La memoria es feminista

por Mariela Acevedo*

A Marta Montero le brillan los ojos. Humedecidos, vibrantes. Se ve y se oye emocionada. Su voz parece retumbar en el silencio de la ronda de periodistas de medios alternativos que se dio cita en MU -el espacio que es periódico, radio y punto de encuentro- para escucharla. En la reunión también están presentes representantes de Actrices Argentinas y diputados de todo el arco político: Victoria Donda, Leo Grosso, Facundo Moyano, Karina Banfi, Alejandra Martínez y Romina Del Plá, a quienes mira y exige que hagan algo para impedir que se normalice la misoginia con la rúbrica de la justicia. Marta es mamá de Lucía Pérez y, un poco, madre de todas. Ella nos reclama: ustedes son Lucía, dice. Lo va a repetir varias veces. Lo dijo en la Asamblea que convocó Ni Una Menos el día anterior en la CTEP, a la que llegó para participar desde Mar del Plata y lo dirá al día siguiente de nuevo en el escenario que en Plaza de Mayo el miércoles 5 de diciembre coronó la marcha de mujeres, lesbianas, travestis y trans que realizaron el Segundo Paro Nacional tras el fallo que condena a los asesinos de Lucía por venta de estupefacientes y no por su violación seguida de muerte.

Retrocedamos en el tiempo: Hace dos años, en octubre de 2016, volvíamos del Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario cuando la noticia nos heló la sangre: el cuerpo, ya sin vida de una chica de 16 años, era depositado en una sala de emergencias de Playa Serena, en la ciudad de Mar del Plata. Los signos de violación fueron escabrosos y provocaron la indignación generalizada y el primer Paro Nacional de Mujeres en Argentina: Un 19 de octubre negro en el que las mujeres salimos a la calle bajo una lluvia torrencial. La violencia femicida en Argentina que se lleva a una mujer cada 23 horas según los datos del último semestre, tiene un alto porcentaje de niñas y adolescentes -casi el 20%- que son arrancadas de la vida de manera brutal. Lucía somos todas, dice Marta. La veo en los ojos de cada piba que porta su foto.

Los hechos
Una recuerda los titulares, las fotos, las sensaciones. Entonces, busca el fallo para saber un poco más. La acusación sostiene que Matías Farías (23) y Juan Pablo Offidani (41) el domingo 9 de octubre por la mañana pasaron a buscar a Lucía y a las 3 de la tarde –apenas unas horas después- ella moría a raíz de “una asfixia tóxica, con congestión y edema pulmonar que derivaron en una falla cardíaca final”. Tenía señales de penetración vaginal y anal con “signos de que dicho coito fue brusco o violento en virtud de una serie de lesiones vitales”. Todo eso en el transcurso de una mañana, unas pocas horas en las que el cuerpo de Lucía no resistió el ataque.

En el fallo los jueces condenan a dos de los tres acusados -a Matías Farías y a Juan Pablo Offidani- a una pena de 8 años por venta de estupefacientes a menores de edad en las inmediaciones de una escuela, mientras que absuelven a Alejandro Maciel (61) por encubrimiento agravado. Una lee entonces y lo primero que nota es que las 66 páginas parecen estar destinadas a responsabilizar de la muerte de Lucia… ¡a Lucia! Aunque la muerte sucedió en la casa del principal acusado -Farías- que admitió haberle provisto de drogas y en ese escenario mantener relaciones con la adolescente. Según los jueces ella no se encontraba en situación de vulnerabilidad y podía vincularse con -al menos dos- hombres adultos que vendían drogas sin que esa situación la pusiera en desventaja o en riesgo. También se desprende de la lectura que en todo caso ese riesgo fue asumido por Lucía con un desenlace fatal pero que nada tiene que ver con el hecho de que fuera adolescente y mujer. Según los jueces Aldo Carnevale, Juan Gómez Urso y Pablo Viñas se trató de una relación consentida, “brusca”, pero que no se vincula con su deceso…su muerte se produjo por el consumo excesivo de cocaína, que incluso se pone en duda en el fallo que haya sido provista por el acusado, ya que según el juez Viñas: “el Fiscal no pudo probar en el juicio si la cocaína consumida por la menor el día sábado fue llevada por ella misma a la casa de Farías o fue proveída por éste” (p. 49). Prácticamente, Lucía fue una amenaza para Farías quien “jamás controló ni dominó la posibilidad de reunirse con Lucía” (Gómez Urso, p. 37). Después de todo Lucía, tenía muchos chats en los que hablaba de sexo, tenía veinte faltas y un carácter fuerte. Sí, sí, eso también está en el fallo.

Las conversaciones de Lucía están detalladas en el escrito que firma el Tribunal. Sabemos más de Lucía, de su hermano y de sus amigas/os, que de los teléfonos secuestrados a los acusados. ¿No encontraron nada en los celulares de Farías y Offidani? ¿Por qué no sabemos más de su forma de conseguir compradores a la salida de las escuelas? ¿De sus jefes o proveedores? ¿Ahí se corta la cadena? ¿Era la primera vez -acaso- que una de sus jovencísimas compradoras de marihuana se vinculaba sexualmente con alguno de ellos? ¿Existieron otras adolescentes que se expusieron a la brutalidad que nos arrancó a Lucía? Esa droga de alta calidad -92% de pureza dice el fallo- ¿tendría compradores más exclusivos? ¿Se están encubriendo otros delitos?

Conexiones y anomalías
“Todos saben que si le daban esa cantidad de droga a Lucia, la iban a matar. Ellos no habían consumido. Entonces se aprovecharon de ella drogada de una manera que no podía ni saber quién era. Entonces, cuando los peritos de la Suprema Corte dicen ‘no hubo marcas, no hubo defensa’, ¿qué defensa va a haber si es una persona vulnerada totalmente, con una sobredosis que no se podía mantener en pie? ¿Qué defensa podía tener una persona así, de 16 años?” reclama Marta. La letra impresa del dictamen del juez Carnevale señala al final de su exposición: “Quisiera concluir este análisis aclarando que no desconozco la existencia de la llamada violencia de género y el interés del Estado argentino en que ésta se elimine, siendo también una preocupación de este Tribunal que ello ocurra, pero eso no significa que bajo ese escudo se pretenda encuadrar un hecho que -como se analizara- es diametralmente opuesto a ello.” La madre de Lucía -que escuchó esto en vivo- con estupor aún nos increpa: ¿puede ser que estemos equivocados? ¿Será que estoy obsesionada y no pasó nada? Me pregunto si somos nosotros los que sentimos la impunidad, si la inventamos o si realmente estamos viviendo esto.” Marta sabe que esta impunidad encubre algo más y apunta directo a Offidani. El acusado de ser partícipe necesario es hijo de un importante escribano vinculado al intendente Arroyo de Mar del Plata. Y lo que teme Marta es que el crimen de Lucía no sea sólo la típica violencia patriarcal ejercida por las instituciones, sino que sea además una trama de conexiones del narco con el Estado. Marta, relata los detalles: “La provincia me pone una abogada, María Marta Iacoi: no se olviden su nombre” nos advierte, “dejó la causa tres meses después luego de habilitar a un perito de parte -que trajo ella- que accedió a la causa y se cruzó de vereda, se fue con los acusados.” La abogada se excusó y dejó el caso para aceptar un cargo en la Justicia Federal. “Después de eso -continúa- decidimos contratar a Gustavo Marceillac, que aún no cobra el honorario completo porque la provincia y la Nación no se ponen de acuerdo.” Los pormenores burocráticos no son detalles menores, es la forma insidiosa que tiene la maquinaria de obstaculizar la justicia. Marta reconoce esos impedimentos en cada instancia: todo cuesta el doble. Pero si eso no alcanza, si el fallo adverso no es suficiente, también hubo amenazas a su familia, a su hijo Matías, y extrañas camionetas siguiendo sus pasos entre Mar del Plata y la Ciudad de Buenos Aires. “Mi hija era una adolescente con los mismos sueños que tienen ustedes. No podemos seguir perdiendo hijas. No podemos permitir más esto, no vamos a dejar que sigan matando a otras Lucías”.

La marcha
Un grafitti: “Lo digo YO porque LUCÍA no puede” y miles de personas juntándose al sol en Tribunales para marchar a la Plaza de Mayo.
Un lema: “Lucía somos todas. Justicia patriarcal es impunidad” y una cabecera donde Marta y Matías fueron abrazados por las integrantes de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y las compañeras de la Campaña Nacional Contra las Violencias.

Una canción: “Para que haya justicia para Lucía/vamos por la perpetua a los femicidas/ni una menos/vivas nos queremos”, que acompañó toda la movilización. Miles de carteles y fotos de Lucía con frases: “Frente al pacto machista, la memoria feminista”, “Basta de poder judicial machista, misógino y patriarcal”. Miles de personas en las calles gritando de rabia, visibilizando la falta de justicia, la precariedad de la vida de las pibas. Una parada en Obelisco con cientos de cuerpos recostados sobre el asfalto. Un escenario en Plaza de Mayo al que subió Marta a reiterar lo que sostiene desde que Lucía le fuera arrebatada: que quiere justicia y que con este fallo vuelven a repetir el crimen: “Investiguen al municipio, [al intendente] Arroyo, a Mar del Plata”. Marta contó crudamente el informe de la primera autopsia, nadie puede decir que no la entendió. Luego de eso, las dudas, las intervenciones sospechosas, las defecciones, las amenazas. En el escenario la acompañaban Norita Cortiñas, madre presente en todas las batallas, Gustavo Mellman, padre de Natalia, asesinada en Miramar en 2001 y Andrea Antico, compañera de Sergio y cuñada de Santiago Maldonado. Las palabras de Gustavo Mellman fueron conmovedoras cuando se dirigió a las pibas y señaló: “Están tirando el patriarcado”.

Matías, hermano de Lucía también tomó la palabra. Reclamó por la forma en la que el fallo revictimizó a Lucia al exponer su intimidad y deslizar una justificación de su muerte, la sospecha sobre su propia responsabilidad frente a la de sus agresores que se ve disminuida, apañada, sostenida como normal. Avalada por expresiones como las vertidas por el juez Gómez Urso “Este juicio ha ofrecido pruebas contundentes de un hecho que, más allá de su trágico y lamentable desenlace, no reviste calidad de delito. (…) Y valga una aclaración, los imputados no serán absueltos por una cuestión de duda sobre lo que hicieron, sino porque la prueba ha ofrecido claridad en torno a la inexistencia de un abuso sexual con acceso carnal y de una responsabilidad (imputación) por la muerte de Lucía.” El descargo del juez Viñas es aún más explícito, luego de citar la normativa vigente que tipifica la violencia contra las mujeres, señala: “Ahora bien, sentados estos lineamientos podemos observar que ninguno de dichos parámetros se dan en este caso (…) Todo fue en un marco de normalidad y naturalidad, todo fue perfectamente querido y consentido por Lucía Pérez.” ¿Esto es justicia?

Sabemos que de esa forma también se acusa, silencia y disciplina a otras pibas: pasan a ser sospechosas si quieren divertirse, si quieren tener sexo, si quieren ser adolescentes. Hay un pacto de silencio entre las pibas que no se animan a hablar y a contar qué sucedía con estos hombres de tres generaciones –Farías de veinte, Offidani de cuarenta, Maciel de sesenta- que las contactaban: qué ofrecían, qué pedían a cambio, a quiénes respondían. Ahí estaría la clave para entender la protección que están recibiendo.

El fallo sin embargo, no pasó desapercibido: la Organización de Estados Americanos (OEA) llamó la atención al Estado argentino por la falta de perspectiva de género con una carta en duros términos a la Corte Suprema de Justicia de la Nación y desde la Cámara de Diputados ya se impulsa el juicio político al Tribunal que se expidió responsabilizando a la adolescente por su muerte. Te escuchamos, Marta y no vamos a permitirlo. Acá estamos y seguimos, por Lucía y por todas.

*Mariela Acevedo es feminista, licenciada en comunicación y docente. Administra el portal feminismo gráfico y es editora de Revista Clítoris. Escribe, da clases y realiza tareas de investigación en el campo de la comunicación, la salud, los géneros y las sexualidades.

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