El bar Plaza Dorrego

¿Por qué se considera notable a este bar? ¿Qué pasó allí? ¿Cuál es su historia?

por Gabriel Luna

Corría el año 1880 y el barrio  San Telmo, primer arrabal de Buenos Aires, acababa de cambiar para siempre luego de la peste amarilla de 1871. Entonces, en la esquina de Defensa y Humberto Primo, frente a la Plaza Dorrego, que había sido el “Hueco del Alto” o “Alto de las Carretas”, se construyó un edificio de dos pisos. ¡Alto! —dice el lector. ¿Qué es eso del Alto y el Hueco? En los siglos XVII y XVIII la Ciudad de Buenos Aires tenía huecos y estaba atravesada por arroyos más o menos torrentosos. Los huecos eran zonas no edificadas, que con el transcurrir del tiempo se convertirían en casas, plazas o baldíos. Y los altos eran los lugares donde se detenían, por los arroyos más o menos tumultuosos que desembocaban en el Riachuelo, las carretas tiradas por bueyes que venían a comerciar a la Ciudad. Conclusión. Por las cercanías de la actual Plaza Dorrego corría hace más de dos siglos un arroyo llamado Zanjón de Granados o Tercero del Sur; entonces ocurría el “Alto de las Carretas”, que abastecía a la Ciudad, y surgía en el lugar una feria o especie de centro comercial.

En 1734, Ignacio Bustillo donó a los jesuitas terrenos aledaños al Alto, y estos construyeron una casa de labores comunitarias, otra de ejercicios espirituales, un convento, un colegio de primeras letras y hasta un cementerio. Y habían comprado, con los varios ingresos de estos establecimientos, el Alto, la actual Plaza Dorrego y la manzana donde está nuestro bar. Era una orden pujante que rivalizaba con la monarquía. Y estaban construyendo la actual iglesia Nuestra Señora de Belén a media cuadra del bar, cuando los jesuitas fueron expulsados de España y de sus colonias en 1767. En nuestro caso, el gobernador Francisco Ursúa apresó a los 42 jesuitas que había en la zona y confiscó todos los bienes de la Orden. El sitio permaneció casi abandonado por el reino hasta que los vecinos decidieron comprarlo y establecer una posta para comerciar en 1784 y dar abasto a la Ciudad. El lugar creció como alternativa cuando por días de lluvia y torrentes las carretas no podían llegar hasta la Plaza Mayor. Y en 1822 recibió el nombre de Plaza del Comercio porque se convirtió en el segundo mercado más importante después de la Plaza Mayor. El Comercio creció hasta 1871, cuando llegó desde Asunción la peste amarilla, transmitida por un mosquito, que asoló la Ciudad y en particular el barrio de San Telmo, próximo al puerto.

Después de la tragedia, en 1880, se construyó un edificio de dos pisos, de estilo italiano: eran los Altos de Besio. En la planta baja, abrió un almacén de ramos generales con despacho de bebidas, que luego fue llamado “El Imperial”, regenteado por un gallego de apellido Vidal. Posteriormente, se llamó Bar almacén “El Imperial”, luego “Bar San Pedro Telmo”, hoy conocido como Bar Plaza Dorrego.

Pasaron las décadas y hubo un hito que cambiaría para siempre la historia de la plaza y de todo lo que la rodea. En 1970, el arquitecto José María Peña, por entonces director del Museo de la Ciudad de Buenos Aires, quiso darle más vitalidad al barrio San Telmo y se le ocurrió convocar a una treintena de vecinos para vender cosas usadas. Así nació una de las ferias de antigüedades más famosas del mundo. Y nuestro bar con piso en damero de mosaicos negros y blancos, sillas Thonet, mesas de madera antiguas, ventanas guillotina y menú de bodegón, ubicado en el núcleo de la feria y evocando una bohemia de luces y sucesos, se hizo famoso. Pasaron por él diversos artistas nacionales y extranjeros, innumerables músicos nacionales e internacionales, así como también intelectuales, escritores, cómicos, vedettes y políticos de la talla de Bartolomé Mitre, Raúl Alfonsín, Cristina Fernández, Abelardo Arias, Isidoro Blaisten, Jorge Luis Borges,  Ernesto Sábato, Jorge Porcel, Juan Carlos Altavista, Ana María Campoy, Nélida Lobato, Aníbal Troilo, María Graña, Robert De Niro, Eric Clapton, Robert Duvall… Precisamente Robert Duvall, junto a William Hurt, China Zorrilla, Lautaro Murúa y Sandrine Bonnaire, participaron en una película de Luis Puenzo titulada “La Peste”, basada en el libro de Albert Camus y con escenas ambientadas en el Bar Plaza Dorrego.
Conclusión. Estimados lectores y lectoras. Para ver famosos, ser tratados como tales y sentirse un poco como ellos, o respirar una bocanada de nuestra historia entre imágenes de película, mensajes tallados en las mesas y platitos de maní con cáscara, no duden en ir al Dorrego.

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