Excavando en las entrañas del Horror

por Mariane Pécora

Durante más de 40 años un talud de quince mil metros cúbicos de tierra intentó borrar las huellas de la tortura, de los grilletes, de la agonía de miles de personas detenidas y desaparecidas en el centro clandestino de detención “Club Atlético”. La estructura del edificio ya no está. El sótano, exactamente igual al esbozado por los sobrevivientes, comenzó a emerger a la intemperie un 13 de abril de 2002, cuando el Gobierno de la Ciudad dio inicio a las obras de excavación.

Esta experiencia de arqueología urbana, que surgió como respuesta al reclamo de sobrevivientes, familiares de detenidos-desaparecidos, organizaciones barriales y organismos de derechos humanos, impulsó políticas públicas tendientes a la preservación de los ex centros clandestinos de detención como espacios de la Memoria.

No resultó fácil reconocer el lugar. En 1984, cuando la Conadep inició la inspección de estos sitios, el paisaje urbano había mutado. Fue el tesón de sobrevivientes, como Miguel D’Agostino y Ana María Careaga, lo que permitió reconstruir la cartografía exacta del sitio donde funcionó esa mazmorra húmeda, carente de ventilación, luz natural, helada en invierno y sofocante en verano, donde habían permanecido tabicados, engrillados, soportando torturas, golpes, hambre y humillaciones, tantos seres humanos. Se trata del sótano de lo que era la sede de aprovisionamiento de la Policía Federal: una elegante construcción de tres plantas, situada en Paseo Colón 1266, entre Av. San Juan y Cochabamba, a escasas cuadras de la Casa Rosada.
El “Club Atlético” se pone en marcha tras la disolución del centro clandestino de detención Garage Azopardo, montado en el mismo barrio de San Telmo. Su denominación deriva de un eufemismo usado en la jerga represiva que alude a Centro Antisubversivo.1
Las personas secuestradas en la vía publica o en sus propios domicilios eran llevadas allí con los ojos vendados (tabicadas), descendidas en forma violenta por una escalera hasta un estrecho subsuelo en el cual se las despojaba de sus pertenencias, se las desnudaba, se les asignaba una letra y un número (como táctica de supresión de la identidad), se las conducía a las salas de tortura, se las sometía a tormentos por varias horas, se las engrillaba y luego se las depositaba en la “leonera”, que era un espacio común, o bien se las trasladaba a celdas estrechas en las que permanecían engrilladas, tabicadas y sin poder emitir sonido alguno. Entre febrero y diciembre de 1977, por este socavón, con capacidad para doscientas personas, pasaron más de 1500. Esta cifra se deduce de los datos aportados por los sobrevivientes, pues cada letra encabezaba una centena. Una o dos veces al mes, veinte o treinta prisioneros eran trasladados con destino incierto. El 28 de diciembre de 1977, las personas que permanecían secuestradas en “El Atlético” fueron llevadas a “El Banco”, instalación perteneciente a la Policía de la Provincia de Buenos Aires, próxima a la autopista General Ricchieri en La Matanza. Y, en agosto de 1978, a un edificio construido con parte de la estructura desmantelada del “Club Atlético” en el barrio de Flores: el centro clandestino de detención “Olimpo”, sarcásticamente denominado ‘Olimpo de los dioses’.2
Estas tres instalaciones que conformaron el llamado circuito ABO (Atlético-Banco-Olimpo), estuvieron a cargo de un mismo grupo de tareas integrado por personal del Primer Cuerpo de Ejército, del Batallón 601 y de la Policía Federal.3
En enero de 1978 en el afán de dar paso a la transformación de la Ciudad, el intendente de facto, brigadier Osvaldo Cacciatore, había comenzado a erigir carreteras en altura. Obra que demandó la expropiación, desalojo y demolición de una extensa franja de inmuebles, entre ellos el que nos ocupa, ubicado en Paseo Colón 1266. Sobre sus escombros, la empresa Autopistas Urbanas S.A (AUSA)4, construyó un tramo de la autovía 25 de Mayo, sepultando así las huellas de la barbarie.

Foto: Pablo Tesoriere

“La particularidad de “El Atlético” es que nos recluían en un sótano, en lo que hoy podríamos denominar una madriguera de la Dictadura. Y, lo significativo de haber podido destapar ese lugar, se lo debemos al trabajo colectivo que se realizó para señalar este sitio. Porque cuando el Estado se desentendió de aplicar justicia, fuimos las organizaciones sociales las que nos encargamos de mantener viva la memoria”, Ana María Careaga, sobreviviente de este centro clandestino de detención.

Efectivamente, en 1996, a veinte años del Golpe de Estado,  la Sociedad salió a poner el cuerpo para desafiar las leyes de impunidad promulgadas por los gobiernos de Alfonsín y Menem. El 6 de julio de 1996, un conjunto de organizaciones barriales de San Telmo, entre ellas, Encuentro por la Memoria, integrado por sobrevivientes, familiares de detenidos-desaparecidos y organismos de derechos humanos, realizaron la 1º Jornada por la Memoria bajo la autopista, donde está soterrado el “Club Atlético”. Actividad que conjugó arte con activismo social, dando inicio a una particular forma de impulsar agendas políticas, denominada Artivismo. Se montó un tótem de siluetas humanas en uno de los pilares para señalar el lugar, en otro se escribieron los nombres y apodos de cada uno de los represores que actuaron en ese ex centro clandestino de detención, se dibujaron círculos rojos con la leyenda “prohibido olvidar”, entre otras ‘artividades’. Por la madrugada el lugar había sido vandalizado y el tótem incendiado. Este hecho impulsó la creación de nuevas señalizaciones: un nuevo tótem, una silueta con antorchas, una escultura de madera. Y, años después, el monolito realizado con los ladrillos extraídos de la primera excavación arqueológica, que se inició gracias a la lucha y el empecinamiento de toda una comunidad organizada bajo un mismo objetivo: develar lo que estaba oculto.

Foto: Secretaría de Derechos Humanos Nación

“En esa primera palada -relata Ana María Careaga-, el lugar apareció como si hubiese sido abandonado con todo lo que quedaba adentro: cachiporras, uniformes de la policía, las cadenas con las que nos engrillaban, las ropas de los secuestrados allí. Apareció este sótano, tan lejos y tan cerca de la ‘civilización’ y de sus familiares que los buscaban desesperadamente”.

A partir del hallazgo, en el año 2003 se crea el Programa de Recuperación de la Memoria del ex centro clandestino de detención “Club Atlético”, se conforma la Comisión de Trabajo y Consenso, integrada por los sobrevivientes, familiares, organismos de Derechos Humanos y organizaciones barriales, junto a áreas específicas del Gobierno de la Ciudad. También se asigna un presupuesto para dar continuidad a la excavación. En 2005 la Legislatura porteña declara el lugar Sitio Histórico y, desde 2014, pasa a la órbita de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, que lo designa Lugar Histórico Nacional.

Foto: Periódico VAS

“El tiempo lo registraba inclusive haciendo marcas en la pared que estaba detrás de la puerta, con resto de piedritas que arrancaba de la propia mampostería del lugar porque no había elementos contundentes”, Miguel D’Agostino, sobreviviente del “Club Atlético”.

La excavación arqueología reveló cómo este lugar fue acondicionado, en forma material y espacial, a la logística del plan sistemático de exterminio de la Dictadura, es decir, a la táctica de supresión de la identidad: privación de visión, limitación de la movilidad, tormentos físicos, condiciones sanitarias deplorables, exposición a temperaturas extremas, prohibición de comunicarse con otras personas, sustitución del nombre por un número, y demás acciones humillantes. La exploración sensorial del sitio tuvo un efecto reparador sobre la subjetividad de los sobrevivientes, les permitió reconocer el lugar donde habían estado secuestrados, entender el significante de algunos objetos hallados y recorrer las marcas o inscripciones grabadas en las paredes. “Los resultados obtenidos a partir de la recuperación material de este espacio superó en creces los objetivos propuestos”, apunta exultante Laura Duguine, coordinadora del Área de Arqueología y Conservación de este Espacio de la Memoria. Tras un derrotero de 20 largos años se ha logrado que la empresa AUSA retire el inmenso talud tierra que impedía avanzar con los trabajos arqueológicos. Pulseada ganada luego del intento del Gobierno de la Ciudad y Autopistas Urbanas SA de, literalmente, ‘sepultar’ la excavación, al menos en dos oportunidades. La primera de ellas en 2014 con el trazado del tramo sur del llamado metrobús del Bajo, que preveía el ensanchamiento de Av. Paseo Colón, de manera que la vía pasaba por encima de la excavación. La segunda avanzada se dio en 2016, cuando el Ejecutivo porteño llamó a licitación para instalar el obrador del Paseo del Bajo sobre ese Sitio de la Memoria. Medidas cautelares por medio y con el acompañamiento del juzgado a cargo de Daniel Rafecas, en diciembre de ese año, se logra la firma de un convenio de resarcimiento de todas las afectaciones producidas tanto por las obras del metrobús como del Paseo del Bajo, acuerdo que permitió retirar el talud de tierra del bajo autopista.5
“Este año conquistamos la posibilidad técnica de excavar la totalidad de los restos materiales que perduran desde la demolición, soterramiento y posterior intervención que tuvo este sitio con la construcción de la autopista, señala Laura Duguine y añade: “Se reconstruyó la autopista sobre seis pilares para poder recuperar “El Atlético”. Nos hemos sacado un gran peso de encima, en el sentido simbólico y literal. Ahora seguimos bregando para obtener financiamiento y erigir un Centro de Interpretación del Espacio para la Memoria, para la Promoción y Ampliación de Derechos Humanos, ubicado en una zona estratégica, en la zona sur de la Ciudad, tal como es el Casco Histórico, a metros de Casa de Gobierno”.

Foto: Periódico VAS

“Para poder dar respuesta al reclamo social de Memoria, Verdad y Justicia la ciencia tuvo que extenderse teórica y metodológicamente a nuevos campos, surge así, en la década del ‘80 el Equipo Argentino de Antropología Forense que contribuye en la búsqueda, recuperación e identificación de restos humanos. También la Arqueología se reformula y comienza a involucrarse para dar continuidad a esta investigación. Las primeras excavaciones en el ex “Club Atlético” y “Mansión Seré”, fueron el germen de experiencias similares a lo largo del todo el país. En esta línea de atender las necesidades de la sociedad, recae la responsabilidad de las universidades de formar profesionales con un profundo compromiso social, por esta razón los sitios y espacios de la memoria han sido abiertos a experiencias de formación de grado, en el caso particular del Atlético desde hace siete años que se hacen prácticas con estudiantes de arqueología”, Laura Duguine.

Para el Juez Daniel Rafecas, a cargo de la megacausa Primer Cuerpo de Ejército, recuperar este ex centro clandestino, posibilitará a la Justicia comprender la funcionalidad de estos lugares, corroborar los croquis esbozados por los sobrevivientes y realizar la exploración espacial de cada una de sus instalaciones. “Anhelo que este solar, donde funcionó el ex Club Atlético, y el terreno aledaño a éste se conviertan en un Centro Memoria de la zona sur de la Ciudad, equiparable a lo que hoy es la ex ESMA, donde se pueda mostrar lo que fue el terrorismo de Estado, para que nunca más vuelva a repetirse”.

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1. Arqueología de la Represión y la Resistencia en América Latina (1960-1980) Pedro Paulo A. Funari y Andrés Zarankin (Compiladores). La Materialización del Sadismo, Arqueología de La Arquitectura de los Centros Clandestinos Detención de la Dictadura Militar Argentina (1976-1983), Pág. 172.

2. T.O.C.F. Nro. 2 – Sentencia ABO1 – Causa-1668-1673, página 359. Testimonio de Graciela Trotta.

3.  En 2010, 2012, 2017 y 2021 el Tribunal Oral Federal N°2 de la Ciudad de Buenos Aires, que lleva la causa ABO , condenó a prisión a 26 de los 45 represores denunciados por delitos de lesa humanidad en ese circuito.

4. El 2 de enero de 1978 se adjudicó la obra al consorcio integrado por las empresas españolas Huarte y Cía. S.A. y Viales, Estacionamientos S.A., y las argentinas Empresa Argentina de Cemento Armado S.A. de Construcciones (E.A.C.A.) y Polledo S.A.I.C. y F., que posteriormente sería reemplazada por INDECO S.A.​ El concesionario adoptó el nombre de Autopistas Urbanas Sociedad Anónima (AUSA), siendo su mayor accionista el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

5. Desde 2009 este Sitio de la Memoria cuenta con una medida cautelar que prohíbe innovar, dictada por el Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 3, a cargo del Dr. Daniel Rafecas, en el marco de la Causa por delitos de lesa humanidad Nº14.2016/03. Este tribunal actuó como veedor en dos convenios de resarcimiento por las afecciones producidas por las obras Paseo del Bajo sobre esta excavación. El primero de ellos, celebrado, entre la empresa AUSA y la Secretaría de DDHH de la Nación, garantizó el retiro del talud de tierra que sostenía la autopista. El segundo, firmado entre la Secretaría de DDHH de la Nación y el Gobierno de la Ciudad, compromete a éste último a construir un edificio de 1200m2 en el terreno aledaño a la excavación, donde funcionará el Centro de Interpretación del Espacio para Memoria.

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