Día de las Danzas
por Emiliano Blanco. Bailarín.
«La danza es un derecho social que nos pertenece a todxs», provoca Aurelia Chillemi, que hace más de 20 años convoca a todxs aquellxs que lo deseen a bailar en Danzas Comunitarias.
Hoy es un día importante para nuestras culturas que bailan por diferentes razones y en distintas circunstancias.
Bailar contiene en sí mismo los modos en los que nos vinculamos con nuestros cuerpos. Contempla certezas y preguntas, pasiones y silencios sobre quiénes somos y qué fuerzas nos con-mueven. Agita nuestro respirar y nos abre, a lo Sandro, ‘un mundo de sensaciones’ que nos podemos regalar.
Así y todo, la danza formalizó y legitimó lugares y estrategias de disciplinamiento; históricamente se acomodó en los espacios de poder, llevando como bandera la destreza, la técnica y la virtud. Esto le permitió a la élite ciudadana forjar un paladar empalagoso que aún destella con atornillada insistencia sobre qué es la danza y quiénes danzan.
Por eso esta fecha es una oportunidad para hacernos una pregunta urgente: ¿Qué cuerpos y qué formas de moverse han sido históricamente legitimados como «danza»? Parece ser que la languidez homogénea y la flexibilidad histriónica continúan siendo las máscaras con las que esa imagen fantasmal e inatrapante nos significa danzar. La replican desde lxs conservadorxs de las técnicas para el movimiento y también lxs tradicionalistas de la estilización folklórica; desde las tendencias urbanas a lxs improvisadorxs con alguna virtud que mostrar.

¿Acaso bailar es mostrar lo que puede un cuerpo? ¿Es obvio tener uno? Los movimientos circulan como tendencia, pero también los bailes sociales, disputando el lugar que históricamente se les negó. Pudiendo reclamar su raíz, su memoria y su dimensión política; disputan el lugar que no se les da. Al final, pareciera que resistir es ocupar el poder y dirigir la batuta. Pienso que es posible imaginar que todas las formas de expresión son necesarias. Lo que no es necesario es la jerarquización; eso es ideología y ésta demanda obediencia.
Ya gastamos mucho tiempo y energía en comentar y opinar que todo aquello que estaba fuera de lo académico pueda ser asociado con el desorden, lo primitivo y popular; como si toda producción proveniente de otras formas de abordar los cuerpos fuera despectiva. Despectivo sigue siendo que haya lugar a estos paradigmas intolerantes.

¿De qué nos vale criticarles las formas europeas, codificadas y escénicas si vamos a reproducir la desestimación que nos excluyó? Mi maestra de danza me repite muchas veces: ‘Las instituciones son las personas’. Quienes bailamos somos las personas. Hoy, todavía, somos las personas quienes encarnamos esos estilos y modos, porque quizás esa es la excusa para familiarizarnos con esa imagen que no queremos soltar. Bancarse ese vacío, teniendo tanta historia impresa en nuestras pieles, no es tarea sencilla… y quienes laburan con la práctica, lo saben muy bien, sea para lo que sea que lo hagan. La precarización de nuestras tareas también dobla el coraje, cuando depende de ello el pan.
¿Qué cuerpos importan que bailen?
La Ley 26.206 comprende en sus artículos 40 y 41 la siguiente nómina:
Artículo 40. El Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, las Provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires garantizarán una educación artística de calidad para todos/as los/as alumnos/as del Sistema Educativo, que fomente y desarrolle la sensibilidad y la capacidad creativa de cada persona, en un marco de valoración y protección del patrimonio natural y cultural, material y simbólico de las diversas comunidades que integran la Nación.
Artículo 41. Todos/as los/as alumnos/as, en el transcurso de su escolaridad obligatoria, tendrán oportunidad de desarrollar su sensibilidad y su capacidad creativa en, al menos, DOS (2) disciplinas artísticas. En la Educación Secundaria, la modalidad artística ofrecerá una formación específica en Música, Danza, Artes Visuales, Plástica, Teatro y otras que pudieran conformarse, admitiendo en cada caso diferentes especializaciones. La formación específica brindada en las escuelas especializadas en artes podrá continuarse en establecimientos de nivel superior de la misma modalidad.

Hay acá una hendija temporal y ética que podemos asumir con responsabilidad: Las artes son la forma en que podemos acercarnos a nuestra identidad como pueblo que baila en la historia. Que desarrollar la sensibilidad y capacidad creativa nada tiene que ver con una forma específica, sino con el acontecimiento del movimiento.
Las artes, en sus expresiones y modalidades, garantizan el acceso a las danzas, por su implicancia en la vida política de las personas. Y ahí sí me sumo a la reflexión propuesta por Gabriel Pineda –artivista-: «El grito de bailar en rondas, de volver a la escucha, de volver a la transmisión y el encuentro. Invitar a elegir las danzas que no borren nuestras historias ni lo que imaginamos como protagonistas en ellas».
Me sumo a su grito de recuperar la raíz, volvernos memoria activa, comunidad en acción y así encarnar otros mundos posibles. Descubrí, hace muchos años, de la mano de gente maravillosa, que bailar podía ser la extraña dignidad de animarme a todo. Por eso les invito a que bailen, lo que puedan y como les salga, que esta tarea antigua y sagrada suceda en nuestros cuerpos.
Foto de portada. Emiliano Blanco: «Bailar con otras imágenes de nosotros mismos»
