El edificio del CGPC1 y las fisuras del sistema

Fisuras horizontales, verticales y oblicuas recorren el edificio. Se las puede encontrar desparramadas en el subsuelo. Próximas a la mesa de entradas en planta baja.  Hay fisuras en las oficinas de temas socio-culturales, defensa al consumidor, y de mediación comunitaria, que están en el primer piso. Las fisuras avanzan desde la oficina gremial hasta la Dirección General de la Mujer, en el segundo piso. Los dinteles de puertas y ventanas ostentan fisuras oblicuas. Y, ocasionalmente, hay desprendimiento de cielorraso, y de alguna que otra moldura.

 No se trata de  un relato fantástico. Es la enumeración de  algunas “patologías” verificadas en las paredes del edificio del Centro y Gestión y Participación Comunal 1 (CGPC1), durante los meses de enero y abril de este año.

El informe del mes de enero, que lleva la firma de un funcionario de la Dirección General de  Emergencias del Gobierno de la Ciudad, explica que las fisuras verificadas en de calle Uruguay 740, fueron causadas por la obra en construcción lindante (Uruguay 722),  durante las etapas de  excavación y movimiento del suelo en el muro contiguo.
En el mes de abril, se constata que las “patologías” se han agravado. Se intima entonces a la obra lindante a ejecutar tareas de consolidación y reparación de daños causados. Y encomiendan a la Dirección General de Fiscalización y control del Obras de la Ciudad, para hacer un seguimiento del avance de la obra.

 Nada o poco de esto se llevó a cabo. Y  las fisuras del edificio de Uruguay 740 siguieron quebrando paredes y engrosando expedientes. A principios de junio, la delegación gremial del CGPC1 solicitó que se realice una  nueva inspección y se labre un acta, para asegurar la integridad física de los trabajadores y de las personas que concurren a ese Centro de Gestión y Participación Comunal.

El 24 de junio, el arquitecto Carlos Segura concurrió al CGPC1 e informó que las “patologías” anteriormente descriptas “se agravaron levemente” (sic). No obstante, la situación “no presenta riesgo de colapso estructural, aunque sí hay peligro de posibles desprendimientos de molduras o yesos”.

 Al día de la fecha, las fisuras, y el desprendimiento de cielo raso, de molduras y de azulejos, siguen horadando el edificio. Se dice que uno de estos días, el Gobierno de la Ciudad lo cerrará para refaccionarlo y ponerlo a punto. De modo que en diciembre, no se desplome la mampostería cuando asuma la flamante Junta Comunal. Mientras tanto, los empleados pasarán a cumplir funciones no se sabe en qué dependencia, y a los vecinos se les impedirá hacer trámites en el lugar.

Esto se podría haber evitado si los funcionarios a cargo de Control de Obras hubiesen llevado a cabo las intimaciones correspondientes a la empresa que construye en el terreno vecino. Primero, para garantizar la integridad física de quienes trabajan y concurren a ese Centro de Gestión y Participación. Y segundo, para ahorrarnos a los vecinos tener cargar con el costo de las reparaciones.

Resulta claro, que esta falla de los funcionarios puede interpretarse como una consecuencia de un sistema administrativo centralizado y burocratizado en exceso. Y también -siguiendo el razonamiento-, pueden interpretarse las fisuras, las “patologías”, como las grietas de ese mismo sistema rígido y centralizado.

Mariane Pécora

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