Enrique Symns. La soledad de la contracultura

Entrevista con el escritor, periodista y actor que dirigió la Revista Cerdos & Peces y fue presentador y monologuista de Los Redondos. Una leyenda viva, sobreviviente de la movida contracultural de los ‘80.

Texto y fotos: Agustina Paz Frontera
Entrevista: Juan Laxagueborde & Agustina Paz Frontera

Enrique Symns era un actor que no había estudiado. En el 82, en la Redacción de Pan Caliente, tomó cocaína por primera vez. No escribía, pero era buen lector. Su hermana le había transmitido el gusto por la filosofía. Nietzsche, Schopenhauer, Artaud, es el tridente que repite hasta el día de hoy. La cocaína, ese “resurrector”, fue desde entonces hasta hace 2 meses su lubricante esencial. No era que tomara para escribir, él tomaba como impulso vital, o fe animista, y luego escribía. En 1982 conoció a dos personas que le ayudaron a deformar su vida para siempre: Gabriel Levinas y El Indio Solari. Cerdos & Peces fue su gran obra: la revista que era una forma de vida en tiempos de guerra. Porque es en la guerra donde lo héroes arrecian. Symns, El Indio, héroes chiquitos de la manada, convertidos sin querer en jefes díscolos de masas desesperadas. Symns, un encantador mágico, embarraba todo con su varita espolvoreada; Solari no importa; acá veremos qué es de la vida de Enrique Symns, el “Falso impostor”. Por qué interesa tanto la obra de este hombre que hoy, sin dinero ni amigos, se debate entre el resentimiento, una sensibilidad inusitada, los Philip Morris, una pensión para escritores, y su diabetes.

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-¿Cómo surgio Cerdos & Peces?
-Yo ya escribía en la revista El Porteño hacía varios números y le conté a Levinas que en España había aprendido a hacer otro periodismo, él me dijo que lo probara. Estaban Fogwill, Miguel Briante y otros más, todos se opusieron. Y cuando salió la revista estaban más enojados, ¡Briante la quería prohibir! En el primer número nos pusieron dos kilos de trotyl en la redacción, que estaba en la calle Cochabamba. Me acuerdo que aparecí en el Diario Crónica, porque fui el primero que llegó. Iba a laburar muy temprano, a veces me quedaba toda la noche… pero ellos no querían matar a nadie, la pusieron cuando no había nadie, no sabían que adentro había un gato montés y un loro. La redacción quedó demolida.

– ¿Por qué pusieron la bomba?
-La mitad del periodismo decía que era por esto -tiene en la mano un ejemplar de El Porteño de agosto del 83, cuando comenzó C&P como suplemento, la nota de tapa se titula “Niños desaparecidos”-. La otra mitad decía que era por esto -señala la tapa del suplemento C&P: “¿Legalizar la marihuana?”-. Llegaron anónimos que me amenazaban de muerte. En la reconstrucción de la redacción, lo más raro de todo fue que pensamos que el gato había muerto, pero apareció rabioso. Se había vuelto rabioso caminando por el techo, y salimos todos corriendo porque cuando ves a un gato enojado caminando por el techo, parece un tigre.

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-¿Y vos cómo llegaste a Levinas (el dueño de El Porteño)?
-Levinas llegó a mí, mejor dicho. Es un camino complicado, yo hacía monólogos callejeros, me vio Jorge Pistocchi (creador de Pan Caliente, entre otras notables publicaciones), me llamó y me dijo que quería que fuera jefe de redacción, yo era actor pero sabía que escribía bien y en cuanto escribí la primera nota me llamó el secretario de redacción de Clarín, que era (Roberto) Guareschi y me invitó a cenar. Un día vino Levinas a la redacción de Pan Caliente y vio que era el único que laburaba: yo hacía todas las notas. Entonces cuando se disolvió Pan Caliente, lo encuentro en la marcha por Teatro Abierto, Levinas estaba con León Gieco y le dijo: “éste es el mejor periodista argentino de los últimos diez años”, y me contrató para El Porteño.

-¿Qué tipo de notas hacías en El Porteño?
-Trabaje varios números, hice varias notas que causaron escándalo porque hablaban sobre sexo. Hice la primera nota que habló a favor de los homosexuales, cosa que después se tornó algo normal, pero primero fue un escándalo. Después escribí sobre las lesbianas, sobre las violaciones y después escribí sobre algo que ahora resulta muy estúpido, pero en aquella época el sexo oral y el sexo anal eran considerados perversiones. Escribí la primera nota diciendo que era el sexo más hermoso del mundo.

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“Nos sentíamos parte del viento que iba empujando la peste inoculada por la Dictadura, y que se respiraba en todos los acontecimientos culturales y cotidianos”, dice en El Señor de los Venenos, un libro en el que practica ese género menor que es la ficción periodística, tomando como referente su propia vida. ¿Por qué el sexo y la droga después de la muerte, de la guerra, del silencio? Parece obvio en retrospectiva: había que festejar, glorificar la vida, expandirla. Y la cocaína, dice Enrique Symns, es, ante todo, un “resurrector”.

-¿Por ese tipo de notas fuiste resistido cuando te proponen como director del suplemento?
-Sí, Briante especialmente, por eso y porque me había agarrado a trompadas con Miguel Abuelo en la fiesta de El Porteño. En aquella época, cuando sacamos el tercer número de la revista, nos clausuraron porque pusimos a una nena con las piernas abiertas y la concha al aire -era una nota que se llamaba: “Niños que desean a hombres que desean a niños”-. Yo encontré a esa nena cuando tenía 25 años en Chile, tenía posters de la revista en su cuarto, para ella había sido un honor. Era la hija del fotógrafo. La cuestión es que fuimos a juicio, nos cerraron, nos clausuraron en plena democracia, hasta que la Suprema Corte de Justicia dictaminó que “a pesar de que la revista nos da repugnancia”, dijeron, “es deber del periodismo contar todo lo que sucede en la vida del hombre”. ¡Imaginate!, en este momento por una cosa así nos clausurarían, porque ahora la moral se ha puesto mucho más rígida.

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-¿Y tenía sentido estético o político todo eso?
-No, política es una palabra que no uso jamás, ni la quiero usar, ni la quiero escuchar. La política es el ejercicio del poder, y el poder es un inmundo acto humano que viene desde los orígenes, que trata de la dominación.
Yo era anarquista de mentira, porque ni siquiera era anarquista, yo decía que era anarquista para que me dejaran de joder con el “por qué no era peronista”. Soy antiperonista a muerte, siempre fui antiperonista pero no soy ni radical ni gorila ni nada, soy antiperonista como soy antifascista, como soy antifranquista, antimussolinista. Perón, en su última etapa, se convirtió en un pelotudo manejado por un brujo de mierda y por una puta. Era un boludo, era una mierda de persona… Mandó a matar, ¿cuánta gente murió por Perón? ¿Cuántos pendejos murieron?

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Todo lo tuyo cabe en una maldita valija

-En 1991 el Indio te escribe el Blues de la Artillería, ¿qué te pasó en ese momento?
-Sí, escribió esa cosa horrible de “líder dealer”, bah… A mí me encanta esa canción. Yo le conteste que peor delincuente es el artista que le roba la plata al pueblo.

-¿Cómo es que vos mantenías una vida corrida de todo y tus amigos, en este caso Los Redondos, empezaban a ganar plata? ¿Cómo sentías vos eso?, ¿en algún momento dijiste: “la puta madre yo estoy viviendo en un departamento de dos ambientes”?
-Nunca viví en un departamento de dos ambientes, siempre viví en lugares horribles, nunca me importo el dinero, yo quería dinero para el champagne, cocaína y taxi.
Pero en aquella época, cuando todos se portaban bien, cuando se inició el movimiento, todos estábamos en la calle y todos éramos iguales, Batato Barea, José Sbarra, Los Redondos, Luca, andábamos tocando gratis por las plazas, era un honor. Yo me sentía un chamán y creía que los demás también eran chamanes, yo les creí, pero eran todos mentirosos.

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-¿Vos no eras mentiroso?
-No, en eso no, pero sí soy mentiroso. Hay tres categorías de mentira: La mentira es levantarse una mina en la calle y no contárselo a tu mujer; el engaño es llamarla y volver a verla; y la traición ya es lo peor: pasaron 5 años y la mina es tu amante. Bueno, ellos me traicionaron.
A mí ni siquiera me ayudaron cuando sabían que estaba en la miseria, que vivía en la calle. Yo viví en la calle mucho tiempo, bastante tiempo.

-¿Pero con “La Cerdos” no ganaste plata, o ganaban plata y se la despilfarraban?
-No, mirá, ganaban los socios. Yo nunca fui dueño de Cerdos & Peces. Yo cobraba un sueldo de 1000 dólares en la época de Menem, que no era nada. Con eso me alcanzaba para el champagne. Vivía en un departamento enfrente de un destacamento de policía. Se escuchaba la patrulla y vendía merca, venían los tipos a cualquier hora, 3 de la mañana, a las 4. Era un lugar seguro para vender. Ganaba más plata vendiendo merca que con la revista; la vendía mi mujer, que en aquella época era Vera Land.

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-La redacción de C&P era famosa por ser una especie de bar donde giraba la merca y el sexo, ¿esto era así?
-La cocaína era la única manera de vivir, era la única manera de soportar la estupidez de la normalidad, de la inmunda galería de espectros que es la ciudad, donde lo único que podes hacer es trabajar, estudiar, casarte, tener hijos… Toda la pelotudez junta en una masa de mierda de giles perdidos. El tipo que va a la facultad es un pelotudo, es una mierda, en vez de perderse, extraviarse, leer y aprender de la vida y de las demás personas que te rodean, no. Vivís en una masa de gente que no le importa un carajo los demás. Y además, si sos negrito son confiable, si sos blanquito no te creo nada. Yo tenía muchos lectores negritos y muchos blancos por supuesto, todos estudiantes, como vos y como él.

-Pero la redacción, o sea…
-Cogíamos, en la redacción cogíamos, vendíamos drogas, hacíamos notas, nos drogábamos, era fantástico.

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-¿Vos y quien más?
-Yo, Vera, Helmostro Punk (Mauricio Kurcbard), Fernando Almirón, que se murió hace poquito, pobrecito, y Levinas… Éramos como el francés Michel Foucault: primero comía, después cogía y después se dedicaba a pensar, así tiene que ser la vida. No podés pensar sin coger, se piensa después de coger, cuando ya liberaste todas tus energías. Yo me acuerdo que escribía las editoriales, que era lo principal de la revista, con un cadete que se quedaba conmigo, pobrecito, toda la noche. Duraba una noche, una página tardaba una noche. La leía primero él, si él lloraba quería decir que estaba perfecta. Murió de SIDA. Todos los cadetes de mi redacción murieron de SIDA, todos menos uno que encontré con Tom Lupo. Se pinchaban todos con la misma aguja. Se murieron todos, eran chicos hermosos.

-¿Llegaban a cadetes por ser lectores? ¿O los encontrabas en la noche y se hacían amigos?
Y… venían a la redacción y yo me enamoraba de ellos, en el buen sentido. Eran muy buenos chicos, ellos trabajaban para Duhalde cuando Duhalde era dealer, vendía marihuana en Lomas de Zamora.

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-¿En serio?
Sí, todos sabíamos que era dealer, yo vivía en Lanús y le compraba la marihuana a él. No a él, a su gente. ¿Quién no fue dealer alguna vez? Si sos cocainómano sos dealer o tenés mucha plata; como Calamaro, que me decía: “yo nunca supe lo que es llamar a un dealer porque siempre tengo un kilo”. Digamos, una de las relaciones más hermosas que se establecen con la cocaína es tu amor con el dealer, amas más a tu dealer que a tu chica. Los dealers que tuve venían a cualquier hora. No fallaban.

Symns vivió en un hotel céntrico de Mar del Plata hasta hace un mes. Antes había vivido en Derqui y en El Bolsón, cerca de ahí sufrió un ACV: “Estaba solo en el bosque, le hablaba a mi mano y no me respondía”. Sus libros se reeditan, se inventan libros con viejos textos, cada tanto da un taller, de ahí saca un poco de dinero para pagar sus gastos y la pieza en la que vive en pleno barrio de Constitución. También cobra una pensión “que le da Macri” como escritor. Los números no cierran. Casi no puede caminar, está cansado.

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-¿Cuándo dejaste de hacer la revista qué te pasó?
-Y… lloré mucho, sufrí mucho, me encerré. La empecé a cerrar cuando me peleé con Los Redondos, un error terrible desde el punto de vista editorial.

-¿Sería posible una C&P en otro momento?
-El último momento que podría haber salido Cerdos fue cuando bombardeaban las torres gemelas. Entonces nos hubiéramos convertido en terroristas, hubiéramos estado a favor y hubiéramos brindado como brindó Hebe de Bonafini, cuando era buena persona.

-En realidad vos creías en la salvación individual y en cierto egoísmo casi nietzscheano de ir para adelante…
-La revista era, fue, una leyenda. A diferencia de un mito, la leyenda es un ejemplo que dejás sobre cómo sobrevivir en soledad en un mundo de zombis, de seres estructurados, de personas ausentes que andan por las calles yendo y viniendo de lugares, pero no estando en ningún lado, como la mayoría de ustedes, como ustedes que no están en ninguna parte. Y nosotros éramos como una manada de desahuciados que tratábamos de escapar de la cárcel del tiempo, así que no era individualidad. En aquella época no había Internet, yo recibía una bolsa de cartas por mes, las contestaba todas. Tenía amigos en todo el país, amigos invisibles, a algunos los iba a visitar, era una vida hermosa. Nada supera en mi vida lo que viví en esa revista, además estaba la frivolidad, por supuesto, por eso cogía tanto.

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-¿Y los lectores de los Cerdos quiénes eran, quiénes te imaginás que eran?
-De todo, presos de la cárcel, intelectuales, era casi el mismo público que tenían Los Redondos, y rockers, muchos boludos rockers. O sea, la generación nueva es muy boluda porque solamente escucha rock, nadie escucha Vivaldi, ni escucha Saint-Saëns, ni escucha las grandes bandas, como Portishead, Radiohead, Super Furry Animals, Massive Attack, que son las grandes bandas actuales.

-¿Vera cómo era?
-Era inteligente, la mejor jefa de redacción. Yo tenía que elegir jefa de redacción, me había peleado con Fernando (Almirón) y el Indio Solari me dijo: “mirá, la mejor jefa de redacción es tu mujer”. Yo dije: “no, ¿cómo voy a poner a mi mujer?, queda para la mierda”. La nombré y fue la mejor, hacía la revista ella y me dejaba para mí lo que tiene que hacer un director, que es pensar, lo único que tiene que hacer el director de una revista es pensar.

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-Pero ella primero fue amiga tuya…
-No, amantes primero y esposa, me casé con ella, me divorcié, me casé porque era menor de edad y si no, los padres me denunciaban. Yo no quería, yo no quería estar con nadie. Al final de mi vida conseguí no estar con nadie y no sé si no es peor. Estar acompañado es horrible pero estar solo es peor. Habría que acostumbrarse a vivir entre amigos, eso sería sensacional.

-¿Pero Vera ya tenía intereses parecidos a los tuyos?
Yo creo que le enseñé mucho, claro, tenía 17 años y yo 40. El padre me quería matar porque tenía mi edad. ¿Pero sabés qué nos unió con el padre?, que era lector, leía a Henry Miller, leía a la misma gente que yo. Nos divorciamos hace un año.

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-¿Y ella dónde está ahora?
-Vive en un edificio tomado, no paga alquiler. Yo tenía un piso ahí, pero lo perdí. Nunca quise tener nada, ahora en la vejez quiero tener, ahora me dio miedo, nunca tuve miedo a la pobreza, siempre fui pobre, he vivido en pensiones. Bueno, una de las cosas que me tiene cansado es que vivo en pensiones horribles, desde hace 10 años, ya llevo 10 años. Y la soledad del hotel no es lo mismo que la soledad de vivir en una casa, la soledad de un hotel es como la cárcel: tenés que compartir con desconocidos, está prohibido tener amigos y familiares.

-¿Y para escribir cómo hacés?
Tengo una computadora, pero ya no tengo ganas de escribir, tengo que hacerlo para sobrevivir, yo por mí no escribiría más. No sé lo que haría, por eso no sé si seguir viviendo. Estoy debatiendo si sigo viviendo o no, es algo que mis amigos no quieren escuchar pero es la verdad. Una de las cosas que el ser humano conoce pero no puede compartir es el dolor, el dolor que yo siento nadie lo puede sentir y a nadie le importa tanto como me importa a mí. Yo no puedo dormir de noche porque… Odio todo lo que me pasó, odio Cerdos & Peces, odio ser escritor, todo me trajo desgracias. Tengo lo que merezco porque me lo busqué, no busqué cariño y amor. Sí busqué en los escenarios, en los escenarios…. como ustedes, me daban un alimento. La revista no me lo dio pero me hizo vivir plenamente como nadie. Mirá, yo entiendo a Maradona, lejos de ser como él, ¿por qué siendo el número diez más famoso del mundo tomaba cocaína? Porque no soportaba la soledad, la soledad es insoportable, y la fama te acerca a la soledad. En una conferencia de Borges sobre Spinoza, de pronto se detuvo y dijo: “Es preferible ser amado a ser admirado, porque la admiración es una perversión de la mirada, el que te admira te odia”. Y es cierto, a mí me han pegado tipos que me admiraban, me han lastimado más los que me admiraban que los pocos que me amaron.

8 comentarios en “Enrique Symns. La soledad de la contracultura”

  1. Hola, encontré esta nota de casualidad. Soy un correntino en Ciudad Gotica. Hace 15 años que vivo en NYC entre Manhattan, Queens y Brooklyn, donde ahora estoy viviendo.
    Tengo casi todos los números de Cerdos y peces. Quisiera saber algo sobre Enrique, Tom Lupo, Vera Land… Y… ¿alguien podría explicarme el extraño destino de Jorge Lanatta? ¿a que se debió su increíble transformación? ¿que le sucedió? Yo tengo algunas teorías, pero son esas, teorías, de alguien que vive muy lejos del lugar del crimen.

  2. Un pasado de voracidades y un presente de ausencias y traiciones. Un viejo solo y triste. Mychos le dicen maestro y genio pero esta obligado a escribir para comer….

  3. A lo largo de la vida ocurre que somos diferentes personas que viven unidas por una misma historia, esas personas se parecen en algunas cosas y se diferencian en otras. Tenemos distintas necesidades y cambian algunas costumbres y algunos gustos. Un escritor amigo, ya fallecido, que transitó más de ochenta años entre Boedo y el oeste conurbano logró plasmar la idea en un relato de tiempos desestructurados (Estoy hablando de Juan Nuñez y la novela El Títere). Cuando nombraba a algún personaje le agregaba “el de antes o el de ahora”. Enrique Symns (el de ahora) necesita lo que Enrique Symns (el de antes) despreció. Lo imposible es caminar hacia el norte y hacia el sur al mismo tiempo. Su vida tiene la coherencia dramática inevitable y ningún final es bueno. En Yerma, García Lorca dice en un verso algo así como que todos deseamos una muerte diferente a la que nos toca (Ninguna). Lanata es el de ahora y no vale una frase más.

  4. El viejo Symns disfrazado de Bukoski
    Ejercía esa rara seducción
    Polveaba niñas incautas,
    Con gastados cuentos de amor.
    Encuentren mérito en eso
    Y luego, no lo condenen…
    Condónenlo… por no mamífero
    Y luego déjenlo… con sus fantasmas post Malvinas
    Cuando el rock tuvo su explosión…
    El dolor que te da la muerte de alguien
    Es por vos mismo… te lo digo yo…
    Demasiadas letras para un epitafio
    Dios ya no despacha en ese mostrador.
    Dejen a sus hijos coger… tronaba en el parlante
    En tono asi… benefactor…
    Las tranzas que hicieron los artistas no tienen perdón
    Las obras si, las obras gozan del permiso Martin Pescador.
    Porque no abordan el toro por las astas…
    El aquelarre terminó…. Ni la resaca quedó

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