En la era Milei la inflación acumuló 241%

Mientras que el consumo quedó peor que durante las gestiones de Macri y Alberto Fernández

El Gobierno exhibe la desaceleración inflacionaria y el equilibrio fiscal como sus principales logros, pero los datos del bolsillo cuentan otra historia. En los primeros mil días de Milei, las ventas de supermercados retrocedieron, el consumo masivo quedó 25% debajo de diciembre de 2023 y las ventas de las pymes acumularon una caída del 19%. Incluso comparado con los primeros tramos de Macri y de Alberto Fernández, el deterioro del consumo resulta mayor.

por Melina Schweizer

La economía de Javier Milei llegó a sus primeros mil días con una paradoja que empieza a definir el balance de su gestión: el Gobierno consiguió reducir drásticamente la velocidad mensual de la inflación, pero todavía no consiguió que esa estabilización se transformara en una recuperación sostenida del poder de compra. Los precios aumentan más lentamente, mientras supermercados, comercios de barrio y distintos segmentos del consumo continúan operando por debajo de los niveles existentes cuando comenzó la administración libertaria.

La comparación con Mauricio Macri y Alberto Fernández vuelve el dato políticamente más incómodo. Ambos gobiernos atravesaron graves crisis económicas y terminaron con fuertes desequilibrios, pero en el mismo tramo de sus administraciones el consumo en supermercados tuvo un desempeño mejor que durante los primeros mil días de Milei.

Esto no significa que todas las condiciones macroeconómicas sean comparables ni que los tres gobiernos hayan recibido la misma herencia. Significa algo más concreto: si se observa cuánto compraban las familias en supermercados durante períodos equivalentes, la estabilización libertaria todavía no ha conseguido recuperar el consumo perdido durante su propio ajuste.

Con Milei, el supermercado retrocedió 2,2 puntos
La serie tendencia-ciclo de la Encuesta de Supermercados permite observar el fenómeno evitando buena parte de las distorsiones estacionales. En enero de 2024, el indicador se ubicaba en 84,4 puntos. En junio de 2026, último dato disponible utilizado en la comparación, había descendido hasta 82,2 puntos. Es una caída de 2,2 puntos durante la gestión.

La importancia del indicador radica en lo que mide. No estamos hablando principalmente de viajes al exterior, automóviles importados o inversiones financieras. Estamos observando supermercados: alimentos, bebidas, productos de limpieza, higiene y otros bienes cotidianos.
Por eso la caída afecta directamente al poder adquisitivo.

Una economía puede mostrar crecimiento del PBI y, simultáneamente, registrar un consumo masivo debilitado si los sectores que impulsan la actividad no son aquellos que generan más empleo o distribuyen mayores ingresos entre los hogares. Y eso permite entender una de las contradicciones del actual modelo: pueden mejorar determinados números macroeconómicos sin que esa mejora llegue con la misma intensidad a la caja del supermercado.

Con Alberto el consumo había subido; con Macri casi no había caído
La comparación histórica amplifica la diferencia. Durante el período equivalente de Alberto Fernández, el índice de ventas en supermercados pasó de 87 puntos en enero de 2020 a 90,7 en junio de 2022. Es decir, aumentó aproximadamente 3,7 puntos, pese a que buena parte de ese período estuvo atravesada por la pandemia.

Con Macri, la serie disponible muestra que pasó de 99,3 puntos en enero de 2017 a 99,1 en junio de 2018, una disminución de apenas 0,2 puntos. La comparación tiene una limitación metodológica importante: la serie comienza en 2017 y, por lo tanto, no permite incorporar el primer año completo de aquella administración.

Con Milei, en cambio, el descenso observado desde enero de 2024 hasta junio de 2026 alcanza 2,2 puntos. No hace falta convertir esa comparación en una competencia para determinar qué gobierno tuvo la peor economía. Los contextos fueron diferentes y cada administración enfrentó desequilibrios distintos.

El dato sirve para otra cosa: demostrar que desacelerar la inflación no garantiza por sí mismo una recuperación del consumo. La inflación bajó, pero después de acumular un 241%.
La explicación aparece cuando se observa el nivel acumulado de precios. Desde la asunción de Milei hasta julio de 2026, la inflación acumulada alcanzó el 241%. Durante períodos equivalentes, fue del 112% bajo Macri y del 200% durante Alberto Fernández.

La comparación también exige contexto.
Milei recibió una inflación mensual considerablemente superior a la que encontraron Macri y Fernández, por lo que una parte del mayor acumulado responde inevitablemente al punto de partida. Además, la trayectoria posterior muestra una desaceleración pronunciada que constituye uno de los principales resultados económicos que puede exhibir el Gobierno.

Pero existe otra parte de la historia: la devaluación de diciembre de 2023 produjo un fuerte salto inicial de precios y, aun durante el tercer año de gestión, la inflación continuó avanzando por encima del 1,5% mensual. Por eso, afirmar que “la inflación bajó” y afirmar que “los precios subieron 241% desde el comienzo del Gobierno” no constituye una contradicción.
Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo: la primera describe la velocidad actual.
La segunda describe la distancia recorrida.
Y el bolsillo familiar tiene que pagar el nivel de precios que quedó después de recorrerla.

Bajar la inflación no devuelve automáticamente lo perdido
Esta diferencia es fundamental para entender los mil días de Milei. Si un producto pasó de costar $1.000 a $3.000 y posteriormente la inflación mensual baja al 1%, el producto no vuelve a costar $1.000. Simplemente comienza a encarecerse más lentamente desde los $3.000.

Para que el consumidor recupere efectivamente capacidad de compra, sus ingresos tienen que crecer por encima de los precios durante un período suficiente para compensar la pérdida anterior.
Ese proceso es mucho más lento que la desinflación. Y explica por qué el Gobierno puede mostrar una inflación mensual sensiblemente inferior a la de diciembre de 2023 mientras millones de hogares continúan reduciendo cantidades, reemplazando marcas o eliminando productos de sus compras.

El consumo masivo está 25% debajo de diciembre de 2023
Cuando se amplía la mirada más allá de los supermercados, el deterioro resulta todavía mayor.
La medición de Scentia, que incorpora supermercados, comercios barriales, farmacias, kioscos y comercio electrónico, ubica actualmente el consumo masivo un 25% por debajo de diciembre de 2023.

Incluso excluyendo ese primer mes, marcado por el fuerte salto inflacionario posterior a la devaluación, el consumo permanece 10% debajo de enero de 2024.
Además, el consumo masivo cayó durante cada uno de los primeros siete meses de 2026. Esto impide explicar el fenómeno solamente por el shock inicial de la administración libertaria.
Dos años y medio después, la economía doméstica todavía no ha conseguido regresar al punto de partida.

Las pymes venden 19% menos que antes de Milei
La misma tendencia aparece en los comercios pequeños y medianos. El índice de ventas minoristas elaborado por CAME muestra una caída acumulada del 19% respecto de noviembre de 2023. Durante prácticamente toda la gestión, las ventas permanecieron por debajo del último mes previo a Milei; la única excepción señalada en la serie fue octubre de 2025.

Este dato tiene consecuencias que van mucho más allá del mostrador. Cuando una pyme vende menos durante un período prolongado, comienza a ajustar inventarios, horarios, inversiones y costos. Si el deterioro continúa, puede reducir personal o cerrar.

Por eso la crisis del consumo puede terminar convirtiéndose en crisis del empleo, particularmente en sectores como comercio, industria y servicios que dependen directamente del mercado interno. Se genera entonces un círculo difícil de romper: menor poder adquisitivo reduce las ventas; menores ventas debilitan empresas y empleo; menor empleo vuelve a reducir el ingreso disponible y nuevamente cae el consumo.

Los bienes durables también comenzaron a retroceder
Durante una etapa de la gestión, algunos bienes durables mostraron una recuperación importante, impulsados en parte por la normalización del crédito. Los automóviles son el ejemplo más evidente. Después de una caída del 8% en los patentamientos durante 2024, 2025 registró un crecimiento del 47%. Pero el impulso perdió fuerza: entre enero y agosto de 2026, los patentamientos volvieron a caer un 13%.

Los electrodomésticos muestran una dinámica similar. Durante el segundo trimestre de 2026, las ventas aumentaron 12,4% interanual medidas a precios corrientes, pero descontando la inflación ese resultado equivale aproximadamente a una caída real del 15%.

La diferencia entre ambas mediciones vuelve a ser decisiva: Facturar más pesos no significa vender más bienes cuando esos pesos perdieron poder adquisitivo.

La deuda dejó de empujar el consumo
La retracción de los bienes durables coincide además con otro problema: el debilitamiento del crédito familiar y el crecimiento de la morosidad. Durante una primera etapa, la recuperación del financiamiento permitió que algunos hogares adelantaran compras pese a que sus ingresos todavía no se habían recompuesto completamente.
Pero el crédito tiene un límite.

Si las familias acumulan cuotas mientras las tasas permanecen elevadas y el salario no acompaña suficientemente, una parte creciente del ingreso mensual comienza a destinarse a pagar consumos anteriores. El mecanismo que inicialmente sostiene las ventas puede terminar funcionando al revés.

La tarjeta permite comprar hoy con el salario de mañana, pero cuando mañana llega cargado de cuotas, queda menos salario disponible para volver a consumir. Ese fenómeno ayuda a comprender por qué la morosidad creciente no constituye solamente un problema financiero: también puede convertirse en un freno adicional para el mercado interno.

El verdadero examen de los mil días está en los ingresos
El Gobierno puede exhibir resultados macroeconómicos que no deberían ignorarse: la fuerte desaceleración inflacionaria, el ordenamiento fiscal y una situación cambiaria diferente de la recibida en diciembre de 2023.
Pero esos logros no resuelven automáticamente la segunda mitad del programa económico.

Estabilizar no es lo mismo que recuperar.
La primera etapa puede conseguir que los precios dejen de acelerarse. La segunda requiere que salarios, jubilaciones, empleo, crédito y actividad permitan reconstruir la capacidad de consumo perdida durante el ajuste. Y es allí donde los primeros mil días dejan una cuenta pendiente.

El consumo en supermercados cayó 2,2 puntos desde enero de 2024. El consumo masivo permanece 25% debajo de diciembre de 2023. Las ventas minoristas pyme están 19% debajo de noviembre de 2023. Los patentamientos volvieron a caer 13% durante 2026 y las ventas de electrodomésticos retrocedieron alrededor de 15% en términos reales durante el segundo trimestre.

Mientras tanto, los precios acumularon una suba del 241% desde la llegada de Milei. El problema económico ya no consiste solamente en conseguir que la inflación siga bajando. Consiste en lograr que la población pueda volver a comprar.

Porque una economía puede estabilizar sus planillas mientras las familias continúan ajustando el changuito. Y después de mil días, la gran deuda del modelo de Milei está justamente ahí: consiguió bajar la velocidad de los precios, pero todavía no consiguió devolver al bolsillo la capacidad de consumo que perdió durante el camino.

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