En memoria de la madre del orgullo

por la Red Bisexual Argentina.

Una cara se repite en las fotos de archivo de los inicios del Orgullo. Es una chica que sostiene carteles, conversa con gente y posa orgullosa con lentes gruesos y sonrisa entusiasta. Su nombre es Brenda Howard, activista bi, poliamorosa y feminista, y es la persona que imaginó e hizo realidad lo que hoy conocemos como Orgullo.

Brenda nació en el Bronx en 1946. Se formó como enfermera. La guerra de Vietnam la introdujo al activismo y, como a muches, la misoginia en la causa la impulsó al feminismo. Durante los siguientes treinta años, fundó y coordinó incontables acciones, eventos y organizaciones claves para el desarrollo de la lucha LGBTIQ+. Organizó protestas en su ciudad natal, llevó la lucha a zonas aledañas y luego a nivel nacional e internacional. Las causas por las que marchó fueron muchas, pero su eje fue el orgullo por la diversidad y, sobre todo, su querida comunidad bisexual. En una época donde la militancia se hacía con papel y lápiz, con cadenas telefónicas y mensajes grabados en contestadores, por décadas fue la voz que anunciaba las actividades en la línea de información de la New York Area Bisexual Network y quien respondía los cientos de mensajes en el contestador.

Pero antes de todo eso, el 28 de julio de 1969, un mes después de Stonewall, una Brenda de 22 años organizó la primera marcha. Un año más tarde logró transformarla en un evento de una semana, que más tarde sería la Marcha del Orgullo de Nueva York y luego una celebración internacional. Se le acredita, junto a los activistas Robert A. Martin y L. Craig Schoonmaker, la popularización del término «orgullo». La celebración como la conocemos hoy existió primero en la mente de esa chica que se convenció y convenció a otres no sólo de que era importante, sino también posible. Brenda falleció producto de un cáncer de colon, con 58 años, el 28 de junio de 2005; casi como si lo hubiera planeado. En 2019, en el cincuentenario de las revueltas, su nombre fue uno de los cincuenta incluidos en la pared conmemorativa en el Monumento de la Stonewall Inn.

Las conmemoraciones tienen ese qué sé yo. Brenda sabía. Este junio, como todos los junios, la épica y la mítica se mezclan en un torbellino de arcoiris, un eco de ese primer ladrillo. Siempre algo se pierde en el mito, y rara vez recordamos a quien se ocupó de que recordemos. Pero ¿qué sería de nuestra memoria sin personas como Brenda, conscientes de que lo que está sucediendo merece ser histórico? ¿Dónde hubiera quedado Stonewall si esa chica de 22 años no hubiera tenido la sensibilidad estratégica de saber cómo transformar una jornada de resistencia en un mito fundacional? Brenda supo en ese momento que el orgullo era la respuesta y la memoria, poder; Brenda supo que alguien tenía que rescatar ese ladrillo y transformarlo en símbolo. Como dijo el activista bi Tom Limoncelli: «La próxima vez que les pregunten por qué se celebra el orgullo en junio, díganles ‘porque una mujer bisexual llamada Brenda Howard pensó que había que hacerlo».

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