Evadir, no pagar, otra forma de luchar

El nuevo modelo chileno

por Mariela Acevedo*

Tras cuatro semanas de protestas en la calle, el gobierno chileno conducido por Sebastián Piñera envía débiles señales de modificaciones que no alcanzan a convencer a quienes exigen transformaciones reales y más profundas. Tras la cordillera, la crisis institucional y política apunta al celebrado “modelo chileno”, un paraíso capitalista que muestra las consecuencias de la exclusión de las masas del paradigma de derechos. Las paredes de Santiago son hoy un legado gráfico y simbólico de un fuego que no se apaga y que parece correr los límites de lo posible.

La “contingencia”, la continuidad con otras luchas y el feminismo de las cabras chicas
Voy a empezar por acá: El 6 de noviembre llamo a Aerolíneas para consultar por el vuelo a Santiago que tengo que tomar el viernes 8 desde Ezeiza. Hace semanas que pienso en ese viaje. Cuando a fines de septiembre compré el billete, nada hacía pensar que en pocas semanas estallarían las calles en marchas masivas con decenas de demandas insatisfechas, con una represión feroz y un presidente que quiere entender “la contingencia” como una cuestión de desorden público que hay que disciplinar con el brazo armado del Estado.
En Aerolíneas vuelven a decir esa palabra que oiré varias veces durante mi breve estadía en Chile: “Por la contingencia, estamos reprogramando los vuelos a Chile dentro de los quince días sin costo. Más allá de ese período debemos recotizar”. Explico que tengo el billete para volar el viernes pero quiero regresar antes: el plan es asistir a Comiqueras el sábado 9 y quedarme hasta el fin de semana siguiente, pero el otro evento al que asistía en la semana y las charlas que tenía programadas en la Universidad en Valparaíso, fueron suspendidas “por la contingencia”. La semana de estadía en Chile se complica. Aprensión. Esta visita me genera mucha ansiedad: por un lado, las organizadoras de Comiqueras, por cuarto año sostienen un evento de autoras de historieta de forma autogestiva y se proponen además abrir el espacio para discutir el rol del arte en las manifestaciones callejeras y en las redes sociales. Quiero ver todo, escucharlas, preguntarles. Por otro, las noticias que llegan son estremecedoras: desapariciones, secuestros, mutilaciones, violaciones, torturas. En la previa al viaje, me llegan audios que pretenden ser tranquilizadores, pero que revelan que la contingencia es deseada y temida a la vez. Un manojo de dolor y esperanza: la normalidad está dislocada —escucho— la vida cotidiana sigue, pero cuestionada a fondo. De raíz.
Llego el viernes 8 a Santiago. Se cumplen tres semanas del inicio de las protestas y una nueva y multitudinaria marcha, “La Tercera” se da cita en las calles. “Convocan las feministas”, me dice una colega. La marcha inmensa, convocada por la Coordinadora Feminista 8M reúne trabajadorxs, estudiantes, abuelxs, colectivas que se identifican con banderas mapuches o de la diversidad sexual. Van con las mismas convicciones que el primer día les hizo saltar el torniquete a las “cabras chicas”, las niñas del liceo que iniciaron la revuelta popular con la evasión como estrategia.
El sábado 9 en el Centro Cultural Rogelia, las Comiqueras montan desde temprano las mesas de una feria y se prepara un escenario por el que pasarán invitadas a pensar las formas de intervención en el espacio público. Hablaremos de la marcha, del feminismo que se respira en el aire, de estrategias de visibilidad y herramientas de cuidado digital. Las artistas gráficas chilenas están dejando en redes, fanzines y en la calle misma una memoria en movimiento de las luchas. Katherine Supnem, una de las organizadoras del evento, pone en palabras las sensaciones que flotan en el ambiente: ¿producir arte cuando deberíamos estar planificando cómo resistir a las balas? Hay sensaciones encontradas: Parece poco, pero es urgente poner imágenes en las calles, los rostros de quienes fueron asesinadxs por las fuerzas estatales se viralizan en muros y se multiplican en pegatinas en las calles, en trazos de artistas que se comprometen con su tiempo. La investigadora Paloma Domínguez Jería presenta una recopilación de autoras que registran las semanas convulsionadas de demandas populares y violencia estatal.
Emergen nuevas imágenes y reaparecen figuras que se convierten en íconos que se reconfiguran en las calles. Dos son las más llamativas: la de un perro callejero que acompañó las marchas estudiantiles años atrás y se convierte ahora en emblema, el Negro Matapacos. La representación gráfica del Negro Matapacos se hace mural, estatua, pancarta. Si una busca en youtube puede ver la historia de este perro en un minidocumental de 2013, hoy el cuzco negro que le ladraba a los carabineros y encabezaba las marchas sintetiza el sentido de justicia que embandera a quienes se manifiestan: la jauría aúlla “basta de abusos”, se lee en las paredes y es una consigna suficientemente amplia para articular una serie de demandas que se conectan, desde el encarecimiento del transporte a la denuncia del acceso a la educación y la salud como mercancías.

La otra imagen potente surge en una de las marchas: el “baila Picachu” se hace viral cuando Giovanna Grandón (44), conductora de bus escolar, decide marchar con el disfraz del personaje amarillo. El video la registra bailando mientras la gente arenga, pero en un momento un traspié la hace caer. Enseguida se levanta y sigue bailando. Esa breve escena se convirtió en signo de esperanza, la de no abandonar, la de caer y levantarse… hasta que Piñera dimita. Y así los Picachus proliferaron en las marchas al ritmo de canciones como “Cacerolazo” de Ana Tijoux, verdadero himno de las protestas. La cantante chileno-francesa combina el audio filtrado de Cecilia Morel, primera dama de Chile, en el que compara la manifestación popular con una invasión alienígena, con el rítmico sonido del golpe de cacerolas, mientras desgrana una serie de consignas como “no son treinta pesos, son treinta años” y “no estamos en guerra, estamos alertas” en clara respuesta a la dirigencia chilena. En una de las estrofas se encadenan las principales demandas:

No más AFP1,
Abajo el TPP2,
por la educación y por la salud
Ni la razón ni la fuerza
No más esclavitud.

Del silencio a la palabra
Santiago vibra en sentimientos encontrados: miedo y esperanza, desconfianza en la clase política y una nueva forma de solidaridad que se forja entre quienes aspiran a transformar lo instituido y son muchos. Emma Rojas (27) es artista visual, standapera e integrante del colectivo gráfico transfeminista Tetas Tristes. Estudió Psicología, pero no terminó la carrera por cuestiones económicas, como cientos de miles de jóvenes, está endeudada: “Debo veinte millones de pesos (unos veintiséis mil dólares) que no voy a poder pagar”, me dice. Desde su punto de vista, las manifestaciones emergen de los años de luchas estudiantiles que comenzaron en 2006, con las masivas movilizaciones de la Revolución pingüina, estudiantes de liceos que exigían reformas de fondo en el sistema educativo. “Chile despertó ahora, pero las feministas estamos despiertas hace rato”, bromea. Lo cierto es que las demandas que apuntaban a exigir el derecho a la educación financiada por el Estado y de calidad, hoy se reactualizan y se retroalimentan con las movilizaciones feministas, que congregaron multitudes y permitieron encuadrar las demandas en una matriz de justicia y equidad en la que convergen distintas identidades. Hoy esos espacios se multiplican en cabildos ciudadanos: “los cabildos son asambleas que reúnen distintas inquietudes, por ejemplo hay cabildos de la sanidad, de la educación, de ambientalistas, feministas y colectivo LGTBQ+…”. Los cabildos son espacios de organización, de expresión de demandas que aspiran a inscribir sus voces en una nueva Constitución que reemplace a la actual, vigente desde la dictadura pinochetista. Emma participó de los cabildos convocados por Organizando Trans Diversidades (OTD) y me cuenta las demandas del colectivo trans en Chile. Básicamente son las mismas que el colectivo tiene en Argentina: Oportunidades de trabajo y estudio, viviendas de acogida y acceso a la salud integral. Distintos cabildos emergen en todas las poblaciones o comunas del país vecino. Hay quienes sin embargo, entienden que carecen de utilidad. Se trata de expresiones populares que no están siendo tenidas en cuenta por el poder gobernante. Una de las razones se debe a que no existen líderes, no han emergido figuras que se conviertan en interlocutoras del gobierno, que hasta ahora solo ha respondido con más violencia. Las demandas que se articulan en las marchas parecen claras, al menos dos son contundentes: la primera, la renuncia de Piñera, quien apenas recientemente ha reconocido “algunos excesos que involucran a carabineros en la violación de derechos humanos” e insistió en adjudicar la violencia a las manifestaciones populares. Y la segunda, una Asamblea Constituyente, lo que implicaría tomar en cuenta las voces que emergen de los Cabildos y otros espacios de deliberación ciudadana. Sin embargo, esta opción no parece ser la que oferta el gobierno, la propuesta de “reforma constitucional” tiene gusto a poco y a que la letra será escrita por los congresales que integran la dirigencia actual completamente deslegitimada.
Chile es un pueblo silente —me señala una colega— pero ese silencio se quebró definitivamente. Hay un antes y un después. Porque cuando Chile despertó, la orden fue disparar a la cara, mutilar a quienes nos levantamos a reclamar. Pero, ¿qué puede perder quien ya no tiene nada?
Chile despertó y su denuncia se hace eco en múltiples voces. La cantante Mon Laferte al subir a recibir un reconocimiento en los Latin Grammys, leyó una breve décima de la cantora chilena, La Chinganera: “Chile me dueles por dentro, me sangras por cada vena, me pesa cada cadena que te aprisiona hasta el centro. Chile afuera, Chile adentro, Chile al son de la injusticia. La bota de la milicia, la bala del que no escucha, no detendrá nuestra lucha, hasta que se haga justicia».
Recorro las calles por última vez después de un par de días en Santiago. Decidí volver por Mendoza, en bus. Son las seis de la tarde y los negocios permanecen con las persianas bajas y rayadas de aerosol, el metro que funciona con horario reducido, está por concluir su jornada, cuando baja el sol comienzan los cacerolazos. La revuelta popular no cede, se quiere sacar de encima treinta años de silencio. La “contingencia” dura más de lo que cualquiera hubiese imaginado porque es la posibilidad de cambiarlo todo, de raíz. Y eso —como dicen las colegas— está bien bacán.
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1. Las Administradoras de Fondos de Pensiones conforman el sistema privado de recaudación que funciona desde 1980 con la promesa incumplida de ofrecer mejores jubilaciones que el sistema de reparto solidario. La Comisión Presidencial de Pensiones señaló en 2015 que el 79% de las pensiones eran inferiores al salario mínimo, mientras que el 44% estaban por debajo de la línea de pobreza.
Fuente: CIPERCHILE. La-crisis-del-sistema-privado-de-pensiones-un-punto-de-inflexion-de-nuestra-democracia/

2. Trans-Pacific Partnership o Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica firmado por once países que afecta especialmente derechos laborales y ambientales. El TPP 11 busca rebajar las barreras comerciales para facilitar los negocios internacionales, establecer reglas comunes de propiedad intelectual y abordar temas de derecho ambiental y de derechos laborales. Una crítica extensa puede consultarse en: Chile mejor sin TLC

*Mariela Acevedo es feminista, doctora en Ciencias Sociales, licenciada en comunicación y docente. Administra el portal Feminismo Gráfico y es editora de Revista Clítoris. Escribe, da clases y realiza tareas de investigación en el campo de la comunicación, la salud, los géneros y las sexualidades.

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