El arte en la calle no es delito

El arte y la cultura en riesgo

Horacio Rodríguez Larreta presentó un proyecto de Ley para reformar el Código Contravencional de la Ciudad. Las modificaciones que se introdujeron criminalizan el arte callejero, habilitan las denuncias anónimas y autorizan la detención en la vía pública, sin previa advertencia, por el sólo hecho de realizar “ruidos molestos”. De esta manera, músicos, artistas callejeros y cualquier expresión cultural corre el riesgo de ser criminalizada. Las sanciones van desde en encarcelamiento hasta el cobro de onerosas multas.
Además, las modificaciones propuestas al Código Contravencional, legitiman sanciones en lugares donde convergen las diversidades culturales, lo cual conllevará la clausura de múltiples espacios. Las distintas expresiones del acervo cultural porteño, como los son el candombe, las murgas barriales y hasta las milongas, están en peligro.

En repudio al proyecto del Ejecutivo porteño, el martes 3 de julio, una inmensa comunidad de artistas callejeros, músicos y distintas manifestaciones de la cultura popular, realizaron un Callejaso frente a la Legislatura porteña. Esta protesta se repetirá esta tarde, a partir de las 14, con la participación de la comunidad afrocandombera, candombera y organizaciones afro, entre otras expresiones de la diversidad cultural.

“Repudiamos el proyecto que modifica el Código Contravencional porteño y nos declaramos en situación de emergencia ¡Abajo el código represivo! Vamos por nuestros derechos laborales y artísticos”, señalan en un comunicado de prensa la comunidad afocandombera.

El tambor en la calle

El tambor representa la ancestralidad de una Nación que históricamente ha sido reprimida, golpeada, marginada y desechada. Desde su origen el tambor forma parte de la sociedad como instrumento de ceremonias y festividades, de preparación para la guerra y como conexión directa con la ancestralidad de la comunidad. El tambor tiene un lenguaje no verbal, pero su voz se hace escuchar y retumba en cada esquina. Nadie puede evitar su pulso porque es el mismo que impulsa la vida y trae consigo la memoria sagrada.

“Respetar y reivindicar el espacio de los tambores en comunidad dentro de la sociedad contemporánea es nuestra contribución que emerge desde un profundo sentir; y junto con los sonidos entrelazados y su danza luchamos con esperanza contra las constantes embestidas”, señalan, para luego preguntarse: ¿Quiénes son los dueños de la calle?

Lo que se pone en juego con esta modificación es el uso del espacio público. Un espacio que pertenece a los vecinos y las vecinas, pretende ser usufructuado por quienes dictan las reglas de juego. De esta manera, músicos, manteros, vendedores ambulantes y distintos actores sociales sobran en planificación espacial de la ciudad. Desde la especulación inmobiliaria,  la concepción mercantilista del ciudadano/a y el cenáculo del Poder, se piensa en una Buenos Aires europeizada al servicio del turismo. Es decir, una ciudad, no para ser vivida, sino contemplada: el microcentro se peatonaliza, las plazas se enrejan y las manifestaciones populares se reprimen.

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