Infancias Libres

por Rocío Bao

“El problema es seguir creyendo que los genitales definen el género, que definen quiénes somos, lo que sentimos; en fin: nuestra identidad (…) El problema son nuestros modos binarios de clasificar: nene/nena, normal/anormal, problemático/no-problemático”.
Diego Gómez, licenciado en psicología, miembro de la Asociación Civil Infancias Libres.

El domingo 12 de noviembre, tuvo lugar el Festival a Beneficio de la Asociación Civil Infancias Libres, en La Cultura del Barrio, un club skinhead antifascista situado en Murillo 957, en el barrio porteño Villa Crespo. El festival fue organizado por la Asociación, creada en junio de este año por Gabriela Mansilla, autora del libro “Yo nena, yo princesa”, el cual escribió en base a su experiencia como mamá de Luana, la primera nena trans del mundo en obtener su DNI, donde se reconoce su identidad autopercibida.

Desde las 13 hasta las 20 hs., además de entretenimiento, shows en vivo de música y teatro, proyecciones, actividades para niños, niñas, niñes y grandes, el festival fue también un demoledor de ideas, una deconstrucción de categorías y conceptos que, naturalmente y sin pensar, asignamos a todo lo que conocemos.

Antes de comenzar con las charlas, el show musical de Jorge y Sebastián, su hijo, varón trans, en el que cantaron juntos “Libre soy”, de la película animada Frozen, hizo  bailar a todas, todos y todes. Luego vino la demolición.

       

La construcción del género

El primer panel, “Infancias Trans: de lo posible a lo necesario”, integrado por profesionales, madres y padres miembros de la Asociación, fue un despliegue de cuestionamientos. “La realidad presentada ante los ojos (de niñas, niños y niñes) es una construcción. Es necesario presentar la realidad desde nuevas representaciones: le ponemos la letra E para visibilizar personas que van por fuera del binomio varón-mujer”, explica Cristian Jaime, uno de los psicólogos de Infancias Libres.

A las reflexiones de Cristian, quien concluyó que el “género es algo que se desarrolla”, se sumó en la misma línea Victoria Lagos, licenciada en expresión corporal, quien planteó la necesidad de hablar del cuerpo como “una integralidad y una construcción” y de traspasar el aspecto físico para pensar en el “cuerpo que sentimos”.
“Que podamos desandar lo que se espera de un nene o de una nena, que los colores son de todes, que la normalidad es una construcción, que podamos valorarnos desde la diferencia”, insistió Victoria.

¿Un mundo dividido en dos?

Florencia Blasi, mamá de Martín, un nene trans, apuntó contra los prejuicios mientras contó la experiencia de su hijo, que a los dos años ya manifestaba su disconformidad y quien, hoy en día, con cinco años, se para frente a sus compañeros y compañeras de clase y les dice con naturalidad: “Cuando nací creyeron que era nena, pero yo soy varón”.

“Los niños son como esponjas, sólo son. Nosotros, los adultos, somos los que venimos con miedos y prejuicios. Pero no hay un mundo dividido en dos. Cada uno debe vivir como siente, como ama”, finalizó Florencia emocionada.

Sebastián Muratore, papá de Agostina, nena trans, relató las dificultades a las que se enfrentó su hija y también él como padre, hasta que conocieron a Gabriela y Luana, y allí comenzó la aceptación y transición: “Tenía un niño triste, ahora tengo una nena feliz. Fue la perseverancia de ella la que nos mostró el camino”, reflexionó.

Informarse para no discriminar

Gabriela, que no se quedaba quieta, que bailaba durante los shows musicales, que hablaba con cada persona que se le acercaba mientras observaba que todo saliera bien, exclamó en uno de los paneles: “Necesitamos que las familias escuchen”, pero no lo pidió sólo a los presentes, sino como un grito necesario a la sociedad.

Porque ya no se trata de pensarse en dos posibilidades o de limitar el concepto de género a la genitalidad con la que se nace. Nuevas voces se están levantando para desmantelar viejos conceptos académicos, mediáticos y sociales, y promover que la importancia reside en la manera en la que las personas se autoperciben (sin necesidad de alcanzar la mayoría de edad), destruyendo los prejuicios y miedos -que limitan la capacidad de aceptación y tolerancia-, consumiendo la mayor cantidad de información posible para que de ese modo, como se anuncia desde el festival y desde la asociación, se evite la discriminación.

Por esto, pocos días después del festival, la Asociación repartió en la Marcha del Orgullo LGBTIQ un volante que expresa: “Los niños y niñas manifiestan desde muy temprana edad su conformidad o disconformidad con el género que se les ha asignado al nacer (que se realiza según su genitalidad) a partir de lo más básico: el pronombre con el que se les refiere (‘él’ o ‘ella’), las actividades que se les proponen, los objetos y juguetes que les dan, etc.; y de a poco pueden comenzar a expresar de distintos modos y a poner en palabras que se identifican con un género diferente del que se les asignó (…). Les niñes no son tontos/as, saben lo que sienten, saben lo que son y cómo quieren ser tratados/as. Creer que confunden ‘ser’ con ‘jugar a’, es subestimarles. Sólo ocurre que hay cosas que les adultes no estamos preparados/as para escuchar, y menos para afrontar”.

Cuestionar el binomio “varón/mujer”

Tanto en los paneles como en los shows unipersonales que se realizaron, se insistía en el cuestionamiento de los conceptos establecidos: el binomio varón/mujer, las diversas formas de transitar el cuerpo, la propuesta de ser sin (necesidad de) etiquetarse en un género. Y en hacerle frente a la “palabra santa” de la ciencia, esa que en otro tiempo aseguraba que la tierra era plana o que estaba sostenida por tortugas y elefantes.

“No puedo ser homosexual porque no soy hombre ni mujer. Pero puedo empoderarme. ¿Qué elegís ser? ¿Obediencia o empoderamiento?”, cuestionaba durante el festival el actor Rodrigo Peiretti en su unipersonal “René: Desdibujadxs en el Binomio”.

Más tarde comenzaba el Panel T: “DiversidaT: exclusiones y resistencias”, donde Alan Otto Prieto, varón trans, activista de la organización Capicüa, dio cátedra acerca de la inmensa diversidad de maneras de ser y sentirse: “No hay una sola forma de ser trans, ni una sola forma de transitar el cuerpo. Las transiciones tienen que ver con el deseo personalísimo de cada uno. En ese sentir, vamos construyendo alternativas que te dicen algo distinto de ser hombre o mujer”. Y nuevamente, en el centro del debate, apuntó a lo sencillo: “Les niñes no se plantean si son cis o trans, simplemente no se sienten bien con ciertas cosas”. “En algún momento vamos a lograr trascender las divisiones de género”, finalizó Prieto.

Por su parte, Alessandra Luna, activista por los derechos del colectivo trans e integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, no se quedó atrás. Arremetió contra la concepción del género binario, sostuvo que “en el género tradicional no hay ninguna raíz, hay mayorías y minorías, hegemonías y disidencias”. Y agregó: “Lo clínico también es una cuestión social, la sociedad nos metió en dos géneros. Pero la ciencia se va reconstruyendo”, explicó Alessandra, al tiempo que remarcó la necesidad de “prestar atención a las personas extrabinarias”.

La última charla la dio Quimey Ramos, una joven profesora de inglés, trans, que hace algunas semanas estuvo en el ojo de la tormenta cuando pidió licencia al operarse la nuez de Adán y la nariz (ambas intervenciones contempladas en la Ley de Identidad de Género), pero la empresa que tiene a cargo el control de las licencias docentes en la Provincia de Buenos Aires se la negó por considerar que se trataba de una intervención estética. En ese contexto, Quimey -que les contó a sus alumnos y alumnas acerca de su elección de ser mujer- advirtió que iría a una instancia superior. Fue entonces cuando logró que le otorguen la licencia. “Para los medios yo era ‘la profesora que cambió de sexo’”, recordó Quimey durante su exposición en el panel. “Hay un sistema entero que me está condenando, pero yo no soy el problema”, reflexionó y remarcó: “Yo no quiero ser aceptada a costa de perder todas las prácticas rebeldes que tenemos”.

Y una vez más cuestionó -al igual que cada persona que habló durante el festival- el límite del binomio y abrió un camino: “El sistema quiere que seamos hombres o mujeres. Pero ser trans no es un camino de un lado o de otro. Esa perspectiva nos quita muchas posibilidades para quienes elegimos crear un cuerpo”.

2 comentarios en “Infancias Libres”

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