Dos cuadras de la calle Lavalle

por Gabriel Luna

Parte IV

En 1913 la ciudad de Buenos Aires tiene 1.576.597 habitantes. Tras el comienzo de la Primera Guerra Mundial, el teatro La Scala de la calle Esmeralda 447 cambia de dueño, de mobiliario, y de nombre. El nuevo teatro, dedicado a las varietés o variedades, se inaugura en 1915 y se llama Esmeralda. Allí, el 16 de septiembre a las 17 hs. de 1916 debuta el dúo Gardel – Razzano.

 La varieté o variedad fue un formato del arte popular, derivado del teatro de revistas, del music hall y el circo: era una serie de espectáculos musicales, cómicos, de acrobacia, magia, sainetes, etc., que tenían corta duración, e iban sucediéndose en un programa extenso, y precisamente “variado”, que preparaban los dueños o los empresarios de los teatros, cafés o confiterías. Y como los programas también “variaban” a diario, según las preferencias del público y de los empresarios, había oportunidad para que muchos artistas se dieran a conocer. Tal fue el caso de Gardel y también de Lola Membrives, que debutó bailando y cantando la jota con el clásico atuendo baturro en un varieté del teatro Olimpo en Lavalle 845.

En la década del 20, el cine -que al principio no fue sonoro- requería de músicos en vivo; además, en las salas también se incorporaba la varieté antes y después de las películas. Era usual encontrar entre las funciones a Carlos Gardel, Olinda Bozán, Florencio Parravicini, u otros artistas, hablando con el público en plena calle, o esperando el tranvía que pasaba por Lavalle.

La época era próspera. El país se había ganado el título de “Granero del Mundo” por suministrar carnes y granos a los países europeos durante y después de la Primera Guerra Mundial. Llegaban al puerto de Buenos Aires, divisas por los suministros, y también hombres: europeos que venían de la pobreza de la guerra al país rico, para trabajar, soñando con hacer fortuna y después volver a su gente y a su propia tierra. Pero la mayoría no volvería. Aquí el campo era extraordinariamente fértil, el trabajo rendía. Y la Ciudad crecía, maravillaba como la metrópolis de un imperio inexistente.

Hay varios cambios en la cuadra de Lavalle al 800. En la esquina SE con Suipacha, se demuele la confitería de los hermanos Lamarque -ubicada en el solar donde había nacido Mitre- para construir un edificio de cinco plantas, líneas sobrias, rematado con cúpula gris y templete, fiel al academicismo francés. Al lado, en la propiedad que fuera de Juan Brinolles, se instala la confitería Nobel de la familia Magdalena en Lavalle 888, donde se baila después de las 19 hs.; y al lado, en el solar que fuera del unitario Mariano Biaus, se levanta un hotel inglés. También hay cambios en la vereda norte: se demuele la casa de renta que había sido de doña Ventura Muñoz para construir el suntuoso cine teatro Metropol, estilo art decó, en Lavalle 869. Al lado, en el Nº 845, se inaugura el cine Paramount donde estaba el teatro Olimpo. Y justo enfrente, se destaca la elegante confitería Copper Kettle, que funciona como casa de té por las tardes, y por las noches se convierte en cabaret donde actúa una orquesta de señoritas de hasta cuarenta violines. La mayoría de ellas simula tocar, pero los clientes celebran la gracia e indican discretamente a los camareros cuales son sus preferidas. Es decir, el lugar funciona como un prostíbulo encubierto y conectado internamente con el hotel inglés, adonde van las señoritas elegidas por los clientes. Otro edificio notable de la cuadra es el cine Hindú de Lavalle 842, de un peculiar estilo ecléctico, que tiene algo del gótico y especialmente del arte islámico de la India, balcones con arcadas, torrezuelas y ventanucos, columnas labradas con imágenes de animales, y hasta una escenografía con elefantes en el interior.

Desde 1857 hasta 1926 el puerto de Buenos Aires recibió 6 millones de inmigrantes -en su mayoría, hombres-. La alegría, los sueños del cine, y la seducción de Lavalle -que es en definitiva una calle que nace del puerto-, compensan la nostalgia de los emigrantes en los muelles, la falta de mujeres, los crepúsculos desolados de la pampa… La calle expresa, recrea y alivia de todas estas cosas lo mismo que el tango. Y el tango sale de los conventillos y entra en los cafés, las confiterías, los cabarets, y los cines de la calle Lavalle. La orquesta de Carlos Marcucci actúa en el Metropol. El sexteto del violinista Cayetano Puglisi está en el Paramount. Julio de Caro actúa en el Select Lavalle. Y debuta en el Metropol un conjunto de antología: Osvaldo Pugliese (piano), Alfredo Gobbi (violín), Elvio Vardaro (violín), Luis Adesso (contrabajo), Miguel Jurado (bandoneón), y Aníbal Troilo (bandoneón), que tenía 16 años. Esto sucede en 1930, un año después del quiebre de la Bolsa de Nueva York, y el año que da comienzo en Argentina la llamada década infame, denominada así por la corrupción y el quiebre del sistema democrático. El 6 de septiembre de 1930, el general José Félix Uriburu, que a los 22 años era subteniente y había participado en la asonada militar de 1890, impulsada por los radicales para derrocar el gobierno constitucional de Juárez Celman, ahora encabeza un golpe contra el gobierno constitucional del radical Hipólito Yrigoyen.

El invento del cine sonoro, es decir, del sonido sincronizado con la imagen en movimiento, aporta un atractivo realismo y el consecuente auge de la industria cinematográfica, auge que llega a las inmediaciones de nuestras dos esquinas. Se levantan el cine Renacimiento en Lavalle 925, de marcado acento español -similar al actual teatro Cervantes-, el cine Gran Suipacha, en la calle Suipacha 442, por donde vivía Manuela Sáenz Peña, hermana y tía de dos presidentes, proyectado por el arquitecto húngaro Andrés Kálnay combinando el estilo art decó con elementos ornamentales de su tierra, el cine Monumental (año 1931), en Lavalle 780, y el cine Real en Esmeralda 425, al lado del teatro Maipo, que antes se llamaba Esmeralda, donde debutó en 1917 el dúo Gardel – Razzano. Desde entonces, pasaron más de diez años. Carlos Gardel ya no actúa en ese teatro ni conversa con el público en la calle Lavalle entre las funciones de los cines, ni espera el tranvía, pero llegan sus películas sonoras filmadas en París y Nueva York: “Espérame” (1932), estrenada en el cine Real; “La casa es seria” y “Luces de Buenos Aires” (1933), estrenadas en el cine Suipacha; “Cuesta abajo” y “Melodía de arrabal” (1934), estrenadas en el cine Monumental; “Tango bar” (1935), estrenada en el Suipacha; y la última: “El día que me quieras” (1936), estrenada en el cine Broadway después de la muerte de Gardel. No habrá más pena ni olvido, parece decir Buenos Aires. Su velatorio es apoteótico, se hace en el Luna Park, junto a la plaza Roma, al comienzo de la calle Lavalle. “Y hacia el alba, la calle estaba triste, como un niño que encuentra a un pajarito muerto”, dijo Raúl González Tuñón.

  

 

 

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