Feminismo de destape

Sobre aborto clandestino, acosos, abusos y otras violencias machistas

Por Ximena Schinca
@ximenaschinca

¿Serán las declaraciones de la actriz Muriel Santa Ana la última piedra que obligue a lxs legisladorxs a dar el debate sobre el aborto legal? ¿Serán los dichos personales (y políticos) en las redes sociales los que permitan salir del clóset a muchas mujeres obligadas a abortar en la clandestinidad?

 Muriel habló de un aborto que se hizo a los 24 años. Y después tuvo que poner el cuerpo (otra vez) al escarnio de muchxs. Pero la condena se derritió en el abrazo de muchxs que salieron a apoyarla, y las declaraciones de la actriz –que interpretó a cuatro feministas destacadas para el documental Sufragistas— demostraron que hay una sociedad dispuesta a saldar esa deuda con los derechos de las mujeres.

Y una dirigencia política que (hasta la fecha) es más papista que Bergoglio.

“Gran parte de la clase política argentina cree que la sociedad es más misógina y conservadora de lo que realmente es. La sociedad está claramente en desacuerdo con la frase ‘una mujer que aborta debe ir presa’; está de acuerdo con la despenalización y con que una mujer debería poder interrumpir un embarazo en el sistema de salud. Acuerdan con la legalización del aborto y con el acceso como un derecho”, señaló a Periódico VAS, Mario Pecheny, Doctor en Ciencia Política por la Universidad de París III, e investigador del CONICET en temas de derechos humanos, salud y sexualidad.

El Código Penal argentino no considera a la interrupción voluntaria del embarazo un asesinato. O sea, al abortar, las mujeres no matamos a ninguna persona. Y mientras gran parte de ese Primer Mundo que la dirigencia política argentina le promete a sus votantes permite interrumpir embarazos en instituciones públicas y privadas, por casa, de eso ni se habla.

“El gran problema sigue siendo la ilegalidad y la falta de reconocimiento de ese derecho. Nuestro lema es ni presas ni muertas por aborto clandestinos. Si bien no son muchas las mujeres judicializadas, casos como el de Belén son aleccionadores para todas”, señaló Celeste McDougall, integrante de la Campaña por el Derecho al Legal, Seguro y Gratuito (LSyG), recordando el caso de la joven tucumana que estuvo presa más de dos años acusada de homicidio tras un aborto espontáneo.

El mandato de una maternidad inexorable y la condena social son los otros factores que obligan a muchas a permanecer en la clandestinidad.  “Las palabras de Muriel Santa Ana reflejan una realidad en la vida de las mujeres y personas trans con capacidad de gestar, y que el aborto es algo habitual, sin mayores tapujos”, señaló en un comunicado la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto.

“Para todas las mujeres. Las pro aborto libre, las antiabortistas, macristas, kirchneristas, mujeres libres o buenas alumnas del patriarcado. Elle van Tok tiene talles inclusivos, un único precio y comercio justo”, tuiteó con ironía Muriel, días después de la polémica, unas fotos promocionando lencería.

Y por supuesto, no es la primera vez que el tema del aborto salta a la agenda mediática de la mano de las artistas. El día 5 de abril de 1971, Le Nouvel Observateur publicó “El Manifiesto de las 343”, redactado por Simone de Beauvoir y firmado por 343 mujeres que afirmaban haber abortado. Y en Argentina, la ensayista y activista queer Mabela Bellucci, en un artículo para LATFEM,   detalla toda la historia del movimiento ‘yo aborté’ y relata que fue en 1989 cuando por primera vez se publicó una solicitada en apoyo a una mujer que, al ser violada, demandaba a la Justicia su derecho a abortar en un hospital público.

“Tenemos el apoyo de la sociedad. Lo que falta es que lxs diputadxs se hagan cargo, debatan y sancionen el proyecto”, agregó McDougall. Se calcula que alrededor de 500 mil mujeres recurren cada año al aborto clandestino en la Argentina. Al no garantizar el acceso a la interrupción legal del embarazo, el Estado expone a las mujeres con menos recursos económicos, lo que resulta en 50 muertas al año por casusas evitables. “Es tan injusta la criminalización de las mujeres (y varones trans) que abortan, que es cada vez más insostenible perpetuar la amenaza de cárcel y la clandestinidad de la práctica”, concluyó Pecheny.

¿Será el año 2018 el que sancione el aborto legal? Desde la Campaña por el Derecho al Aborto LSyG, este año presentarán el séptimo proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Lo que hagan lxs legisladorxs dependerá de que el movimiento de mujeres y la sociedad sigan en las calles exigiendo por su derecho.

Retroceder jamás, callarse nunca más

“Hoy leí las declaraciones de (Facundo) Arana aconsejando a las feministas que se cuiden de lo que él llama ‘el brazo fundamentalista del feminismo’. Todos los días aparecen menciones de machos, desde aquellos con onda de buenos tipos hasta los misóginos furiosos, que con gesto amable o con la palabra feminazi, les dicen a las mujeres cómo deberían hacer para vivir mejor o para cambiar las cosas que a ellas les joden. Dejan muy en claro que como machos no tienen ninguna responsabilidad sobre el estado de situación que ellas viven. Estos machos, los que son TAN buenos tipos y los claramente malos tipos me producen una profunda indignación”, señaló el médico, psiquiatra y feminista Enrique Stola, en su muro de Facebook a propósitos de las declaraciones del galán de las tiras de Suar al diario Clarín.

Las manifestaciones machistas y falsas disculpas de Arana comenzaron a principios de enero cuando, en un acto de camaradería con su amigo Juan Darthes, sostuvo que creía que la actriz Calu Rivero “se sintió y acosada y que Juan jamás la acosó”. Los apoyos a la actriz no tardaron en llegar, y por diferentes medios, Carla Peterson, Julieta Ortega, Dolores Fonzi, Malena Pichot, Verónica Lorca y Muriel Santa Ana, entre otras, se solidarizaron con Rivero.

“Estamos en un gran momento, vamos dejando de naturalizar estos acosos y abusos y pudiendo hablar. Todavía cuesta un montón, genera rechazo, duda sobre la víctima y re victimización, pero estamos avanzando”, dijo a  Periódico VAS la humorista Verónica Lorca.

En octubre de 2017, Estados Unidos fue centro de denuncias cuando el New York Times y el New Yorker informaron que decenas de mujeres acusaron al productor de cine Harvey Weinstein de acoso, agresión sexual o violación. Las denuncias también le llegaron al actor Kevin Spacey. Y para la misma época, en Argentina, el conductor Ari Paluch fue denunciado por acoso sexual; mientras en noviembre, se ordenó el procesamiento del periodista Lucas Carrasco por abuso sexual.

“Es un cambio de época donde este tipo acciones comienzan a ser visibilizados. Las mujeres se sienten más fuertes sin temor a ser juzgadas porque han entendido que no son culpables de lo que pasó sino que son víctimas”, explicó Norma Chiaparrone, abogada, feminista, Consejera Internacional de la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas.

No faltaron quienes, ante el destape de denuncias, agitaron las sospechas de “puritanismo”, “caza de brujas” y “punitivismo feminista”. En un escrito publicado en el periódico Le Monde, 100 francesas (entre ellas, Catherine Deneuve) sostuvieron que “estos hombres han sido castigados muy severamente y obligados a abandonar sus trabajos cuando lo único que han hecho ha sido tocar la rodilla de alguien o tratar de robar un beso”.

“Estar de acuerdo con denunciar no atenta contra la libertad sexual de nadie, al contrario, se trata de poder decidir y no someterse a un abuso”, reflexionó Lorca. Sobre las mismas recriminaciones, la abogada Chiaparrone concluyó: “El punitivismo feminista es un recurso de los victimarios. Forma parte del neomachismo que pretende mantener a las mujeres en estado de sumisión y busca deslegitimar sus voces. No entienden que retroceder no está en nuestros planes. Son siglos de opresión y hemos decidido mayoritariamente decir basta”.

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