igual que ayer, cuando los grandes medios fueron cómplices de la reconversión de Roca a Videla, hoy aceptan de modo tácito o explícito la reivindicación del tándem Milei/Villarruel con respecto a Roca y al Proceso de 1976. ¿Por qué? Resaltar lo realizado por Roca obviamente no se debe a un mensaje enviado desde el más allá por el perrito Conan a través de su hermana Karina o por “la compasión” que sintió Villarruel cuando visitaba a Videla en prisión. Viene de más atrás… Mucho antes, la historia oficial se encargó de travestir a un héroe de clase como Roca en prócer argentino. En su discurso de asunción, Milei, de espaldas al Congreso, refiriéndose al siniestro ajuste que comienza a implementar señaló: “Será duro. Pero como dijo Julio Argentino Roca, nada grande, nada estable y duradero se conquista en el mundo, cuando se trata de la libertad de los hombres y del engrandecimiento de los pueblos, si no es a costa de supremos esfuerzos y dolorosos sacrificios” (Infobae, 11/12/2023). Este gobierno de turno votado por catorce millones y medio de argentinos no inventó la reivindicación de lo que representa Roca ni el negacionismo de lo ocurrido durante la pasada Dictadura. Se vino gestando con la complicidad o ineptitudes de las anteriores administraciones en particular de los 12 años de kirchnerismo donde pese a embanderarse de DDHH no fueron capaces de dictar una ley sobre el negacionismo. Se imaginan que ocurriría en Alemania si alguien comienza a cuestionar el número de seis millones de judíos o a plantear algo del estilo “el curro de los DDHH y los supuestos desaparecidos de los ´70” (Télam, 05/11/2023). Aquí por el contrario, vemos a ciertos personajes que buscan resucitar lo que Roca simboliza. Marcos Aguinis que antes de ser Secretario de Cultura de Alfonsín fue estrecho colaborador del almirante Massera para terminar apoyando a Macri se lamentaba “¡Quisiéramos tener el prestigio que nos aureolaba en los tiempos de Roca!” (La Nación, 25/04/2008). Cuando fue ministro de Educación Esteban Bullrich durante un acto en la ciudad rionegrina de Choele Choel aseguró que estaban realizando “Una nueva campaña al Desierto” una asociación que hasta La Nación denominó “llamativa comparación” (16/09/2016). Por su parte el peronista Miguel Ángel Pichetto quien fue presidente de la bancada peronista del Senado durante casi 20 años hasta ranquear en los primeros puestos del “salta panqueque” resaltó la necesidad de “volver a establecer el orden y reivindicar a Julio Argentino Roca. Él nos dio la Patagonia” (TV La Nación+, 30/08/2021). Y por supuesto a una pionera: Mirtha Legrand cuando en su programa de los almuerzos alertó “se viene el zurdaje” (A24.com, 15/05/2003). Estos testimonios y otros que omito por cuestiones de espacio, pertenecen a individuos que pese a tener diverso tamaño y pelaje coinciden con su mirada antropoide en lo fundamental: colocar en un alto pedestal a quien posee un extenso prontuario, un genocida elegido como héroe por otros genocidas apuntando sin dudas a una resurrección castrense. Quizás la inasible y difusa casta es lo que simbolizan y representan Roca, Videla y Milei.

Ya en democracia, y a diferencia de nuestros vecinos, Argentina logró un “Nunca Más”, Videla muere en la cárcel mientras Stroessner en una mansión en Brasilia y Pinochet como senador vitalicio en su palacete de Santiago de Chile, sin embargo nuestro “Nunca Más” es demasiado acotado, debe ir más lejosy sobre todo con respecto a los originarios. A comienzos del siglo XX, en abril de 1904 se produce la masacre de un centenar de mocovíes en San Javier buscando disciplinar mano de obra muy barata y dos semanas después empalma con los asesinatos de obreros en el centro de Buenos Aires el 1° de mayo (Valko, M. El Malón que no fue). Como si fuera un calco, las matanzas de obreros en el sur (Bayer, O Patagonia Rebelde) o en los quebrachales del norte de Santa Fe (Gori, G. La Forestal) se enlazan luego en 1924 con la carnicería perpetrada en la Reducción de Indios de Napalpí (Solans, P. Crímenes en sangre). Dos décadas después el Escuadrón 18 de Gendarmería produce en 1947 la mayor matanza de originarios del siglo en Rincón Bomba. En todos los casos la “Organización” del país, léase disciplinar mano de obra, se realiza en base a sangre y dolor de indios y obreros, siempre el mismo enemigo. No hubo culpables, ni castigo, ni justicia, solo trabajadores e indios muertos. El 1° de agosto pasado, kollas de Jujuy bajaron a Buenos Aires a solicitar justicia a la Justicia y por ello acampó cinco meses en Plaza Lavalle frente a Tribunales. Tomaron el mismo nombre que sus ancestros cuando en 1946 vinieron a solicitarle al flamante presidente Perón justicia por sus tierras ancestrales usurpadas y acabaron secuestrados (Valko, M. Los indios invisibles del Malón de la Paz). Casi 80 años después, ese 3er Malón de la Paz pedía lo mismo. Desgraciadamente pese al tiempo transcurrido existen las mismas siniestras analogías entre un reclamo y otro. Ambos están atravesados por injusticia e indiferencia. Por esas escalofriantes repeticiones de la historia algunos kollas en 2023 vinieron con sus hijos pequeños. Uno es Fernando Bastian Sumbaino nacido en Cochinoca. Ese niño que no llega al año vino en brazos de su madre, en aquel mismo momento, en un piquete, cortando una ruta jujeña se manifestaba Narciso López quien acompañó a su padre al Malón en 1946.

Existe una tremenda deuda con los pueblos originarios: no hay justicia sino usurpación, olvido y gente muerta. No es posible conformarse con que las matanzas masivas fueran sustituidas por muertes por goteo como la de Rafael Nahuel (25/11/2017). La desmemoria habitual. El “Nunca Más” en el caso de los pueblos originarios es un “Siempre Más”. Ojalá que ese niño que vino en brazos de su madre cuando sea mayor, no deba continuar con el mismo reclamo. Ojalá que la firmeza de los pueblos interrumpa de una buena vez el fenómeno de las repeticiones cíclicas. En 1946 el malonero Hermógenes Cayo anota en un cuadernito que hace las veces de su Diario: “Si no hay justicia que no haiga leyes…”. No queda otra que pensar o ser pensados, adorar cenizas o transmitir fuego. Sin embargo, aunque muchos se resignen, es lento, pero viene…

[1] Julio A. Roca, general genocida de indígenas y represor de obreros.
[2] General Jorge Videla, cabeza del golpe de 1976 responsable de 30.000 desaparecidos, millares de exiliados y la destrucción del andamiaje económico del país.
[3] Malón hace referencia a un conjunto de indios lanzados al ataque, en este caso se agregan “de la Paz”.
[4] Campo de concentración tortura y extermino en la ciudad de Buenos Aires, por allí pasaron unos 5000 detenidos desaparecidos.

 

 

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