El show de la mano dura
El operativo “Tormenta Negra” un marketing punitivo para tapar años de recortes
por Juan Pablo Costa
Hay una escena que resume bastante bien lo que es la política de Jorge Macri. El jueves 15 de mayo, el jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desplegó 1.500 efectivos de la Policía de la Ciudad de forma simultánea sobre 17 barrios populares de la Capital Federal, con helicópteros, drones, móviles especiales y, sobre todo, con cámaras. El operativo se llamó “Tormenta Negra”. El saldo de la noche fue de 27 personas detenidas, el cierre de cuatro supuestos búnkeres de droga y la clausura de 25 comercios. En resumen: 1.500 policías, 27 detenidos. Una proporción que habla más de una estrategia de marketing que de seguridad.
La propia oposición en la Legislatura porteña no anduvo con rodeos: “Un gasto millonario y desproporcionado para el magro resultado de 27 personas detenidas, en muchos casos al azar”. Y denunciaron algo que termina de completar el cuadro: el operativo fue anunciado de antemano, lo que anuló cualquier posibilidad de desmantelar bandas complejas. El narcotráfico organizado no se desmantela con mega operativos televisados. Se desmantela con inteligencia criminal, trabajo territorial y, sobre todo, con presencia del Estado en Educación, Vivienda y Salud. Precisamente lo que Macri lleva años recortando.
Lo que dicen y lo que hacen
Jorge Macri levantó su perfil en las últimas semanas y endureció su agenda pública bajo los conceptos de “ley y orden”, el control del espacio público y la defensa de la propiedad privada, en un giro discursivo pensado para el 2027, año en el que buscará la reelección en abierta disputa electoral con La Libertad Avanza. El problema con ese giro es que choca de frente con la realidad presupuestaria de su propia gestión.
Porque el dato central es que la Ciudad de Buenos Aires, la más rica del país, la de mayor recaudación propia, ha llevado adelante en los últimos años un proceso sistemático de recorte en las áreas sociales básicas. El gasto total del Gobierno porteño acumula una caída real del 4% entre 2022 y 2025, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Los datos muestran que los principales recortes se dieron en las áreas que garantizan derechos —Salud, Educación, Vivienda—, mientras que el gasto en servicios concesionados al sector privado y en deuda pública creció.
Lo que el operativo “Tormenta Negra” hace, en definitiva, es lo opuesto de lo que proclama: no combate la inseguridad estructural de los barrios populares, la administra mediáticamente. Como dijo el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, desde el Barrio Padre Mugica: “Tormenta Negra es el narcotráfico, la falta de trabajo, el Estado que se retira y los pibes que no tienen posibilidades”. Es difícil encontrar una definición más precisa del problema real.
¿Cómo son los números?
Los números de la ejecución presupuestaria son concluyentes. En Vivienda, el recorte es demoledor: el Instituto de la Vivienda de la Ciudad cayó un 46% en términos reales respecto de 2022, y el programa de integración en barrios populares acumula un desplome del 58%. El mismo Gobierno que manda 1.500 policías a los barrios populares lleva tres años de destrucción sistemática de los programas de contención y urbanización. No es un descuido: es una decisión.
En Salud, la caída real es del 10% frente a 2023. Los hospitales materno-infantiles —el Gutiérrez, el Sardá, el Elizalde— cayeron un 12% respecto del año anterior. El gasto en personal sanitario acumula una reducción equivalente a 258 mil millones de pesos respecto de 2023: el 16% menos en términos reales, que se traduce en médicos que se van al sector privado, enfermeros peor pagados, guardias que colapsan. Un sistema que atiende mayoritariamente a los vecinos de los barrios populares y del Sur que el Gobierno dice querer proteger.
En Educación, la caída acumulada entre 2023 y 2025 llega al 12%. El programa de Carrera Docente se desmoronó un 51% en términos reales desde 2022. Las becas estudiantiles cayeron un 36%. La asistencia alimentaria en el ámbito escolar retrocedió más de un 13%. En todos los niveles —inicial, primaria, media y técnica— la ejecución de 2025 fue inferior a la de 2024. ¡Se trata, en muchos casos, de los chicos y las chicas de esos mismos barrios adonde Macri manda los helicópteros!
Y el mercado de trabajo en la Ciudad también refleja este deterioro. Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) relevados por el CEPA, desde que asumieron Milei y Macri —el mismo día, con el mismo proyecto— la Ciudad perdió 93.593 puestos de trabajo registrado, una caída del 4,3%. Los sectores más golpeados fueron: la administración pública, la industria manufacturera, la construcción, y el transporte.
Así luce el modelo en la práctica: el Estado se achica, y el sector privado —lejos de florecer— también se achica. Desde noviembre de 2023, la Ciudad perdió, además, 2.619 empresas. No es la destrucción creadora de Schumpeter (el economista austríaco ídolo de Milei); es destrucción a secas.
La Tormenta y Washington: El norte que los une
La “Tormenta Negra” no es sólo la ocurrencia electoral de un jefe de gobierno buscando titulares. Es la expresión local de una continuidad ideológica que va de Buenos Aires a la Casa Rosada: ajuste sobre lo social, represión sobre lo popular y criminalización de la pobreza como sustituto de la política pública.
Macri y Milei asumieron el mismo día y comparten las mismas coordenadas programáticas. El ajuste de la motosierra a nivel nacional tiene su correlato en la Ciudad: menos gasto en salud, en educación, en vivienda, en integración urbana. Y cuando el Estado se retira de esas funciones —las que dan sentido a la vida en comunidad— lo que queda es el vacío que el narcotráfico y la violencia terminan ocupando. Entonces llega la respuesta represiva, que no es una política de seguridad, sino su sustituto, su simulacro. No responde a políticas de seguridad, sino al abandono y a lógicas publicitarias.
Este modelo de gobierno tiene también una brújula geopolítica. El alineamiento del gobierno nacional con Estados Unidos e Israel —que se expresa en votaciones en la ONU, en tratados de seguridad con El Salvador, en ejercicios militares conjuntos con tropas norteamericanas en suelo argentino— tiene su correlato en esta postura de la “mano dura” que Macri abraza con entusiasmo electoral. La doctrina del orden sin justicia social de por medio, viaja bien desde Washington a Buenos Aires.
Conclusión: el ajuste, rivales en la foto.
Lo que no viaja bien, en cambio, es el bienestar de las mayorías. Porque en el fondo, la «Tormenta Negra» no es solo un operativo policial: es una declaración política. La declaración de un jefe de gobierno que decidió competir con Milei por derecha, disputarle el electorado duro, mostrar que el PRO puede ser tan o más duro que La Libertad Avanza en el sector donde parece haber más consenso: el de la represión de los de abajo y el del ajuste sobre los servicios que usan los de abajo.
La paradoja es tan evidente que cuesta ignorarla. Macri y Milei no están en disputa real: comparten modelo y comparten coordenadas. Lo que los diferencia es el marketing, no el programa. Uno maneja la motosierra a nivel nacional; el otro la aplica en la Ciudad. Uno recorta el Estado federal, el otro recorta el Estado porteño. La competencia entre ellos es de imagen, no de proyecto. Y en esa interna de la derecha, los que pagan los platos rotos son siempre los mismos: los trabajadores que perdieron el empleo registrado, los pacientes que encontraron el hospital con menos médicos, los estudiantes que se quedaron sin beca, las familias que esperan una vivienda que nunca llega.
La noche del operativo, cuando los helicópteros se fueron y las cámaras se apagaron, los barrios populares de Buenos Aires quedaron igual —o peor— que antes. Los búnkeres que no eran búnkeres siguieron en pie. Los comercios clausurados —en muchos casos, la única fuente de ingreso de una familia— quedaron cerrados. Y la tormenta de fondo, la que no tiene nombre de operativo ni sale en los comunicados oficiales, siguió su curso: el hospital con menos presupuesto, la escuela con menos becas, el barrio sin urbanización, los puestos de trabajo que se pierden. Esa tormenta no llegó en una noche con drones y uniformes. Lleva años instalada. Y tiene, para quien quiera verla, la forma exacta de las decisiones presupuestarias de este Gobierno.
