La Otra Historia de Buenos Aires

Segundo Libro
PARTE XXIX B

por Gabriel Luna

La invasión portuguesa al Río de la Plata

Jorge Soares Macedo, el descubridor de minas y otros prodigios, consigue armar una expedición de más de trescientos hombres y veintitrés mujeres en el puerto de Santos. La mayoría son esclavos e indígenas, subordinados a mestizos, criollos y europeos. Los amos son algunos campesinos y otros mercaderes, pero todos están encantados por Soares Macedo y la supuesta riqueza que irán a buscar al Río de la Plata.
La expedición cuenta con siete sumacas, tres de ellas en rápidas reparaciones desde que se anunció la partida hacia la Plata por orden del rey y con la bendición del Altísimo. Acabados los arreglos, o creyéndolos acabados, los hombres y también las mujeres están prontos a partir. Y las sumacas zarpan el 10 de marzo de 1679 con destino a la isla San Gabriel ubicada en pleno Río de la Plata y, curiosamente, muy próxima a Buenos Ayres. Son embarcaciones pequeñas, planudas, de dos palos, más aptas para el cabotaje de río que para el mar abierto. No era buen tiempo para partir -hasta hoy alertan los poetas en sus canciones sobre las lluvias y los vientos de marzo en Santos y Río de Janeiro-. Hay un temporal en pleno mar y las sumacas vuelven a resguardarse en el puerto de Santos. Cuando amaina salen de nuevo, y mar adentro otro temporal, más la impericia de la tripulación compuesta en su mayoría por exploradores de minas, aventureros, mercaderes y campesinos, los obliga a volver. Entonces dejan pasar más días. La expedición se reduce un tanto pero la ambición de los que quedan aumenta, como si la dificultad preanunciara el premio o fuera una señal para mostrar hidalguía. En el tercer intento la flota de las lluvias y los reveses llega hasta isla Santa Catarina –hoy mejor conocida como Florianópolis- y allí se desata otro temporal más fuerte que el anterior. Vuelven a Santos cuatro sumacas y naufragan en la isla las tres de las reparaciones. Queda en Santa Catarina lo más granado de la expedición, los aventureros, algunos mercaderes y la tripulación más empecinada, todos al mando de Soares Macedo, el descubridor de prodigios.

Ante el fracaso de la expedición exploradora la Corona portuguesa cambia su táctica. Ya no será el principal motivo de la expansión descubrir prodigios y la leyenda sino la ocupación militar y poblacional lisa y llana, es decir: la meta concreta política y económica impulsada desde hace muchos años por Salvador Correa Sáa.[1] También puede interpretarse que esta meta siempre estuvo y que la ilusión de hallar metales preciosos fue fomentada para atraer colonos y lograr la ocupación poblacional. De modo que la regencia de Pedro II ordenó a Manuel Lobo, el gobernador de Río de Janeiro, que encabezara una expedición militar para ocupar la banda oriental del Río de la Plata.
A todo esto, José Garro, el gobernador de Buenos Aires, se prepara para el conflicto. Había previsto –él también- hacer una ocupación poblacional en la Banda Oriental trasladando allí varias reducciones jesuitas para anticiparse a los portugueses, pero los padres jesuitas no aconsejaron estos desarraigos aduciendo que perjudicarían la relación muy estrecha que tienen los indígenas con el propio medio ambiente y por lo tanto el buen funcionamiento de las misiones. Sin embargo, los jesuitas sí pusieron a disposición de José Garro las tropas misioneras (más numerosas que las españolas), una de ellas comandada por padre C. Altamirano.
Garro convocó a la tropa de Tucumán, ya preparada por el gobernador Diez Andino; a la tropa santafesina, comandada por el gobernador Alonso Vera Mujica; y a la tropa correntina, que sumaba también fuerzas misioneras, al mando del maestre de campo y gobernador Juan Arias de Saavedra –un personaje interesante y variopinto ya reseñado en otras partes de esta Historia-. Las tropas tenían por destino Buenos Aires, otras la reducción Santo Domingo Soriano, y otras, zonas estratégicas de la Banda Oriental como Maldonado –donde hoy está Punta del Este- que ya había estado en conflicto con los portugueses diez años atrás.

La expedición militar portuguesa
El 8 de diciembre de 1679, día de la Virgen, parte del puerto de Santos pero esta vez con la mar en calma un conjunto de fuerzas portuguesas al mando del gobernador Manuel Lobo que tiene el objetivo de ocupar la Banda Oriental, concentrarse allí para esperar otras fuerzas, tomar de ser posible Buenos Aires o, en caso contrario, tomar Santa Fe (parece una tarjeta del actual juego TEG), que es una aldea menos defendida y posta de la ruta a Potosí. La flota consta de dos navíos importantes, tres bergantines, las cuatro sumacas que volvieron de la expedición de Macedo, y varios lanchones. Han embarcado doscientos cincuenta soldados bien pertrechados, 15 cañones con sus carros, arsenal de pólvora y municiones, la porción de aventureros y mercaderes más vehemente de la frustrada excursión anterior, y además doce mujeres.
Es el ataque más notable y transcendente habido en el Río de la Plata durante todo el siglo XVII. La flota llega a la isla Santa Caterina, pero no se acerca a auxiliar o recoger a la expedición de Macedo (tal vez por temor al propio naufragio), sólo envía un lanchón con víveres, bastimentos e instrucciones precisas. La flota pasa por Maldonado el 31 de diciembre de 1679, llega a la isla San Gabriel donde hace base, explora la costa oriental del Río de la Plata y funda La Nova Colonia do Sacramento –actual Colonia uruguaya- el 21 de enero de 1680.

La defensa española
El gobernador español de Buenos Aires y el Río de la Plata, José Garro, está enterado de todos los movimientos de la flota portuguesa desde que un guardiamarina patrullando con su chalupa la costa descubrió el arribo en la isla San Gabriel. El peligro es inminente. Garro y los jesuitas convocan una reunión de notables en la Casa del Obispo donde se decide como primera medida hacer la política antes que la guerra, y envían a parlamentar al terrateniente y capitular Juan Pozo Silva, un hombre que habla portugués y es buen negociador –que, como se recordarán los lectores de esta Historia había liderado junto con el hijo del ex gobernador Robles una caravana de ganado y contrabando hasta Perú, y supo salir bien librado del asunto pese a los cargos que hubo contra el hijo y el ex gobernador-. Sin embargo, Pozo Silva y su comitiva fracasan ante una interpretación audaz de los oficiales y exploradores portugueses sobre el Tratado de Tordesillas y ante el insólito pedido de bastimentos por parte de Manuel Lobo al Gobierno de Buenos Aires. No hay más que hablar. El 13 de febrero de 1680, el gobernador José Garro convoca una Junta de Guerra.
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[1]. Ver La Otra Historia de Buenos Aires, Segundo Libro, Parte XXIX A, Periódico VAS Nº 120.

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La Otra Historia de Buenos Aires. Libro II (1636 – 1737)

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